4 Apr 2017 - 2:49 a. m.

El actor Álvaro Rodríguez también sobrevivió en Mocoa

El actor se encontraba en la capital de Putumayo con su equipo de trabajo grabando un cortometraje. A metros de donde estaban pasó la avalancha.

Cristian Steveen Muñoz /@CristianSteveen

El actor Álvaro Rodríguez también sobrevivió en Mocoa
Foto: GUSTAVO TORRIJOS

Casi tres días después de la tragedia que acabó con la vida de al menos 273 mocoanos, las historias de supervivencia empiezan a conocerse. Segundas oportunidades como la que le tocó a Álvaro Rodríguez, reconocido actor de cine y televisión que sobrevivió a la avalancha del río Sangoyaco justo cuando ésta pasaba a tan sólo unos metros de donde él y su equipo de trabajo se encontraban grabando unas escenas.

El vallecaucano trabajaba en el cortometraje Aturdido, en la sede del antiguo Fondo Ganadero, ubicado en el barrio San Miguel, en compañía de 17 personas que conformaban el equipo técnico de la producción audiovisual. “Estábamos grabando y de un momento a otro empezamos a sentir un temblor, y cuando salimos a mirar vimos lo que estaba pasando: el río se estaba desbordando frente a nosotros”. Enseguida, relata, se unió un hombre ciego, una mujer embarazada, dos mujeres más y tres menores de edad. Todos, vecinos que curioseaban en las grabaciones.

“Corrimos como pudimos a la carretera, que estaba funcionando, y por coincidencia venía una patrulla de la Policía. Le pedimos el favor que nos sacara, nos dejaron en la plaza principal de Mocoa”, expresa Rodríguez con una enorme angustia. Al llegar a la estación de Policía, Rodríguez fue ubicado con su grupo de trabajo en el segundo piso de los tres que fueron habilitados para recibir a los afectados. “Recuerdo que llovía mucho, yo llegué mojado con la ropa de grabación a la estación de Policía y no tenía más. Nos tocó dormir en los pasillos del segundo piso que, entre otras cosas, no dieron abasto para toda la gente que llegaba”.

En su eterna estadía en la estación de Policía la noche de la catástrofe —31 de marzo pasado—, Tribilín, como también se le conoce al actor por su papel en la serie Fuego Verde, cuenta que fue testigo de una cadena de historias que “parecían una película de terror”. Momentos difíciles de describir para él debido a la cantidad de gente que llegaba buscando respuestas de sus familiares desaparecidos, damnificados o, simplemente, tan asustados como él mismo lo estaba.

En la mañana del sábado 1° de abril, este hombre de 68 años salió de la estación de Policía y se percató por primera vez de la magnitud de la tragedia. Recorrió las calles que desde el pasado jueves había caminado al llegar a Mocoa, pero esta vez bañadas en lodazales, acompañados de escombros, gritos y llantos en cada calle. “Me descompuse. Me decían: ‘Mire la terminal’, pero… ¿cuál terminal? ‘Mire la plaza de mercado’. ¡¿Cuál plaza?! Todo se lo llevó la avalancha”.

Posteriormente, sin cámaras —algunas alcanzaron a salvarlas y guardarlas—, Álvaro Rodríguez llegó en compañía del equipo de grabación al albergue Pío XII en busca de refugio y comida. Al hacer la fila, se dieron cuenta de la precariedad y el hacinamiento de los damnificados entre los que se encontraban indígenas, desplazados de la violencia, niños, mujeres y familias que buscaban ayuda. “Esas personas necesitaban más las ayudas que nosotros. Reunimos (plata) entre todos y compramos unos pollos. Fue la felicidad total”.

El actor, visiblemente afectado por la tragedia, se siente incapaz de salir a las calles del municipio. Cuenta que, tras la avalancha, él y el equipo de grabación buscaron una casa en donde pasar la noche el sábado. “La colaboración acá ha sido maravillosa. Esa noche nos quedamos cuatro en una casa y los demás en otra al frente”. La tragedia no los detuvo: en la mañana del domingo salieron a buscar otra locación que les permitiera seguir grabando las escenas que les faltaban. Ese día para él “fue una distracción en medio de tanto dolor que se vive por estos días”.

Su llanto se hace visible al recordar cada imagen que tenía de los mocoanos suplicando ayuda, de los niños corriendo para salvar sus vidas, de la gente tratando de ponerse a salvo en medio de la catástrofe, de las ayudas humanitarias que necesita la gente en los albergues y, de su familia, cuando prendió su celular y se pudo comunicar con sus tres hijos que no sabían la situación en que se encontraba su papá.

—¿Qué va a hacer cuando llegue a Bogotá?

—Tratar de recuperarme y seguir mamando gallo.

 

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