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A los 53 años, cuando muchas personas llevan décadas ejerciendo un oficio y han construido prácticamente toda su vida laboral, Sara Luz Ternera Rodríguez recibió el diploma que durante años había buscado.
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Llegó desde Pivijay, Magdalena. Había dedicado buena parte de su vida a la enseñanza, había trabajado, acumulado experiencia y tocado distintas puertas intentando avanzar profesionalmente. Sin embargo, le faltaba algo que durante décadas estuvo fuera de su alcance: un título universitario. Ahora es licenciada en Matemáticas.
Sara Luz forma parte de un grupo poco convencional de recién graduados. No son jóvenes que salieron del colegio y pasaron directamente a una universidad. Son hombres y mujeres mayores de 45 años que llegaron a las aulas después de trabajar durante décadas, criar a sus hijos, sostener hogares y asumir responsabilidades que muchas veces los obligaron a aplazar sus propios sueños.
En total son 216 nuevos profesionales procedentes de diferentes municipios del Magdalena. Algunos superan los 50 años, otros llevan más de una década enseñando sin haber tenido la posibilidad de obtener un título profesional.
La Universidad del Magdalena decidió reconocerles los conocimientos adquiridos durante toda una vida, que también cuentan.
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Profesores que regresaron a estudiar
Entre los graduados está también Alaín Marco Álvarez Pinedo. Tiene 53 años y lleva 15 trabajando como docente de primaria. Durante todo ese tiempo estuvo del otro lado del salón: enseñando.
Álvarez recibió el título de licenciado en Literatura y Lengua Castellana. Para él, graduarse representa una conquista personal, pero también una posibilidad de regresar fortalecido a las mismas aulas donde durante años ha acompañado la formación de niños.
Su caso refleja una paradoja que se repite entre varios beneficiarios: tenían experiencia, conocían sus oficios y habían construido una trayectoria laboral, pero carecían del documento que acreditara profesionalmente buena parte de aquello que ya sabían hacer.
Las razones por las que llegaron tarde a la educación superior son distintas. En muchos casos estuvieron atravesadas por dificultades económicas, obligaciones familiares, trabajo y falta de oportunidades.
Una universidad después de los 45 años
La oportunidad apareció en 2025, durante la conmemoración de los 500 años de Santa Marta. La Universidad del Magdalena, junto con el Gobierno Nacional, puso en marcha el programa “500 años, 500 oportunidades”, una iniciativa que abrió 500 cupos gratuitos dirigidos a habitantes del departamento mayores de 45 años.
Había una condición que terminó siendo determinante para el modelo: los aspirantes debían acreditar más de diez años de experiencia laboral.
La intención era que ingresar a la universidad a esa edad no significara borrar décadas de conocimientos para empezar desde cero.
A través del Centro para la Regionalización de la Educación y las Oportunidades (CREO), se diseñó un proceso especial de admisión y reconocimiento de saberes. Dependiendo de cada caso, entre el 30 y el 90 por ciento de las competencias adquiridas durante la trayectoria laboral podían ser validadas dentro del proceso académico.
Eso permitió que años frente a un tablero, experiencias en actividades productivas, trabajo comunitario, turismo y diferentes oficios fueran evaluados como conocimientos construidos antes de ingresar formalmente a la universidad.
El programa también incorporó modalidades presenciales, virtuales y a distancia. Para alguien de 50 años con hijos, trabajo y obligaciones económicas, regresar a estudiar difícilmente podía significar abandonar todo lo demás.
De 17 municipios llegaron los nuevos profesionales
La primera cohorte reunió personas procedentes de distintos puntos del Magdalena. Llegaron desde Santa Marta, Ciénaga, Puebloviejo, Sevilla, Aracataca, Fundación, El Retén, Pivijay, Algarrobo, Chivolo, Nueva Granada, Plato, Tenerife, Concordia, Sabanas de San Ángel, San Zenón y El Banco.
Por ello, muchos tuvieron que combinar horarios laborales, desplazamientos, responsabilidades familiares y actividades académicas. Volvieron a presentar trabajos, cumplir horarios, estudiar para evaluaciones y enfrentarse a herramientas educativas muy diferentes a las que conocieron cuando eran jóvenes.
La Universidad buscó precisamente que esa experiencia dejara de ser invisible. Un año después, esa apuesta tuvo su primera prueba concreta.
En la ceremonia hubo abrazos, fotografías, aplausos y lágrimas. Fueron entregados 216 títulos en Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana y Licenciatura en Matemáticas. “Los sueños no tienen fecha de vencimiento y rendirse no es la primera opción”, expresó Pablo Vera Salazar en el acto.
Una segunda oportunidad que puede cambiar familias
La Universidad del Magdalena ya había desarrollado programas de inclusión como Talento Magdalena y Talento Santa Marta, dirigidos a ampliar las posibilidades de acceso a la educación superior. Esta vez, sin embargo, la mirada estuvo puesta sobre una población diferente: personas mayores con experiencia.
Quienes ya ejercían como docentes podrán regresar a sus instituciones con una acreditación profesional y nuevas herramientas. Otros podrán aspirar a oportunidades laborales que antes exigían un título.
Sara Luz Ternera podrá regresar a Pivijay diciendo algo que esperó durante décadas: es licenciada en Matemáticas.
Alaín Marco Álvarez podrá volver al salón donde durante 15 años ha enseñado primaria, pero esta vez convertido oficialmente en licenciado en Literatura y Lengua Castellana.
A los 45, a los 50 o después de ellos, 216 colombianos tuvieron que regresar a estudiar para demostrar algo que quizá ya sabían desde mucho antes de entrar a la universidad: aprender nunca había sido el problema. Lo que les había faltado era una oportunidad.