“Creímos que iba a ser el último día de nuestra vida. Las casas parecían gelatina, se movían de un lado a otro y eso caían ladrillos de todo lado. Además, el suelo parecía inestable, se sentía como si uno se fuera a caer”, recuerda el sargento Julián Montoya, subcomandante del cuerpo de bomberos de San José del Palmar, del sismo de magnitud 7,4 que se registró el pasado lunes y tuvo como epicentro ese municipio de Chocó.
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Luego de la emergencia, que se sintió eterna para los habitantes de la región, se fue la luz y el agua porque el terremoto afectó la red eléctrica y desestabilizó las tuberías de abastecimiento. Además, quedaron incomunicados: “Las vías se agrietaron y unas se partieron por todo el centro”, añadió Montoya, pero a esto también se le añade que se perdió la señal de telefonía y de internet, que solo se empezó a restablecer desde ayer.
En Istmina, el alcalde Jaison Mosquera Sánchez estaba en su casa alistándose para salir hacia el despacho, cuando empezó a sentir el temblor. “La casa mía parecía una hamaca, pero afortunadamente pudimos salir”. Aunque celebra que no hubo muertos, sí resalta que son 75 los heridos, entre ellos dos agentes de Policía, pero también por lo menos 100 viviendas colapsaron, y 900 viviendas registran daños, por lo que, en medio del trauma y el dolor, se habilitaron las escuelas, también con fallas, para convertirse en albergues.
Las imágenes en el municipio son similares a las que se han compartido de Quibdó. Entre las vías por donde deberían estar cruzando carros y motos, solo se ven escombros, y en las aceras solo reposan los restos de las viviendas que antes había a su alrededor. “La verdad es lamentable lo que estamos viviendo. Aunque en los medios se ha destacado la tragedia que viven Cali y Pereira, acá también hay muchos estragos”.
Istmina es cabecera para por lo menos otros diez municipios del bajo Chocó, por lo que el hospital es fundamental para toda esta región, pero Mosquera alerta que desde antes del terremoto ya presentaba graves fallas. “El gobierno que salió comprometió alrededor de COP 3.000 millones, pero no alcanzó a hacer el giro, por lo que le pedimos al nuevo gobierno agilizar el proceso para atender a las familias que quedaron muy afectadas”.
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Osiris del Carmen Casas, quien fue gerente del hospital Ismael Roldán Valencia de Quibdó, resalta que por todo lo anterior hay que evaluar la situación en el Chocó con un enfoque diferente al que se está viendo la tragedia en el resto del país. Pues no solo se está hablando de problemáticas profundizadas por el sismo, sino además de una calamidad que no lamenta muertos, sino a comunidades completas que quedaron devastadas con centenares de personas sin un techo.
“Acá se requiere mucha ayuda, porque las vías no están operando y aún no se sabe ni se mira mucho lo que pasa en el departamento. El hospital de mediana complejidad (Hospital San Francisco de Asís) ha dado respuesta en lo que puede, pero se necesita la llegada de refuerzos. También se requiere apoyo de ingenieros que evalúen las estructuras, porque ha habido tantas averías en las casas que no se sabe si van a poder volver a habitarse”.
Por eso el alcalde de Istmina ha hecho un llamado a enviar apoyo humanitario a su región, mientras que desde Palmar, el bombero Montoya alerta que se requiere rehabilitar el paso terrestre hacia el Valle, porque no solo se está perdiendo la temporada de cosecha del chontaduro, sino que además ya se están quedando sin provisiones. “Ya estamos con pocos alimentos porque no tenemos por dónde abastecernos. Uno va a las tiendas y ya ve los huecos aparecer entre las cómodas”.
Ayer la gobernadora Nubia Carolina Córdoba anunció que hallaron con vida a la familia reportada como desaparecida en el departamento y con esto ya no se estarían buscando víctimas del terremoto. Además, visitó San José del Palmar, donde no solo se comprometió a trasladar maquinaria amarilla para reabrir el paso terrestre, sino que además aseguró que equiparía al equipo de bomberos con una sala para la atención de emergencias y un carro especial, pues, según Montoya, este tiempo han estado trabajando con una camioneta que es de su mamá.
En el tintero queda la atención de la zona rural del municipio. Montoya asegura que recorrieron los corregimientos más cercanos a pie y evidenciaron que en poblaciones como La Italia la mayoría de las casas quedaron inhabitables. Aún queda por corroborar los resguardos indígenas que están a más de una hora del casco urbano. De igual forma, necesitan habilitar albergues, porque en casos como el de las hermanas Ospina, que son adultas mayores, su casa quedó en el suelo, por lo que tanto ellas como sus inquilinos quedaron en la calle.
El alcalde Mosquera también advirtió que a Istmina no han llegado ayudas humanitarias, pues el único acceso por ahora es aéreo. “Me comuniqué con el alcalde de Pitalito, en Huila, quien me dijo que nos iba a ayudar. Es algo loable que le agradecemos al mandatario y a su gente, porque esto es importante para nosotros en esta dificultad tan difícil y tan grande”. Por eso un llamado al Gobierno Nacional para apoyarlo en la recuperación, pues además de levantar escombros, así como en Palmar, requiere de materiales de construcción para volver a rehacer sus vidas.