Tres semanas después del terremoto del 10 de agosto, con el polvo disipado y más claridad de la magnitud de los daños, la urgencia se centra en devolverles un techo a quienes lo perdieron todo. En medio de la incertidumbre, las comunidades han encontrado una primera herramienta para dar respuesta, sus propias manos.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar
Lea: Los desaparecidos de la coca: la lucha de la comunidad indígena awá por sanar su territorio
En las mismas veredas y municipios que lejos de los cascos urbanos han visto destruidos más de la mitad de sus centros urbanos, los vecinos se han reunido para retirar los escombros, tumbar las estructuras que quedaron inestables, reparar viviendas y compartir lo que tienen. Son convites, mingas y redes de solidaridad que se han organizado para dar respuesta a lo que la ayuda institucional no alcanza. En algunas zonas ya se organizan jornadas, hay responsables y hasta rutas para dar atención.
El Águila resiste
En el municipio de El Águila, en el norte del Valle del Cauca, cerca de 1.400 viviendas resultaron afectadas tras el terremoto. En la lista está el hospital local y dos instituciones educativas, que se suponía que tendrían que servir de albergue. Los primeros días no hubo energía y en por lo menos una semana no hubo telecomunicaciones. Superada la primera etapa de atención humanitaria, “hoy nuestra mayor necesidad indiscutiblemente es la reconstrucción de viviendas”, explica Adolfo Gómez, secretario de Gobierno y coordinador de Gestión del Riesgo local.
Mientras la alcaldía arma los censos y las revisiones de las viviendas, en las zonas rurales los habitantes ya comenzaron a levantar lo que pueden con sus propias manos.
Ayudas y convites
En Llano Grande, zona rural de El Águila, siete viviendas colapsaron y otras 32 resultaron afectadas por daños en techos, baños y redes eléctricas, por lo que lo primero que pensaron fue en cómo ayudarse entre ellos. La mejor que encontraron fueron los convites o “mingas, que son con la comunidad, la administración municipal y los damnificados con sus familias. Es que somos todos, haciendo todo y así pues recuperamos lo nuestro”, cuenta Sneider Sánchez, presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda.
Se agendan, revisan qué puede aportar cada quien, que en este caso es principalmente mano de obra, y se distribuyen las tareas según las necesidades de la vivienda que intervengan.
Hay jornadas en las que se encargan de tumbar estructuras que quedaron inestables; en otras, retiran tejas, maderas y escombros para comenzar las reparaciones o reconstrucción. La comunidad también se encarga de identificar qué hace falta para gestionar más ayudas. Así han conseguido, hasta ahora, reparar cuatro techos. En algunas de esas viviendas ya volvió a quedar cubierta la casa, aunque todavía restan trabajos como restablecer la energía.
Le puede interesar: Desolador panorama en Nariño: incendios afectan 60 hectáreas en Cumbal y cultivos en Ancuya
La ayuda no llega únicamente en forma de mano de obra. En las jornadas también aprovechan para recibir donaciones. Sneider se ha convertido en el enlace entre las familias y quienes buscan ayudar. Identifica qué hace falta y lo busca. Así, una familia que recibe ayuda, da otra.
La comunidad acompaña a las jornadas con comida, agua y refrigerios. En el municipio ahora se reúnen todos los días desde las 7:00 a.m. hasta las 10 p.m. y avanzan con lo que tienen a la mano, pues siguen necesitando muchos materiales para reconstruir las viviendas. “Uno se siente impotente de ver que la gente está en una situación y de dónde va a sacar para ayudar a tanta gente. Pero eso mismo es lo que ha terminado en juntarnos y recuperarnos”.
Por eso Sneider resalta lo que se ha ido creando en la comunidad. “Un abrazo, un cómo le va, cómo está, qué necesita, eso es lo que todos necesitamos realmente entre todos”.
Roldanillo y sus avispas
En este municipio valluno desde el momento en que se registró el terremoto, familias, comerciantes, jóvenes y hasta habitantes de otros municipios se han unido para ayudar a los heridos y ahora hacer parte de la reconstrucción. Entre las iniciativas está la de un grupo de jóvenes conocidos como “avispas”, “hormiguitas” o “topos”, que primero fue una iniciativa entre amigos y que por el poder de difusión de las redes ahora logra reunir a más de 150 personas para levantar escombros, derribar estructuras afectadas o sentar las bases de una casa por reconstruir.
Las jornadas se centran ahora en las viviendas que ordenaron desalojar por riesgo de colapso, a donde los jóvenes llegan, primero a hablar con las familias afectadas, revisar las condiciones de la edificación y luego, con apoyo de la administración municipal, a retirar escombros y desmontar estructuras inestables.
Yojan Mauricio Toro, quien también ha acompañado estas labores, cuenta que además de la remoción de escombros, buscan recuperar la actividad comercial del municipio. “A Roldanillo lo veo como un pueblo fuerte, con mucha fe y esperanza, que a pesar del terremoto no se ha dejado amilanar por las adversidades”, cuenta.
En medio de las jornadas, dice que ha encontrado “esas ganas de salir adelante y no quedarse en el momento de la tragedia”, aunque son muchas las necesidades, pues hay familias que no tienen a dónde irse, ni los recursos para reconstruir sus viviendas.
Por eso, Toro considera que una de las prioridades es crear un banco de materiales para avanzar en las reparaciones y demoliciones necesarias, además de acciones concretas que permitan la reactivación económica. “Debemos comenzar a dinamizar la economía de alguna manera apoyando a los comerciantes del municipio”, plantea mientras se avanza en la recuperación del centro histórico, uno de los principales atractivos de Roldanillo.
Por ello, es importante que a la par de las acciones comunitarias, se dé una rápida respuesta del Estado, tanto en la evaluación de las edificaciones que quedan en pie, como con la entrega de las ayudas y alternativas a quienes lo perdieron todo, ya que como se menciona, los propios municipios no dan abasto para satisfacer las necesidades que aún persisten.