7 Mar 2020 - 2:00 a. m.

Un celular, la clave para descifrar el asesinato de dos colombianos en México

La Fiscalía General de Puebla considera que el rastreo por GPS al celular del estudiante de medicina, José Antonio Parada, puede dar pistas sobre el asesinato múltiple en el que también murió su compañera, Ximena Quijano.

- Camilo Pardo Quintero / cpardo@elespectador.com

Las cifras de impunidad y las tasas de ineficiencia en el seguimiento de procesos judiciales en México son un mal indicador para Angélica Serpa. Según el Índice Global de Impunidad y el estudio “¿Cómo vamos en seguridad pública?”, en estados como Puebla, Nuevo León, Querétaro y Tamaulipas, en el 90 % de los casos de homicidios no hay justicia. Aun así, Angélica Serpa se ha aferrado a las palabras de los fiscales que le dicen que el caso de la muerte de su hijo será llevado hasta las últimas consecuencias.

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A su hijo José Antonio Parada, un colombiano estudiante de medicina, lo mataron la noche del 23 de febrero cerca a una vía que conecta a Huejitzongo con la ciudad de Puebla. Con él fueron asesinados Ximena Quijano, otra colombiana y también compañera de estudio, el universitario Francisco Javier Tirado y Josué Vital, un conductor de Uber.

En diálogo con El Espectador, Angélica Serpa, madre de José Antonio Parada, habló de la vida de su hijo, de su llegada a México y del día en el que fue asesinado.

“Siempre fue feliz”

“A mi hijo le decían cariñosamente Kotty, porque cuando su padre (José Antonio) y yo éramos novios, una tía de mi esposo no podía pronunciar su nombre, así que le decía Kotte, entonces cuando nació mi niño todo el mundo lo comenzó a llamar así.

Desde pequeño, José Antonio quería seguir los pasos de su madre y convertirse en médico. Según ella, en sus últimos años de carrera le llamaba la atención dedicarse al campo administrativo de la salud pública. Finalmente, por la influencia de un par de amigos mexicanos, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, a quienes conocieron en Bogotá, el destino de la familia Parada se encaminó en apoyar el sueño de su hijo de rotar en un hospital de ese país.

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Eso llevó a que en una reunión entre la familia Parada y los Quijano, en Ricaurte (Cundinamarca), José Miguel y Ximena definieran lo que sería su período de internado en el Hospital de Cholula.

“Era nuestro único hijo, y creemos que siempre fue feliz. Pienso que en vida le dije todo, que lo amaba hasta el final de los tiempos, pero no puedo negar que me hará mucha falta cuando me decía “mamita te amo” y luego me comía a besos”, insistió la madre del joven.

En su vida quedó pendiente el sueño de viajar por el mundo y de casarse con su novia Estefanía.

Día del asesinato

El 23 de febrero la comunicación entre José Antonio y su madre fue permanente. Hablaron mediante videollamadas, chats y se mandaron fotos, y se contaban lo que iba sucediendo. Era un día de feria en Huejotzingo, un pueblo ubicado a 36 kilómetros de Puebla, y Ximena y José Antonio llegaron al lugar invitados por Rodolfo, un estudiante mexicano cuya familia era muy conocida en la zona. Con ellos estaba también Francisco Javier Tirado.

Sobre las 8:00 p.m., Rodolfo los invitó a su casa a cenar. Pasadas las 10:00 p.m. los tres estudiantes pidieron un servicio de Uber para volver a casa. El conductor, identificado como Josué Vital, también asesinado esa noche, llegó en un Chevrolet Beat blanco que estaba siendo monitoreado por la familia Parada desde Bogotá.

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“El GPS llegó a un punto en el que nada se movía. Me angustié porque ellos tenían turno a la mañana siguiente y nadie me contestaba las primeras llamadas que hice; minutos después el teléfono de Kotty parecía estar apagado, pero no dejé de llamar hasta las 2:00 a.m. Al día siguiente llamé a todos los contactos de mi hijo y ninguno sabía del paradero de los muchachos. A Rodolfo le pedimos buscar la ubicación del celular y después de darle las claves para acceder a esas funciones, él habló con mi esposo para decirle que había encontrado los cuerpos en el mismo sitio donde no se movieron después de las 10:30 p.m.”, contó Serpa.

Sombrero y prueba del celular

Desde el día del asesinato, la Fiscalía General de Puebla (FGP) comenzó a barajar diversas hipótesis para intentar darles respuestas al caso. Se planteó la posibilidad de que hubiese sido un ajuste de cuentas; que los asesinos eran ladrones de combustible (denominados como “huachicoleros”), o que durante la fiesta, Ximena Quijano habría peleado con una mujer que supuestamente quería su sombrero.

Esta versión fue negada y calificada como desdibujada por la familia Parada, que dice haber hablado sobre eso con los Quijano, llegando a la conclusión de que era un absurdo dentro de las investigaciones; lo cual también fue ratificado el jueves pasado por un fiscal que lleva el caso. “Ximena estaba loca por un sombrero. El que quería no lo encontró en Colombia, entonces después de que lo consiguió en México nunca se lo quitaba. Sabemos que durante la feria se le perdió, pero unos minutos después Kotty lo encontró y se lo devolvió. Muchos medios hablaron sobre una pelea entre Ximena y otra mujer, pero Rodolfo nos confirmó que nunca hubo una riña por eso”, señaló con vehemencia Serpa.

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Sin embargo, el ensañamiento de los asesinos con Ximena es materia de análisis. Mientras José Antonio recibió un impacto de bala, y Francisco Javier y Josué un par, Ximena fue hallada con señales de tortura y ocho impactos de bala.

Como prueba clave para identificar los movimientos de los homicidas, la FGP tiene en sus manos el celular de José Antonio, encontrado dentro de su ropa interior al momento de la ubicación de los cadáveres. Ese fue el único artefacto que no dejó de emitir señales de GPS. “Se cree que los muchachos fueron asesinados en una bodega y luego trasladados en una camioneta a un potrero, cerca de la carretera, donde fueron encontrados posteriormente”, afirmó Serpa con base en investigaciones de las autoridades.

Los sospechosos

La Fiscalía, luego de guiarse por los registros de movimiento que arrojaron los GPS, allanaron tres casas ubicadas en la Santa Ana Xalmimilulco, donde capturaron a los principales tres sospechosos de cometer los asesinatos. Fueron identificados como Pablo Jesús “N”, Ángel “N” y Lisset “N”. Esta última tenía algunas pertenencias de Ximena, entre ellas su sombrero y una mochila. A su vez, es investigada por dirigir una banda dedicada al hurto de carros, y al momento de ser capturada fingió un embarazo y estaba drogada.

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