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Accesibilidad en Cali: los retos para las personas con discapacidad

Para cientos de personas con discapacidad en Cali, la accesibilidad sigue siendo una condición que depende del lugar donde estén y no un derecho garantizado.

Itzel Martínez Sarmiento

13 de julio de 2026 - 07:38 p. m.
Cielo acompaña a su hijo en silla de ruedas durante uno de sus desplazamientos por Cali. Para llegar a una cita médica debe calcular el estado de rampas, ascensores y andenes antes de salir de casa.
Foto: Itzel Martínez Sarmiento
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Para Cielo, salir de casa con su hijo significa revisar muchas cosas más allá de la hora para llegar a tiempo a una cita. Antes de abordar el transporte público debe pensar en las rampas, en el estado de los ascensores, en la posibilidad de encontrar un conductor que tenga paciencia y espere unos segundos más, y en los andenes que en algunos puntos simplemente desaparecen.

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El recorrido a una consulta médica puede durar hasta dos horas. La planeación, mucho más. Aunque el sistema de transporte y parte de la infraestructura urbana incorporaron elementos para facilitar la accesibilidad de personas con discapacidades físicas, como la que tiene su hijo, la experiencia muestra una ciudad que todavía presenta obstáculos físicos y sociales para quienes intentan desplazarse. Las dificultades cambian según el tipo de discapacidad, pero también del lugar, del trayecto e incluso del momento del día.

Para una persona en silla de ruedas, un andén roto o la falta de una rampa pueden ser un gran impedimento; para alguien con discapacidad visual, una guía podotáctil interrumpida o un ascensor sin información sonora; y para quienes tienen condiciones de neurodesarrollo, como el autismo, el principal obstáculo puede ser una ciudad que aún desconoce sus necesidades.

John Bairon Pachaná, representante de las discapacidades invisibles, asegura que “enfrentamos dificultades por la falta de información accesible y por el desconocimiento frente al uso de los espacios preferenciales. Muchas veces uno tiene que explicar por qué necesita un asiento porque la gente cree que, como no se ve una discapacidad, entonces no existe”.

La ciudad fragmentada

Las barreras no siempre están en calles transitadas o turísticas, muchas comienzan en el trayecto más cotidiano: cruzar una calle, tomar un bus o salir de casa. Una rampa que termina abruptamente, un andén ocupado por motocicletas o una guía podotáctil que desaparece a mitad de una cuadra pueden obligar a modificar la ruta completa de una persona con discapacidad. “Hay días en los que uno sale con tiempo suficiente y aun así llega tarde porque el ascensor no funciona. Cada salida requiere pensarse cosas que otras personas ni siquiera notan”, afirma Cielo.

Las losetas podo táctiles buscan orientar el desplazamiento de personas con discapacidad visual. Pero en Cali, la falta de continuidad en algunos tramos y los obstáculos sobre los andenes pueden interrumpir los recorridos.
Foto: Itzel Martínez Sarmiento

Andrés Montoya, representante de las personas con discapacidad física ante el Comité Distrital de Discapacidad, añade que uno de los principales problemas de Cali es que la accesibilidad sigue pensándose por sectores y no como una experiencia integral. “Puede haber un espacio completamente accesible, pero para llegar hasta él hay que atravesar andenes deteriorados, obstáculos o cruces inseguros. Entonces la accesibilidad termina rompiéndose”.

No obstante, el líder reconoce los avances, impulsados en buena parte por la incidencia de organizaciones y personas con discapacidad. “Logramos, por ejemplo, la remoción de los puentes peatonales que había frente al CAM y del que estaba sobre la carrera Quinta, cerca de Comfenalco, porque representaba una barrera para nosotros”. También destaca que “actualmente las organizaciones participamos en la revisión de proyectos como el circuito de Cristo Rey o el futuro Bulevar Figueroa”, para alertar de posibles obstáculos y dar recomendaciones.

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En el caso de las personas con discapacidad visual, las losetas podotáctiles diseñadas para orientar los desplazamientos solo están en algunos sectores, que muchas veces son invadidas porque la gente no sabe para qué sirven, así como Gustavo Muñoz, representante de la población con discapacidad visual, resalta que para muchos la accesibilidad se limita al MÍO. “También es poder entrar a una entidad pública o a una universidad sin depender de otra persona”.

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Muñoz pone como ejemplo los Centros de Administración Local Integrada (CALI), donde “todavía existen sedes con ascensores fuera de servicio o sin condiciones adecuadas para garantizar el acceso autónomo”. Además, menciona que “aún existen lugares con ascensores sin anuncios sonoros, semáforos sin señal auditiva y andenes donde motos, bolardos o mobiliarios urbanos son un verdadero peligro para nosotros”.

Las barreras que no se ven

El MIO fue concebido como un sistema accesible. Ascensores, plataformas y espacios preferenciales hacen parte de su diseño, pero la mayoría de los problemas están antes de entrar a una estación.

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Frente a estas situaciones, Metrocali indicó que, a través del Plan Integral de Accesibilidad (PIA), trabaja de manera participativa con organizaciones y personas con discapacidad para identificar barreras y hacer mejoras dentro del sistema. Para ello se tienen cuatro mesas de accesibilidad al año, en las que se recorren estaciones, verifican condiciones y priorizan acciones a partir de las experiencias.

Sin embargo, los representantes consultados señalan que se requiere de mayor intervención del espacio público para facilitar la movilidad, pero también el acceso a la información y a servicios que les faciliten ser autónomos.

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Con esto está de acuerdo Jorge Andrés Tobón, líder del Programa de Discapacidad de la Secretaría de Bienestar Social de la Alcaldía de Cali, quien agrega que “muchas veces pensamos únicamente en rampas o ascensores, pero también se requieren ajustes razonables para que una persona sorda pueda acceder a información o para que los contenidos institucionales sean realmente accesibles”, explica.

El funcionario asegura que “la responsabilidad no recae únicamente sobre la administración distrital. También involucra a constructoras, curadurías urbanas, entidades privadas y a la ciudadanía, que puede identificar y reportar barreras de accesibilidad en los espacios que habita diariamente”

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Pero entre las acciones también está la actualización de la Política Pública de Atención a la Discapacidad, que actualmente avanza en su segunda fase metodológica y busca convertirse en la hoja de ruta para consolidar estos esfuerzos durante la próxima década.

Según Tobón, “el proyecto podría llegar al Concejo entre finales de este año e inicios del próximo, una vez obtenga las viabilidades técnicas, jurídicas y financieras”.

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Mientras la ciudad avanza en nuevos proyectos y en la actualización de su plan de acción, para familias como la de Cielo la accesibilidad sigue midiéndose en los retos para llegar al médico, subir a un bus o cruzar una calle. Para los consultados, las barreras se superan si los tienen en cuenta, si les preguntan por esas cosas que les dificultan recorrer Cali con autonomía.

Por Itzel Martínez Sarmiento

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