27 Sep 2019 - 5:07 p. m.

Cuando el dolor del procesado hace innecesaria la imposición de una condena privativa de la libertad

La dramática historia de un motociclista que desconoció una señal de “Pare”, lo que causó una colisión con un vehículo que segó la vida de su compañera sentimental. La Corte Suprema de Justicia lo absolvió de la pena de prisión.

El Espectador

El 9 de junio de 2009 la historia de vida de Bernardo* se partió en dos. Ese día, cuando conducía su motocicleta por las calles de Medellín, omitió una señal de “Pare” y colisionó contra un vehículo, en un accidente que le provocó a Dora*, su compañera sentimental, quien viajaba como parrillera, un trauma craneoencefálico que le produjo la muerte.

La Fiscalía inició una investigación, que el 16 de abril de 2016 terminó en una imputación de cargos contra Bernardo, por el delito de homicidio culposo en grado de autor. En medio de la confusa situación el hombre no aceptó la atribución de delito. Fue afortunado para él que en la audiencia oral el Juzgado Sexto Penal del Circuito de Medellín lo absolviera, por duda sobre su responsabilidad penal.

La Fiscalía no compartió la decisión y la apeló ante el Tribunal Superior de Medellín, que la reversó y condenó a Bernardo -como autor del homicidio culposo de su novia- a 36 meses de prisión, multa de 26,66 salarios mínimos legales mensuales vigentes, prohibición de conducir vehículos automotores por 48 meses e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas durante tres años.

En respuesta, el abogado defensor de Bernando interpuso ante la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia un recurso de casación encaminado a anular la condena, bajo el argumento de que “existe duda frente a la responsabilidad del acusado”.

En este caso la Corte Suprema de Justicia, con ponencia del magistrado Eyder Patiño Cabrera, se puso a la altura de su sabiduría jurídica y dio una clase magistral no solo de derecho penal, sino del sentido humano que los operadores de la justicia deben tener al momento de impartir justicia evitando aplicar a rajatabla las normas.

En su fallo, el máximo tribunal de la justicia ordinaria analizó, paralelo a la eventual responsabilidad penal de Bernardo, su drama humano al perder en el siniestro a la mujer que amaba.

En palabras del alto tribunal, “el dolor del ciudadano culpable del accidente que ocasionó la muerte de su pareja sentimental hizo que la sanción legal de privación de la libertad resultara innecesaria. Sería desmesurado que, además de ese dolor, se asignara el cumplimiento de una pena adicional, pues sería innecesaria, no solo desde el punto de vista de la prevención especial y, dadas las particularidades del caso, no supondría la derogación del orden jurídico vigente”, concluye el fallo.

Lo anterior, pese a que para la Corte “Bernardo tenía pleno conocimiento de que, en la actividad de conducción, es forzoso observar las normas de tránsito. Por ende, creó un riesgo no permitido cuando, ante la señal de ‘Pare’, no detuvo la motocicleta en la que transportaba” a su compañera.

En ese contexto, el fallo puso en tela de juicio la exigencia de imponerle una condena a Bernardo, y aplicando el “principio de necesidad de la pena”, la desechó al concluir “que es posible presumir que la existencia de ese ser querido, como consecuencia del actuar imprudente del acusado, causó en él una aflicción personal, que no se desvirtuó en el juicio, que ella misma hace innecesaria la pena privativa de la libertad”. Auqnue no fue enviado a prisión, las demás sanciones se hicieron efectivas. 

Para la Corte, “la pena natural encuentra fundamento tanto en la compensación de la culpabilidad como en razones de dignidad humana”.

*Nombres modificados

(ravila@elespectador.com)

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