Después de mucho silencio, por fin pueden celebrar: cientos de personas que estaban en una esquina del sur de Cali, tuvieron un momento de felicidad tras esperar por más de 24 horas el rescate de Diana Marcela Troncoso, quien quedó bajo las ruinas de las Torres del Limonar. La mujer fue hallada entre los escombros junto a su hijo al que lograron sacar un día antes.
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Una cadena humana le abre paso; la gente grita “¡Diana!”, y le saluda con la mano. Un suspiro de alivio. Por un breve instante se desata la alegría, un sentimiento inusual, tan inusual por estos días que en algunas caras se mezcla con lágrimas. Esa alegría por el rescate de dos vidas da paso a horas de vaivén entre gritos de “Silencio”, tensión y breves destellos de esperanza por encontrar más personas con vida.
Minutos después del rescate, mientras que los bomberos almuerzan arroz y carne, Carlos Andrés Castro Carrillo, el coordinador de rescate del USAR COL-12, de 49 años, se siente entusiasmado, dijo a El Espectador. Ayer vino desde Bogotá a Cali. “La encontramos adecuadamente sobre las 21 de la noche”, añadió. Otra persona cuenta que fue un civil el que la vio, mientras que un bombero asegura que ella no gritó, sino golpeó los escombros.
Carrillo afirma que ella fue extraída sin complicaciones mayores y estable. Otro bombero asegura que siempre se podía comunicar con ella durante el rescate. Tanto el bebé como su madre fueron atendidos inmediatamente por los paramédicos en la zona y posteriormente trasladados a un centro asistencial.
“Para el rescate hemos utilizado martillos, taladros de percusión, percutores, motos trazadoras y herramienta manual”, explica Carrillo, quien añadió que hubo alrededor de 50 personas involucradas en el rescate.
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El rescate de Diana y su bebé de seis meses es una de las historias que dan un poco de esperanza al país tras el terremoto de la mañana del lunes 10 de agosto. Y esta esperanza se puede sentir no solo en la esquina de los antiguos Torres del Limonar, sino en todo el alrededor de este edificio que se convirtió en un símbolo, ya que allí se dieron unos de los rescates más grandes.
Los Torres del Limonar, ubicadas en la Carrera 72 #10Bis-21, eran dos torres residenciales de cinco pisos cada uno. Se encuentran en el sur de Cali, en el barrio Capri en la comuna 17. Si se buscan en Google Maps, aparece: “cerrado permanentemente”.
En la escena de día dos después del terremoto, se encuentran zonas de la Cruz Roja, carpetas del PMU (Puesto de Mando Unificado), varios puntos de alimentación, y sobre todo varios puntos con una multitud de personas si después de un grito de “silencio” haya una señal de vida.
Cerca de la zona de desastre es difícil encontrar información oficial sobre las cifras de rescates. Andrés Urea, quien hace parte del PMU (Puesto de Mando Unificado) señaló a El Espectador que han salido seis personas vidas y cuatro muertas de la zona, al cierre de esta edición. “En este momento, se intentan a rescatar cuatro personas atrapadas”, dice y se apresura a llegar al lugar de los hechos.
Según cifras oficiales de la alcaldía, en la ciudad se han registrado 95 muertos, alrededor de 997 heridos, 180 desaparecidas y alrededor de 230 atrapadas. En su búsqueda hay cientos de personas que ayudan en los alrededores del edificio, como Christian Meneses de 22 años. “Estoy aquí desde 28 horas sin dormir”, cuenta. Está junto a otro hombre buscando a su amigo Juan Esteban Vanegas que vivía en la zona con su hermana. “Me metí bajo los escombros. Me he encontrado con muertos”, cuenta. El calor se siente muy fuerte y no se puede respirar bien, dice el estudiante de mecatrónico.
Los ayudantes forman cadenas humanas, sacan cubetas de entre los escombros, bloques de cemento pesados, cajas, maletas y despejan el camino para que, en algún momento, puedan pasar a una persona que aún esté con vida. Luego, de nuevo, el grito de “Silencio”. El mundo aquí, en el sur de Cali, se detiene de un momento a otro. Después, siguen adelante. “Necesitamos una porra”, gritan. O, de nuevo: “Silencio”.
En la tarde del martes, llegaron vehículos de carga con más rescatistas para mover escombros voluminosos de las edificaciones colapsadas. Entre otras cosas, una grúa telescópica permitió bajar un tejado en riesgo. El problema: había tanta gente civil en las zonas cercanas a las ruinas que de vez en cuando las autoridades tienen que evacuar el lugar. Eso provoca dificultades, pero muchos están ahí esperando información de sus allegados. “Mi familia es aquí y de ahí no me muevo”, dijo un chico, por ejemplo.
También hay una asistencia psicológica en los alrededores de los Torres de Limonar. “Mucha gente viene y dice que no encuentran la salida, que perdieron todo por lo que trabajan y que no saben qué va a suceder”, dice Victoria Eugenia Trujillo, psicóloga de Cali. “Les decimos que hay en este país, hemos pasado muchos momentos difíciles. Que hay herramientas. Y que no estamos solos.”