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Cali es salsa, pero también es cine: ¿por qué en la ciudad es una tradición?

En Cali, el cine nunca fue solo una pantalla, terminó convirtiéndose en una forma de mirar la ciudad y de entender quiénes la habitan.

Itzel Martínez Sarmiento

03 de agosto de 2026 - 10:24 a. m.
José Ferney Martínez lleva más de 40 años reparando cámaras fotográficas y cinematográficas, ha visto la transformación de la tradición que mantiene vivo el cine en la ciudad.
Foto: Itzel Martínez Sarmiento
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Las filas para entrar a una sala de cine podrían parecer una escena cotidiana. Pero en Cali tienen otro significado: mientras los estrenos llenan funciones, también existen los cineclubes que siguen creando conversaciones, el Festival Internacional de Cine de Cali (FICCALI) suma nuevas ediciones y espacios como Caliwood mantienen viva una tradición que la ciudad construyó hace décadas. Más allá de la cartelera, el cine es una de las formas en que Cali se cuenta a sí misma.

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“El cine hace parte de la identidad de Cali porque esta es una ciudad donde la gente vive contando historias. Aquí lo real y lo fantástico conviven todo el tiempo y eso termina reflejándose en la manera en que vemos la ciudad”, afirma la directora caleña Gala de Sol, realizadora de “Llueve sobre Babel”.

Esta tradición también se refleja en las cifras. En 2025, Cali registró 4,07 millones de asistentes a salas de cine y se consolidó como la tercera ciudad con mayor asistencia del país, al concentrar el 8,3% del público nacional, según cifras de Proimágenes Colombia. Más allá de la historia y de los grandes referentes del cine caleño, los datos muestran que la relación de la ciudad con la pantalla grande sigue siendo una fuerte práctica cultural vigente.

Una ciudad que aprendió a verse en el cine

Hugo Suárez Fiat, fundador y director de Caliwood, considerado el primer museo de cinematografía en Colombia, asegura que la relación entre Cali y el cine no comenzó con Andrés Caicedo ni con el llamado Grupo de Cali, su historia viene de mucho antes. “En 1899 ya se estaban proyectando en Cali tres cortometrajes filmados en la ciudad. Es el primer nexo documentado entre Cali y el cine. Después vinieron hitos como “María”, la primera película argumental del país, “Flores del Valle”, la primera con sonido, y más tarde el Grupo de Cali terminó convirtiéndose en un referente nacional”.

Para él, esa sucesión de hitos hizo que la pantalla grande dejara de ser únicamente entretenimiento para convertirse en parte de su memoria cultural. “Cali fue muchas primeras veces para el cine colombiano. Eso terminó construyendo una identidad que todavía hoy existe. Hoy hay nuevas generaciones haciendo cine, nuevos realizadores y nuevas escuelas. El reto es que puedan seguir creando desde la ciudad y no tengan que irse de aquí”.

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Esa idea también la comparte la directora caleña Gala de Sol, quien considera que la ciudad encontró hace décadas una forma propia de narrarse: “el grupo de Cali rompió todo lo que se estaba haciendo en el cine colombiano. Se inventó un lenguaje propio, un cine que iba a contracorriente, con fantasía, con terror, con un gótico tropical que no existía. Eso hizo que Cali tuviera una identidad cinematográfica muy particular, que se conoce en el mundo entero”.

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Pero ambos coinciden en que esa herencia no permanece únicamente en las películas, pues “cada vez estamos viendo un interés más grande por apoyar y consumir lo que hacemos y quienes somos. Hay cineclubes, el festival de cine y la gente responde. La cultura cinéfila no desapareció, simplemente encontró nuevas maneras de mantenerse viva”, concluye Gala.

Una tradición que encontró nuevas formas de seguir viva

Aunque las plataformas transformaron la manera de consumir películas y muchos teatros emblemáticos desaparecieron, quienes han visto de cerca la evolución del cine en Cali coinciden en que la relación de la ciudad con la pantalla grande no se rompió, simplemente cambió de escenario.

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Caliwood conserva proyectores, cámaras, afiches y archivos que reconstruyen la historia del cine en Cali y en Colombia, preservando el legado de varios artistas de la ciudad.
Foto: Itzel Martínez Sarmiento

José Ferney Martínez, técnico en reparación de cámaras desde hace más de cuatro décadas, ha sido testigo de esa transformación. Desde su labor ha visto pasar generaciones de fotógrafos, cineastas y aficionados que llegaron buscando reparar equipos que hoy casi no existen. También vio desaparecer los grandes teatros de barrios, pero no las costumbres que se generaron alrededor de ir a cine. “La gente todavía va. De pronto ya no como antes por la llegada de Netflix y esas plataformas, pero cuando sale una película, la gente vuelve, no crea. Los teatros siguen teniendo fila y todavía hay películas que uno tiene que ir a ver”.

Ferney recuerda una ciudad donde el cine hacía parte de la rutina. “Había el Calima, el Libia, el San Fernando; incluso hubo un teatro al aire libre donde la gente llegaba en bicicleta, compraba su paquete de maní y veía películas hasta la noche. Eso era muy bonito, y aunque ya no están esos lugares, uno ve que todavía hay gente que le apunta a eso”.

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Aunque buena parte de los antiguos teatros de barrio desaparecieron, la experiencia colectiva de sentarse frente a una pantalla sigue ocupando un lugar importante para los caleños. Hoy la ciudad mantiene una amplia oferta de salas comerciales distribuidas en centros comerciales, además de espacios culturales como la Cinemateca del Museo La Tertulia y Caliwood, que mantienen una programación permanente de cine independiente, ciclos y actividades alrededor de la memoria cinematográfica.

Una ciudad donde las historias nunca dejan de aparecer

Para la directora caleña, esa relación entre Cali y el cine también nace de la forma en que se vive la ciudad: “Cali vive entre lo real y lo fantástico. Vos salís a la calle y siempre aparece una historia. Hay personas, música, mitos, conversaciones. Uno empieza a mirar con otro lente y todo eso termina siendo gasolina para sentirse caleño”.

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Gala recuerda que incluso durante el estreno de “Llueve sobre Babel” encontró una respuesta que no esperaba del público caleño. Pero más allá de una película en particular, cree que existe un orgullo por las historias que nacen en la ciudad. “Es importante contar nuestras historias con nuestros acentos y desde nuestras identidades. Podemos hacer historias muy locales que también emocionen a alguien del otro lado del mundo”.

Ese vínculo también lo viven Camilo y Lorena, una pareja de caleños que rara vez se pierden un estreno en la Cinemateca de La Tertulia. Para ellos, “el cine sigue siendo una excusa para encontrarse con otros y mirar la ciudad desde otro lugar. El cine le da vida a Cali, comunica, mueve y, pues sí, hace de Cali, Cali”.

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Quizá por eso, más de un siglo después de aquellas primeras proyecciones documentales en la ciudad, el cine sigue ocupando un lugar en la identidad caleña. No solo porque aquí se hicieron algunas de las películas que marcaron la historia del cine colombiano, sino porque todavía hay quienes siguen entrando a una sala, reuniéndose en un cineclub o caminando por sus calles convencidos de que, en Cali, las mejores historias no solo se proyectan en una pantalla, sino que narran de otra manera a la ciudad.

Por Itzel Martínez Sarmiento

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