28 Feb 2020 - 7:00 p. m.

Chocó, entre obras de infraestructura y la guerra por la salida al mar

Un recorrido por la costa Pacífica dejó al descubierto cómo el Eln, los paramilitares y las bandas de narcotraficantes vienen librando una batalla para quedarse con las rutas del narcotráfico y las tierras de comunidades negras e indígenas.

Alfredo Molano Jimeno - Twitter: @AlfredoMolanoJi

Desde hace casi un siglo, los dirigentes del país rotularon la costa Pacífica como el futuro comercial de Colombia; sin embargo, en casi noventa años lo único que ha llegado al Chocó son promesas de desarrollo y una guerra sin cuartel que parece dirigida a vaciar el territorio de negros e indígenas para después llenar estas selvas de carreteras, puertos y comercios. Tres años después de la firma de la paz entre el Estado y las Farc, las playas de Nuquí, Bahía Solano y Juradó están inundadas de coca, disputadas palmo a plomo por paramilitares y guerrilla, y devueltas a los tiempos de los asesinatos, los desplazamientos y las minas antipersonales.

Desde Quibdó, capital del departamento, no hay forma de llegar a la costa Pacífica que no sea por aire. Una selva tupida y los ríos Quito, Baudó y Panguí se interponen entre el corazón del pueblo negro y Nuquí. En línea recta la distancia es de 184 kilómetros y el vuelo tarda unos quince o veinte minutos. Nuquí fue fundado a principios del siglo XX por Juanico Castro, quien venía buscando tagua, raicilla, damagua y caucho, cuatro productos que sostenían la economía nacional arruinada en esos tiempos por la abolición de la esclavitud, primero, y la Guerra de los Mil Días, después. Los productos los comercializaban en Panamá que, al igual que Cartagena, era un enclave comercial por el que el país respiraba. Territorio que precisamente se perdió por esos días ante el abandono del Estado colombiano y la ambición de Estados Unidos, dos condiciones que, siglo y medio más tarde, se mantienen idénticas.

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