No pasó ni una hora del terremoto del pasado 10 de agosto y en Colombia ya estaba en línea Chatmap. A las 8:28 a. m., OpenStreetMap Colombia —algo similar a una Wikipedia de mapas— creó un grupo de WhatsApp para que habitantes de las zonas más afectadas por el sismo enviaran fotos de los daños y la ubicación para luego elaborar un mapa general.
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La meta es medir el alcance inicial del terremoto con poco esfuerzo y mediante plataformas de código abierto. Sin embargo, hay problemas como las dificultades de acceso a internet tras el desastre, la baja popularidad de la plataforma y la alta oferta de otras diferentes.
Los datos de Chatmap son importantes. Por ejemplo, son utilizados por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) para nutrir sus bases, que, a la fecha, reportan 235.975 viviendas afectadas tras el sismo.
En comparación, las cifras de Chatmap son bajas. Según datos del Equipo Humanitario de OpenStreetMap (HOT), se han reportado 815 daños a través de la plataforma en 52 municipios. Según la UNGRD, el terremoto afectó a casi 500 municipios.
La mayoría de los informes, según HOT, provienen de Pereira (453), Quibdó (62) y Cali (51), pero ninguno de San José del Palmar, que fue el epicentro del terremoto, pese a que uno de los principales objetivos de Chatmap es dar visibilidad a lo que ocurrió en las regiones más apartadas. Una de las razones es que no todo el mundo conoce este tipo de plataformas.
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“No tenemos alcance nacional. No hemos podido llegar a mucha gente, sobre todo de municipios pequeños. Nuestro problema es la difusión: la gente no conoce la iniciativa, no sabe qué es OpenStreetMap, ni HOT”, dice Andrés Gómez Casanova, voluntario en OpenStreetMap Colombia.
Otra de las razones es que la gente solo distingue Google Maps, aunque OpenStreetMap ya está presente en muchas plataformas. “Mapas de Apple, Instagram, Facebook, Microsoft, etc. tienen OpenStreetMap por debajo“, añade Gómez, quien fue uno de los primeros en organizarse para poner el mapa en línea.
La infraestructura técnica detrás del canal de WhatsApp ya se había utilizado en el terremoto de junio en Venezuela. Esa fue una de las razones por las que el canal pudo configurarse tan rápido. “En el momento de mayor actividad, teníamos alrededor de 800 personas de las zonas afectadas en el chat”, cuenta Gómez. Las personas afectadas envían desde las zonas imágenes “de grietas hasta edificios completamente derrumbados”.
Actualmente, hay un poco más de 700 personas en el chat, e incluso siguen llegando imágenes y ubicaciones de los daños a tres semanas del terremoto.
“La motivación era saber dónde habían ocurrido los daños y compartir esa información a la gente”, explica Gómez, pero en el chat “muchas personas preguntan dónde están sus familiares, adónde pueden enviar ayuda o difunden información falsa sobre nuevos terremotos”, por lo que un equipo de 10 personas ahora modera la conversación.
Otro de los problemas es la inteligencia artificial. “Muchas personas han creado plataformas similares con IA. Eso ha afectado nuestro alcance”, opina Gómez; por eso señala que le hubiera gustado que la UNGRD promocionara más la plataforma de Chatmap, ya que el mapa general, según él, es de acceso público y reutilizable, y los datos se pueden descargar sin problemas.
Miembros del equipo técnico de la UNGRD indicaron a este diario que Chatmap sirve como un insumo preliminar de referencia y contextualización. La entidad integra diversas fuentes de información geoespacial como marco de apoyo complementario para orientar las decisiones en el territorio. Sin embargo, no es la única fuente de información de ese tipo. Sus datos se comparan con la cartografía oficial y los sistemas técnicos del Estado, por lo que es un apoyo técnico complementario.
La semana pasada, la UNGRD señaló que para la inspección de daños está haciendo evaluaciones en dos fases: inspección rápida y evaluación de detalle. En la primera se instalan carteles de tres colores: verde (vivienda habitable), amarillo (con restricciones de ingreso, ocupación o uso) y rojo (en peligro de colapso y evacuada). Según el comunicado, la UNGRD suministrará herramientas digitales para recopilar la información en ambas fases, las cuales podrán utilizarse incluso con difícil conectividad.
Céline Jacquin, geógrafa, científica de datos y gerente sénior para América Latina en el HOT cuenta que la idea surgió durante las inundaciones en Porto Alegre, Brasil, en 2023. “Observamos con qué naturalidad la gente creaba grupos de WhatsApp y compartía fotos durante la emergencia”. A raíz de eso, HOT desarrolló Chatmap.
Aunque el proyecto es de código abierto, no es independiente digitalmente. Funciona a través de un servidor de Amazon Web Services, admite Jacquin. “Por razones de protección de datos y privacidad, tampoco nos fascina mucho usar un producto de Meta, pero el alcance y el uso de WhatsApp son simplemente demasiado grandes”. Sin embargo, Chatmap también funciona con Signal y Telegram.
En Colombia se usó por primera vez en 2024, en Medellín, durante la “Escuela de Mapeo de Laderas”. El objetivo entonces era generar espacios para que las comunidades identificaran riesgos y generaran cartografía que les permita dialogar con tomadores de decisiones para gestionar mejor el riesgo.
Además, Chatmap tiene diversos fines, por ejemplo, identificar biodiversidad, mapear infraestructura de movilidad con riesgos, incendios, albergues, edificaciones dañadas, mapeo de basura. Lo más importante, según Jacquin, es que las fotos siempre lleguen con la ubicación, porque si no “no sirven de nada”.
Esta nota se publicó en el briefing “Digitalwende” del periódico alemán “Süddeutsche Zeitung”. Fue realizado durante el intercambio Alemania-América Latina del International Journalist’s Programmes (IJP).