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“Los recursos para prevención siempre aparecen tarde”: exgerente del FOREC

Everardo Murillo, exgerente del Fondo para la Recuperación Social del Eje Cafetero, compara la atención de la actual emergencia con otras y explica por qué pronto podría surgir una competencia por los fondos de ayuda internacional.

Bastian Mühling

25 de agosto de 2026 - 07:03 a. m.
Everardo Murillo, exgerente del FOREC, en Cali, cuatro días después del sismo de 2026.
Foto: Bastian Mühling
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Cuatro días después del terremoto del 10 de agosto, Everardo Murillo llega a Cali con un chaleco beige. “Lo he lavado, pero lo tengo desde hace 25 años”, dice el experto en riesgo y desastres. Tras el terremoto de 1999 en sus tierras, el quindiano fue el gerente del Fondo para la Recuperación Social del Eje Cafetero (FOREC), el modelo económico en el cual el actual presidente Abelardo de la Espriella se está inspirando para atender el terremoto.

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Murillo también fue gerente del Fondo Nacional de Calamidades, en el gobierno de Juan Manuel Santos, para enfrentar la emergencia producida por la ola invernal en 2010, y ayudó en la reconstrucción después de desastres en otros países como Haití o Venezuela, donde acompaña la etapa inicial del proceso de reconstrucción tras los terremotos en junio.

¿Ya ha hablado con el Gobierno nacional?

No, el gobierno todavía no me ha llamado, así que no tengo un nombramiento, pero sí que estoy transfiriendo muchos documentos de mis experiencias anteriores del FOREC en 1999 y de Colombia Humanitario en 2010. Aparte, estoy ayudando y apoyando a los empresarios y organizaciones sociales. En Cali estoy asesorando al sector privado sobre a dónde va el dinero que se ha colectado para hacer una intervención de acompañamiento, vivienda y recuperar los bienes que perdieron esas comunidades.

Everardo Murillo como gerente del FOREC en el 2000 tras el terremoto en el Eje Cafetero. Hoy, todavía tiene su chaleco beige de entonces.
Foto: Privado

En el 1999, después del terremoto en Armenia, usted perdió allegados mientras se reconstruía la región donde creció. ¿Qué recuerda de los días después de este terremoto?

Cuando entré en la parte sur de Armenia, por la noche, un día después del terremoto, entonces vivía en Bogotá; no había ninguna señal del servicio de energía. En esas calles encontré mucha gente con fogatas y un silencio que es como de películas, y todo eso realmente me conmovió. El día después, ya con luz, caminaba por Armenia. La gente empezó a dañar un negocio con mercados que estaban caídos, sacando víveres, las cosas, la ropa. No había policía porque la estación de policía y de bomberos en Armenia se derrumbó. Recuerdo muy bien a un señor con un sofá enorme, más grande que él. Le pregunté: ¿Y para dónde vas con eso? Me dijo: Mi casa se cayó. Eso por lo menos me sirve para acostarme. Nunca se me olvida eso.

Luego, usted fue el gerente del FOREC. ¿Cómo se lidera un proceso técnico y frío cuando uno mismo está de duelo?

Ahí fue que aprendí todo lo que he recogido en mi experiencia personal y profesional. Durante mi infancia viví en sitios diferentes en Armenia. Llegué a este proceso de participación en vía pública para ayudar a otros. Y a mi familia. Cuando llegué a la casa, mi mamá y mis hermanos estaban asustados; por supuesto, nos abrazamos, nos encontramos todos en ese dolor. Y yo les conté lo que vi porque ellos no podían salir bien. En ese momento, yo no sabía del proceso de reconstrucción. Era un ejecutivo del sector privado que asesora temas de comercio. Cuando ya me vinculé al proceso, decidimos que las casas nuevas y las casas que hay que reparar tienen que tener sismoresistencia. Colombia no tenía experiencia en eso. Pero lo logramos. Y ahora, a pesar de los daños del nuevo terremoto, se demostró que las edificaciones pudieron soportar.

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El terremoto en 1999 dejó más de 1000 muertos en el Eje Cafetero.
Foto: Archivo El Espectador

¿Cómo llegó a liderar el FOREC?

