Santa Marta comenzó a enfrentar dos de los problemas que durante décadas han frenado su desarrollo: el colapso de su sistema de alcantarillado y la escasez de agua potable. La rehabilitación de la Estación de Bombeo de Aguas Residuales (EBAR) Norte, entregada por el Gobierno Nacional y la Alcaldía Distrital, busca poner fin a los constantes rebosamientos de aguas negras que afectaban el Centro Histórico, el mercado público, Pescaíto y otros sectores tradicionales de la ciudad.
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La obra representa mucho más que la recuperación de una infraestructura. Hace parte de una estrategia de inversiones superiores a los $860.000 millones para modernizar los sistemas de acueducto y alcantarillado y avanzar en proyectos considerados históricos, entre ellos la planta desalinizadora que permitirá transformar agua del mar en agua potable para abastecer a más de 550 mil samarios.
El primer paso para recuperar el saneamiento
La EBAR Norte es el corazón del sistema de alcantarillado sanitario de Santa Marta. Desde allí se impulsan las aguas residuales hacia las plantas de tratamiento, razón por la cual su deterioro terminó afectando buena parte de la ciudad.
La falta de una intervención integral durante 28 años provocó fallas permanentes que derivaron en rebosamientos de alcantarillas, malos olores y afectaciones sanitarias que golpearon especialmente al Centro Histórico, el mercado público y el emblemático barrio Pescaíto, sectores por donde diariamente circulan miles de residentes, comerciantes y turistas.
Hoy el panorama comienza a cambiar. La estación opera con equipos rehabilitados y una capacidad renovada para responder a la demanda de una ciudad que ha crecido de manera acelerada.
Durante la entrega de la obra, la ministra de Vivienda, Ciudad y Territorio, Helga María Rivas, recordó que en sus anteriores visitas el panorama era completamente diferente. “Me decían que aquí no podía respirar y que debía venir con todo tipo de tapabocas”.
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Para la funcionaria, la rehabilitación de la EBAR Norte representa apenas el comienzo de una transformación mucho más amplia. “Este Gobierno puso su corazón en Santa Marta. Hoy entregamos una obra simbólica y anunciamos que ya tenemos todo avanzado para que podamos contar con agua a través de la desalinización. Es un hecho que responde al ordenamiento territorial alrededor del agua y al compromiso de humanizar la vida en la ciudad”, expresó.
La comunidad empezó a respirar diferente
Si alguien conoce el impacto del deterioro de la EBAR Norte son los habitantes de Pescaíto y de los barrios vecinos. Durante años convivieron con el rebosamiento permanente de aguas residuales, malos olores y calles anegadas que afectaban la salud pública, el comercio y la actividad turística.
René Atencio, vocero de la veeduría ciudadana que acompañó el seguimiento al proyecto, recordó que las primeras inspecciones eran prácticamente insoportables. “Hoy estamos respirando un aire completamente diferente. Pescaíto vivió durante años inundado por aguas residuales. Luchamos para que esta obra fuera una realidad y hoy podemos decir que valió la pena”, manifestó.
El líder comunitario recordó que la búsqueda de soluciones llegó incluso al Congreso para conseguir recursos que permitieran recuperar una infraestructura considerada estratégica para toda la ciudad.
Gobierno Nacional y Distrito destacan el trabajo conjunto
Durante el acto de inauguración, tanto la Nación como la Alcaldía insistieron en que el proyecto demuestra la importancia de la articulación institucional para sacar adelante obras de gran impacto.
El alcalde Carlos Pinedo Cuello sostuvo que la rehabilitación de la EBAR Norte hace parte de una política orientada a resolver los problemas estructurales que durante años permanecieron sin solución.
El mandatario aseguró que el saneamiento básico debe convertirse en una prioridad para garantizar el crecimiento urbano, el turismo y la competitividad de Santa Marta.
La planta desalinizadora entra en la cuenta regresiva
La inauguración de la EBAR Norte también sirvió para confirmar el avance de una obra considerada fundamental para enfrentar la crisis de abastecimiento de agua potable. La ministra Helga María Rivas anunció que la adjudicación de la planta desalinizadora se encuentra en su fase final y que el proyecto comenzará a ejecutarse próximamente.
La infraestructura tendrá capacidad para producir 600 litros de agua potable por segundo, beneficiará a más de 500 mil habitantes y permitirá aprovechar el agua del mar como una nueva fuente de abastecimiento para una ciudad que históricamente ha sufrido por la escasez del recurso.
Según explicó la funcionaria, la iniciativa forma parte del Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado, diseñado para garantizar soluciones de largo plazo. “Si no existe un plan maestro de acueducto y alcantarillado, todas estas obras pierden sentido. Lo que buscamos es darle un sentido al desarrollo humano, a la equidad y al futuro de Santa Marta”.
El gerente de Infraestructura del Distrito, Luis Felipe Gutiérrez, explicó que la planta estará ubicada en el norte de la ciudad y complementará otros proyectos estratégicos como la Planta de Tratamiento de Agua Potable El Curval y nuevos colectores sanitarios y pluviales.
Un cambio que apenas comienza
La rehabilitación de la EBAR Norte, por sí sola, no resolverá todos los problemas relacionados con el agua en Santa Marta. La ciudad continúa enfrentando una fuerte presión sobre sus fuentes hídricas, agravada por el crecimiento urbano, las temporadas de sequía y un rezago histórico en infraestructura.
Sin embargo, la entrada en operación de la estación representa el primer resultado visible de un paquete de inversiones que busca transformar el sistema de saneamiento y abastecimiento de agua de la capital del Magdalena.
El verdadero reto ahora será convertir en realidad los anuncios hechos durante la inauguración. Si la planta desalinizadora, la Planta El Curval y las demás obras del Plan Maestro cumplen los cronogramas previstos, Santa Marta podría comenzar a dejar atrás una crisis que durante décadas afectó la salud pública, limitó su desarrollo y deterioró la calidad de vida de cientos de miles de habitantes.
Para quienes viven en Pescaíto, el Centro Histórico y el mercado público, el cambio empezó a sentirse con el fin de los rebosamientos. El siguiente desafío será abrir la llave y encontrar agua potable de manera permanente, una meta que la ciudad ha esperado durante generaciones.