Parte del edificio colapsó. Muros de lo que antes era la entrada del parqueadero cayeron como hojas de cuaderno, mientras que la estructura de seis pisos con 28 apartamentos se inclinó. El dictamen de las autoridades es que el edificio Archinie, en el barrio Los Cámbulos de Cali, está en inminente riesgo, por lo que la calle se cerró. Junto a él hay carpas y un silencio ajeno al lugar, que se mantiene desde el día del terremoto.
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Los que están en la carpa son los habitantes del edificio. Algunos sentados y otros de pie contemplan lo que quedó con una mezcla de cansancio, tristeza y el miedo de saber que sus pertenencias siguen adentro, pero no pueden entrar para sacarlas. Una de las afectadas asegura que están velando a un muerto, porque ya todo está perdido, pero siguen viendo todo ahí de pie.
Saben que la estructura no puede ser habitada nuevamente y que más temprano que tarde comenzarán a derrumbarla. Con un agravante y es que, aunque los bomberos sacaron 13 pipetas de gas de la edificación, aún quedan 15 que podrían representar un riesgo adicional ante un nuevo colapso.
Una casa que ya no puede salvarse
El edificio Archinie no solo quedó averiado. La estructura perdió soporte y presenta daños que, según los Bomberos, hacen inviable su recuperación. Tiene sótano y una piscina en la parte superior.
El sargento Luis Alfredo Jordán, coordinador de emergencias de los Bomberos Voluntarios de Cali, explica que “una nueva réplica podría terminar de afectar la estructura, por lo que los habitantes no pueden ingresar a recuperar sus pertenencias. Es que, mire, se observa que hay columnas vencidas, la placa está torcida y quebrada; eso quiere decir que el edificio está en total pérdida”.
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No se sabe cuándo se hará la demolición, pues hay más edificios afectados alrededor y no se ha terminado la verificación de riesgos, por lo que los habitantes del Archinie no pierden la esperanza de que no se tenga que derribar toda la estructura. “Lo que queremos es disminuir ese número, que el número no vaya a aumentar por las acciones irresponsables, porque queremos recuperar algo de propiedad”, explica Jordán.
María Elena Menguí todavía recuerda el momento en que salió de la iglesia y vio como su casa se destruía, mientras que a la par su hija lograba salir ilesa del tercer piso con su perro.
Las pipetas que quedaron adentro
El edificio no contaba con una red de gas natural, por lo que sus residentes utilizaban pipetas para cocinar.
Tras impedirles el paso a los habitantes, Néstor Felipe Gironza alertó a las autoridades de la presencia de las pipetas. La mayoría de los residentes siguen en la zona, esperando que en algún momento las autoridades los dejen entrar, pero también velando por no ser víctimas de saqueos.
Entraron los bomberos, pero no sacaron todas las pipetas ni los dejaron entrar a ellos. Jordán explica que “la estructura está en un estado tan delicado que retirar los otros cilindros podría presentar un peligro mayor. En caso de colapso, podría producirse una fuga de gas y eventualmente una deflagración, pero el riesgo debe compararse con el que supone enviar personas nuevamente al interior”.
Los bomberos han pedido a los habitantes que no intenten entrar por sus propios medios, ni siquiera para recuperar documentos, ropa u objetos. Y esa es precisamente la tensión, porque viven en la incertidumbre de qué hacer ahora, porque ya no tienen dónde vivir.
Velar lo que perdieron
Nesto asegura que no han podido dormir. “Una persona en estado de alerta constante después del sismo y cuidando sus pertenencias es una persona completamente afectada y damnificada”, explica.
Pero detrás de esa vigilancia constante también hay una incertidumbre. María Elena Menguí y los demás habitantes tienen sus vidas suspendidas y esperan respuestas de la alcaldía, no está claro quién asumirá los costos de las demoliciones, ni los pasos a seguir. Han recibido alimentos y mercados de personas que se acercan a ayudar, pero, más allá de la solidaridad, esperan saber quiénes asumirán las responsabilidades, si los propietarios y la inmobiliaria.
“Hay cosas por resolver”, dice María Elena. Con el paso de los días tendrán que encontrar dónde dormir y cómo empezar de nuevo.
La alcaldía de Cali entró en la etapa de estabilización, por lo que la mayoría de los esfuerzos ahora se concentran en la identificación de estructuras que deben evacuarse y cuáles tendrán que tener intervenciones estructurales. Para ello se habilitó una plataforma en la que se han reportado 8.680 afectaciones, de las que ya se revisaron 1.112.
Además hay 246 estructuras con colapso parcial verficado y 231 con daño estructural verificado, mientras que en sectores como Santa Elena se ha pedido la evacuación de más de 160 personas. Para atenderlas, la alcaldía contempla medidas como subsidios de arrendamiento que inicialmente se entregan por tres meses, así como otras alternativas de apoyo para recuperar parte de lo perdido.
Adicionalmente, se han planteado alivios tributarios e incentivos para reactivar la economía. El alcalde Alejandro Eder habla de que se requerirán al menos COP 3 billones para la recuperación que se plantea finalizar en tres años. En Los Carambolos los afectados agradecen las intenciones, pero piden que se tomen acciones rápidas, pues la incertidumbre continúa porque siguen bajo carpas junto a lo que hasta hace dos semanas era su casa.