No existían celulares como hoy. Había un aparato celular muy grande que llamábamos panela. El servicio era satelital. Un amigo me prestó un celular panela porque yo tenía que informarle a mi jefe, el presidente de Federación Nacional de Comerciantes Empresarios de Colombia (Fenalco). Le conté lo que vi: la gente invadiendo los mercados. Mi jefe inmediatamente llamó al presidente Pastrana y le dijo que hay que militarizar rápido la zona. En ese momento empecé a meterme en cosas de mi trabajo porque me empezaron a decir: “¿Cómo está usted?" Verifique con los comerciantes cómo están. Luego, Pastrana me preguntó acompañarle en su visita. Ahí, me dijeron: Por favor, usted haga el estudio del impacto económico del sector industrial y comercial. Y ahí empezó el cambio en mi vida.

A diferencia de la situación en el 99, hoy hay redes sociales, inteligencia artificial y desinformación. ¿Qué diferencia hace esto en la reconstrucción?

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En esa época no había internet, la información era muy incipiente, se cayó el sistema de telecomunicaciones. La gente se comunicaba a través de la radio y la televisión. Uno se sorprende con el terremoto actual. ¿Cómo la gente en mitad del susto grabó cosas? La gente no lo saca por un like, lo saca por temor. Si le pasa algo, sepan que donde estoy, por lo menos en las redes sociales. Actualmente estamos en la respuesta de emergencia, que es muy distinta a la de hace 27 años. Primero, hay un registro único de damnificados. Segundo, hay una evaluación de daños. Antes no existía. Ahí, las redes ayudan. Pero también hay que verificar la información porque la gente muestra una foto sin contexto.

Usted lleva años reconstruyendo territorios después de terremotos. ¿Cómo se reconstruye una ciudad?

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Hoy en día, hay mucho avance en el mundo de la ingeniería para construir puentes, barrios, casas, edificios familiares, edificios públicos rápidamente, y construir sistemas de telecomunicaciones. Pero en Colombia falta mucho por abordar. Una ciudad como Cali tiene que revisar su ordenamiento territorial, hacer estudio de suelos que caracterice cada sector, cada comuna. Una vez que se recogen los escombros, hay que analizar si ese suelo se vuelve a construir.

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En Cali, el alcalde Alejandro Eder habló de una fase de reconstrucción de mínimo dos años. ¿Cómo evalúa usted la situación ahí?

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Es un impacto muy fuerte para la ciudad, la gente y para la economía. En Cali, se cayeron muchos edificios de estratos tres o cuatro, de clase media y clase media alta. En otros terremotos fueron los estratos más bajos, la población más vulnerable la afectada. Colombia ya tiene mucha experiencia en ayudar a estos estratos, pero no a estratos más altos. Hay que acompañarlas con un proceso de ingeniería social que llamo fortalecimiento de su vida, apoyo psicológico y económico. Es difícil por las diferencias. Algunos ya pueden tener la plata para conseguir una nueva casa, pero otros no tienen seguro o el seguro no alcanza. ¿Cómo se hace la reubicación? ¿Quién paga por eso? Hay toda una evolución por hacer en este gobierno.

¿Qué recomienda usted al Gobierno de Abelardo de la Espriella en esta crisis?

En el 1999 hubo muchos más muertos, más de 1.000. Ahora, hay menos, pero la extensión fue más grande; hay más de 400 municipios afectados. Ellos tienen que actuar en tiempo real. El despliegue de atención es tan importante para las familias de Cali como para la comunidad rural más lejos de Chocó. El gobierno tiene que decidir si hace la atención a través de un fondo o si lo va a hacer en tiempo real en un despliegue rápido. En el 1999, creamos un fondo con normas excepcionales de contratación, contratamos organizaciones sociales dedicadas a cada territorio para que respondieran con un plan de acción específico, cuyo recurso colocamos al lado de la gente para que se diera cuenta de qué estaba pasando.

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¿Y cómo evalúa la reacción del Gobierno?

Apenas llevamos unas semanas. Celebro que el gobierno ya esté en reuniones y en las visitas. Estamos en la respuesta a la emergencia y seguramente hay cosas que aprender de errores que se cometieron. Por supuesto, es complejísimo, mucho más porque el gobierno apenas llegó al escritorio. Van a aprender. Van a conocer municipios que no conocían. Ese es el momento oportuno de poner el enfoque en las regiones.

