9 Sep 2020 - 3:00 a. m.

El reto de los caficultores: recoger 7 millones de sacos en pandemia

En julio de este año la producción alcanzó 7,5 millones de sacos, 7 % menos frente a los casi 8 millones de sacos producidos entre enero y julio de 2019. Las expectativas están puestas en la segunda mayor cosecha del año, que comienza en plena pandemia.

Las cifras de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia (FNC) parecerían indicar que el sector logró esquivar en gran medida los impactos económicos que dejó la pandemia por COVID-19 en el mundo. Tampoco estamos hablando de una bonanza cafetera, como señala Roberto Vélez Vallejo, gerente general de la FNC; sin embargo, los cálculos de la Federación indican que la producción registrada de café en Colombia cayó ligeramente 1 % en julio con respecto al año anterior y creció 2 % en los últimos doce meses.

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“Bonanza era cuando estábamos en US$3,00 o US$3,50 la libra, pero el precio ahora es de US$1,30. Sin embargo, ha habido una recuperación del precio de la Bolsa de Nueva York. Además, una de las cosas que han favorecido el precio interno es el diferencial que se paga sobre el café colombiano, que es de US$0,50 por encima de ese precio de la bolsa”, dice Vélez. Agrega que estos precios, junto a una tasa de cambio que ha estado devaluada desde que arrancó la pandemia, “ha puesto el precio interno a niveles de $1’200.000 por una carga de 125 kilos, que es muy buen precio para los productores de café”.

Vélez explica que en plena pandemia no hubo contratiempos en la recolección de la primera cosecha del año. “Algunos productores tuvieron un poco más de tiempo para recolectar la cosecha, pero yo no veo problemas grandes en términos de la calidad del café”, comenta.

Para productores como Hernando Chindoy, gestor de Café Wuasikamas —empresa que nació en la comunidad Inga de Aponte, Nariño, luego de abandonar las siembras de cultivo de uso ilícito de amapola—, por las limitaciones de movilidad, no fue posible conseguir los trabajadores suficientes para la cosecha del primer semestre.

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“Algunos indígenas estaban muy apretados a la hora de la cosecha, porque no tenían la gente para sacarla. El problema es que el café, a la hora de madurar, se empieza a dañar el grano y se baja la calidad. Pese a las demoras, el café sí salió; bajó un poco la calidad, pero finalmente se resolvió”, comenta Chindoy, al agregar que el COVID-19 impactó la comercialización de los productos. “El año pasado fueron 280 toneladas que se comercializaron al exterior. Este año solo salieron sesenta y el resto se tuvo que vender vía Federación”, dijo.

Pese a que a gran escala el impacto parece no ser contundente, hay trabajadores como Alfonso Ávila, caficultor del sur del municipio de Caparrapí, Cundinamarca, que dice que la pandemia puso en riesgo su negocio familiar. “Se fueron para el piso todas las ventas y estamos muy mal. No hemos tenido apoyo del Gobierno y nos sentimos abandonados. Esto impactó la comercialización y la producción; pasamos de vender cerca de $30 millones mensuales y ahorita estamos vendiendo $2 millones”, dice.

A la preocupación de Ávila se suma que la pandemia acaba de llegar al municipio. “Aquí el COVID-19 llegó la semana pasada; llegó gente a Caparrapí y en las veredas ya está el virus”, comenta Ávila. En el municipio fueron confirmados seis casos de coronavirus, según el reporte del Instituto Nacional de Salud del 8 de septiembre.

Prevenir un brote de COVID-19 en la cosecha más importante del año

Los caficultores del país se alistan para recolectar la mayor cosecha del año en plena pandemia. Los cálculos de la FNC arrojan que serán necesarios 165.000 recolectores —entre mano de obra local y migratoria— para recoger en el segundo semestre del año 7,5 millones de sacos de 60 kg de café verde; lo que representa el 55 % del volumen de la producción anual. El café genera 730.000 empleos directos, lo que representa el 25 % del empleo agrícola, según la FNC.

“¿Cómo se van a desplazar los trabajadores? ¿Qué medidas se tomarán para su ingreso a los municipios receptores?”, pregunta el movimiento Dignidad Cafetera de Colombia —organización filial de Dignidad Agropecuaria Colombiana—, que abrió la discusión sobre las garantías laborales y las condiciones de bioseguridad para los productores y recolectores de café. La preocupación no es de poca monta, menos cuando el valor anual de la cosecha de 2020 superaría los $9 billones, una cifra histórica y clave en medio de la crisis sanitaria. En Colombia, a corte del 19 de agosto, se presentaron casos de COVID-19 en cerca de 400 veredas cafeteras de las 16.000.

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“No está definido con precisión por parte del Ministerio nacional y tampoco está acordado con gobernadores y alcaldes cómo va a ser el transporte de esos trabajadores”, sostiene Óscar Gutiérrez, director ejecutivo de Dignidad Agropecuaria. Insiste en que el Gobierno debe “meterse la mano al bolsillo” para crear las condiciones necesarias para que se logre recoger la cosecha, que sin duda es muy importante para los ingresos de la nación.

Roberto Vélez Vallejo explicó que el cafetero fue “el primer gremio que tenía un protocolo de bioseguridad avalado por el Gobierno nacional. Hay gente de la Federación en los puestos de entrada a los departamentos y en las terminales de transporte acompañando a la gente”, dice. Agrega que hay coordinación con los alcaldes de las zonas cafeteras para garantizar los protocolos de bioseguridad para todos aquellos que llegan a recolectar café. “Al final a uno no se le puede olvidar que las responsabilidades son de los recolectores y productores también”, comenta.

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