28 May 2014 - 6:52 p. m.

Fiesta sin ‘don Manuel’

El 7 de enero de 1999 Andrés Pastrana instaló los diálogos de paz con las Farc en San Vicente del Caguán. La noticia, sin embargo, fue el plantón que el jefe de esa guerrilla, alias 'Tirofijo' le hizo al entonces mandatario colombiano. Los diálogos comenzaron mal y terminaron peor en 2001. Así cubrió El Espectador aquel momento histórico.

Archivo jueves 7 de enero de 1999

La silla blanca esperó durante un rato. Luego fueron 45 minutos que parecieron eternos. “Si no ha llegado, comencemos”, dijo con cara de aceptación el presidente Pastrana, antes de proceder a dar comienzo al acto central de la instalación de las mesas de diálogo, pese a la ausencia de ‘Manuel Marulanda Vélez’.

Eso no fue impedimento para que una oleada de esperanza y optimismo recorriera en segundos todo el país, de extremo a centro. Desde el primer palmo de tierra de La Guajira hasta Leticia, y desde el Golfo del Darién hasta La Chorrera, en el extremo más oriental de Vaupés.

Son las nuevas ilusiones de paz con que hoy se vistió la patria. Y en San Vicente del Caguán, este pueblo ardiente, polvoriento y casi olvidado sin remedio, que durante años ha soportado el sangriento martirio de la violencia, ahora parece que revoloteara por todos sus rincones un nuevo aire de música y es como si tuviera desde hoy una sonrisa feliz pintadita en la cara. Sobre San Vicente del Caguán, el corazón de la zona de despeje, está hoy centrada la atención de toda Colombia y casi fija la mirada del mundo.

Y hoy San Vicente del Caguán está tan radiante, dichosa, que quizás el único que acá hizo falta fue Ernest Hemingway para que escribiera un nuevo libro: “San Vicente era una fiesta”.

Esta madrugada, desde el primer rayo de sol, el pueblo apareció engalanado y derrochando colores por todos los rincones. A lado y lado de las calles, en casi todas las casas, flameaba el tricolor nacional y la bandera blanca de la paz. Era como si todo el pueblo se hubiera convertido en una colorida calle de honor. Sí, hoy San Vicente del Caguán es una fiesta. Así, casi como lo canta Joan Manuel Serrat:

“…Y colgaron de un cordel de esquina a esquina un cartel y banderas de papel verdes, rojas y amarillas. Vamos subiendo la cuesta, que arriba en mi calle se prendió la fiesta…”.

Y también desde el amanecer, incluso desde casi antes de que se asomara el sol, ya rondaban radiantes por ahí las mujeres, los niños y los hombres de San Vicente del Caguán, al igual que los cientos de invitados por parte del Gobierno y de las Farc. Todos con ganas de ir al parque principal para ser testigos del histórico momento: la iniciación de la mesa de diálogo.

Y un poco después, por todos los costados del pueblo, comenzaron a aparecer esas romerías de rostros esperanzados, las mujeres hermosas, los niños corretones, los vendedores de banderas y helados, el rugido incesante de las motos, los pitos de los carros, el eco de una papayera incansable que deambula feliz por la mañana, las carpas multicolores, los saludos optimistas, los encuentros fraternales, los abrazos alegres, los altoparlantes, la multitud agolpada y ese rumor de música que pareciera no acabar jamás.

Si hoy San Vicente es una verdadera fiesta, pese a que no asistió ‘don Manuel’, tal como dijo una anciana que presenció el encuentro. Y agregó que “me hubiera gustado conocer a ‘don Manuel’, pero hoy hay que vestirse de fiesta por Colombia.

Una imagen imborrable

Ni siquiera este sol despiadado, que aquí reverbera sin tregua a cada momento, pudo hoy derrotar la esperanza.

A pesar de que todo parece hervir a cada instante, la gente estuvo ahí, serena y firme, esperando el momento supremo, cubierta con los sombreros blancos y las gorras deportivas. Y por fin llegó ese instante. El momento cumbre: el encuentro entre el Gobierno y las Farc, y las palabras de ‘Joaquín Gómez’, dando lectura al mensaje de su comandante, y después las del presidente Andrés Pastrana, antes de que oficializara el comienzo de la mesa del diálogo.

Hoy la esperanza de la paz no tuvo obstáculos. Gobierno y Farc cruzaron sus destinos para comprometerse, sin reserva, a buscar la paz para todos los colombianos. Y por eso es la fiesta. Porque Colombia quiere sepultar para siempre en su pasado casi medio siglo de sangre, muerte, dolor y desolación. Y lo quiere sepultar con alegría. Así, como se van las penas: con una fiesta.

Y ahí, cerca de los grandes protagonistas de este histórico encuentro, una imagen insólita: los mejores agentes de la Policía aliados con guerrilleros de las Farc para garantizar la seguridad de todos. Así, como si fuera un anticipo de la paz. Una prueba de que la reconciliación es posible. Y ahí, al frente de los invitados especiales. Y por todos los costados, casi empujando a cientos de guerrilleros uniformados y armados, el pueblo raso alegre, repleto de esperanzas de paz y como el mejor testigo de esa imagen imborrable: el que puede ser el comienzo del fin de una guerra insensata.

Y después, cuando terminó el acto, cuando cesó el protocolo, fue como si hubiera hecho erupción un volcán contenido: estalló la fiesta. Ahí fue el tumulto, la congestión, los gritos, las risas. Casi un carnaval. Y por todos lados se escuchan los comentarios, y las anécdotas. Incluso, ahí, al pie del atrio de la iglesia, un muchacho dijo que a ‘Raúl Reyes’, ‘Joaquín Gómez’ y ‘Fabián Ramírez’, los tres negociadores de las Farc, ahora les dicen los ‘Tres Reyes Magos’, porque dizque llegaron el 6 de enero; incluso uno de ellos, ‘Joaquín Gómez’, es negrito. “Sí, pero ojalá no nos traigan oro, incienso y mirra, sino paz, justicia y progreso”, dijo al pasar una estudiante de mente rápida, quien al tiempo lamentó la ausencia de ‘Tirofijo’. Pero él, al igual que todos los pobladores de San Vicente del Caguán, coincidió en afirmar que con él o sin él la alegría rebosa, porque…. “es el principal paso para la paz”. Y ahí, como testigo de todo, quedaron los dos mensajes que hay pintados en la pared de la iglesia: “Ofrece la paz y recibirás el perdón” y “De la justicia de cada uno nace la paz para todos”, y por todo el pueblo quedaron hoy revoloteando las ganas de danzar. Por eso esperaban la noche para escuchar a Marbelle y a Iván y sus Bam Band. San Vicente es una fiesta…. sin ‘don Manuel’.  

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