Everardo Murillo durante una rueda de Prensa del FOREC en el 2001.
Foto: Archivo El Espectador

El Fondo Milagro del actual gobierno nace en un contexto fiscal mucho más apretado que el de Pastrana en el 99 y con una polarización del país que no existía a ese nivel. ¿Qué parte del modelo FOREC no se puede aplicar en 2026?

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Dado el tamaño, sí hay despliegue, hay procesos que pueden ser similares al de Colombia Humanitaria de la inundación en 2010, por la cantidad de municipios afectados. El gobierno del presidente Santos no creó un fondo nuevo, sino que utilizó el Fondo Nacional de Riesgos. Aquí hay muchas experiencias distintas para poder abordar el asunto. Aquí la pregunta es cómo van a ser tan rápidos y si la ayuda puede llegar a todos los estratos y a las comunidades rurales tanto como a las ciudades capitales.

El FOREC se considera un buen ejemplo para una respuesta a un terremoto; sin embargo, hay críticas. ¿Qué decisión suya, hoy con la distancia, considera un error?

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Yo tenía que enfrentar y responder por los recursos públicos y, por supuesto, eso tiene unos límites que establecen la Constitución y el Congreso. Tuve poca paciencia por comprenderlo y eso le generó mucha tensión a la gente, porque esa tensión permitía que los políticos regionales tuvieran las capacidades en las comunidades afectadas de poner énfasis en cosas que no eran de construir edificios. Hoy, hay mecanismos más fuertes de participación.

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¿Cómo estaba preparado el país antes del terremoto de 2026?

El nivel de resistencia de los edificios sirve para salvar vidas. La política pública tiene que aumentar este nivel de resistencia y seguir haciendo estudios de microzonificación sísmica aptos para seguir construyendo. Hoy, hay muchos más estudios de zonificación que antes, pero no está tan segregado para conocer con detalle cada territorio. Casi siempre se discuten los daños y siempre decimos: “Vamos a hacerlo mejor”. Pero finalmente, los recursos para hacer prevención, para hacer conocimiento de riesgo, para adaptarnos, siempre aparecen tarde porque son recursos que no tienen que ver con ladrillos, con lo visible. Falta mucho por invertir.

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Usted acaba de regresar de La Guaira en Venezuela. ¿Qué diferencias hay en el proceso de la reconstrucción entre Venezuela y Colombia?

Venezuela afronta una situación política muy diferente. El gobierno depende actualmente mucho de Estados Unidos. En Venezuela está prohibido el tema de organizaciones no gubernamentales y está viviendo un proceso complejo y muy alejado de experiencias exitosas como las que tenemos en Colombia.

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Me parece muy importante que se haya creado un diálogo político entre el Gobierno y la oposición; sin embargo, no hay un sistema de riesgos. La parte de cooperación y de construcción va a ser muy difícil porque no se sabe cómo financiarlo. Colombia, en cambio, tiene la capacidad de actuar más rápido, más eficiente. La capacidad de gobernanza de la sociedad civil aquí es poderosa.

En este momento, Venezuela, Colombia, pero también otras partes del mundo como Indonesia están afrontando las consecuencias de terremotos. ¿Qué efectos puede tener esta simultaneidad?

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Va a haber una competencia para fondos y recursos este segundo semestre del año, también por el fenómeno climático de El Niño. Cuenta sobre todo para Colombia. Es difícil enfrentar esta emergencia y prepararse al mismo tiempo para los próximos tres meses, compitiendo con todo el mundo que tiene cada vez menos recursos.

Este artículo fue realizado durante el intercambio Alemania-América Latina del International Journalists’ Programmes (IJP).

Por Bastian Mühling

Periodista y becario del International Journalist Program (IJP) 2026. En El Espectador trabajo en la sección Internacional. En Alemania escribo sobre política digital e inteligencia artificial para el Süddeutsche Zeitung Dossier. Estudié parte de mi carrera en periodismo en la Universidad de Antioquia en Medellín.bmuhling@elespectador.com

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