No es solo un informe más. Es el único ejercicio de este tipo en Colombia que, desde hace cinco ediciones, intenta responder una pregunta incómoda pero necesaria, ¿qué tanto impactan realmente las empresas en la vida de las personas?
El quinto Reporte Empresarial Consolidado del Valle del Cauca, liderado por ProPacífico y la Pontificia Universidad Javeriana Cali, reúne a 72 organizaciones para mirar el sector privado no desde casos individuales, sino como un ecosistema. Uno que genera riqueza, pero que también la distribuye, la multiplica e incluso cuando no se logra entender.
Ver el todo, no solo las partes
“Analizar una empresa por separado es ver solo una parte del rompecabezas” explica Alexei Arbona, profesor de la Javeriana Cali y editor del informe. Y ahí está, justamente la apuesta, dejar de mirar empresas aisladas y empezar a entender cómo funcionan juntas dentro de un territorio.
Ese enfoque permite ver algo que no siempre es evidente, “que detrás de cada contrato, cada proveedor o cada empleo hay una cadena que se activa. Cuando un peso llega a un proveedor, ese proveedor contrata, paga impuestos, mueve la economía. Son efectos multiplicadores”, dice Arbona. Pero también plantea un reto, entender que el desarrollo no depende solo de un actor. “La intensidad hídrica, el empleo formal, son temas colectivos. Una golondrina no hace verano”.
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En medio de un ambiente donde el sector empresarial suele ser cuestionado, el informe también busca disputar esta narrativa. No desde la defensa, sino desde la evidencia. “Este reporte lo que hace es contar el rol de las empresas en la sociedad” afirma María Isabel Ulloa, directora ejecutiva de ProPacífico. Y ese rol, “no se limita a generar riqueza, nos permite abrir una conversación sobre cómo esa riqueza se distribuye”.
Lo que muestran los datos
Las 72 organizaciones participantes generaron COP 43,3 billones en valor económico, cerca del 26% del PIB del Valle del Cauca. Pero el dato central no es cuánto producen, sino cómo circula ese dinero, de cada COP 100 que se generan, COP 77 billones regresan a la sociedad en forma de salarios, pagos, impuestos e inversión social.
Ese flujo también se traduce en empleo. El empleo registra más de 109.000 trabajos formales que impactan directamente a unas 279.000 personas, además de COP 21,6 billones en pagos proveedores, una parte de ellos locales, lo que activa cadenas productivas dentro del mismo territorio. A esto se suma una inversión social que supera el billón de pesos y que se distribuye entre programas monetarios y beneficios para trabajadores.
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Cuando el impacto se vuelve cotidiano
Pero el sentido de ese número no está solo en su magnitud, sino en cómo se viven. “Estas cifras tienen rostro. El impacto empresarial se refleja en oportunidades concretar en los territorios, especialmente en comunidades con altos niveles de vulnerabilidad”, dice Andrés González, líder social en Cali.
Desde su experiencia, ese efecto se ve en la articulación entre empresas, organizaciones sociales y comunidades. “Hoy tenemos un ecosistema donde distintos actores trabajan juntos para mejorar la calidad de vida”, señala. Sin embargo, insiste en que “el reto sigue siendo que ese impacto no se quede en informes o eventos, sino que llegue a la gente, a los barrios, para que se entienda realmente qué está pasando”.