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18 May 2022 - 1:28 a. m.

La atención humanitaria a migrantes no para en Necoclí, Antioquia

En temporada alta, cerca de 150 migrantes salen a diario desde Necoclí hacia Capurganá o Acandí, Chocó, para llegar a la selva del Darién que los lleva hasta Panamá. En temporadas bajas el promedio es de 80 personas y todas van en busca del sueño americano.
Hasta Necoclí llegan migrantes de 45 nacionalidades para cruzar el tapón del Darién.
Hasta Necoclí llegan migrantes de 45 nacionalidades para cruzar el tapón del Darién.
Foto: Nicolás Díaz Roldán

“Yo estuve nueve días en la travesía. Íbamos 96 personas, contando los niños. Hay partes en las que el lodo me llegaba a las rodillas. Lo más duro es la última montaña, uno ve como a la gente le dan infartos y quedan ahí. Lo que uno ve allá es tremendo”, recuerda, entre lágrimas, un colombiano que prefiere no revelar su identidad y que cruzó el tapón del Darién, la selva que separa a Colombia de Panamá.

Como él, decenas de migrantes de diferentes países llegan a diario hasta Necoclí, Antioquia, para ir hacia Capurganá o Acandí, en Chocó. El trayecto en lancha dura dos horas por el mar Caribe y tiene un costo para los migrantes de $160.000. Al llegar a los municipios chocoanos encuentran la entrada a la selva del Darién, que con suerte y sin niños, cruzarán caminando en una semana para llegar al país vecino.

“La migración en Necoclí tiene la particularidad que es el encuentro de muchas nacionalidades. A través de Necoclí y por el Darién transitan más de 45 nacionalidades con la expectativa de mejorar sus condiciones de vida. Tenemos orígenes diversos, por ejemplo hay migrantes de Haití, peruanos, ecuatorianos, venezolanos, e incluso colombianos. En el caso de África hay migrantes de Angola, Togo, El Congo; y por Asia, algunos de Bangladesh y China”, explica, Diego Piñeros, gerente de migración de la Cruz Roja Colombiana.

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En su paso por la selva las vulneraciones a las que están expuestos los migrantes son varias. Por un lado están las condiciones climáticas, pues el tapón del Darién es una de las zonas donde más precipitaciones se presentan al año en la región. Por otro lado, la presencia de grupos armados al margen de la ley, expone, especialmente, a los niños, niñas y mujeres, a diferentes tipos de violencias, entre ellas la sexual.

“Hay niños separados y no acompañados. Hemos tenido casos donde, por circunstancias de la travesía, las familias se separaron. Nuestros colegas de Unicef en Panamá han recibido niños que han llegado antes que sus padres, para esto hay unos espacios de protección allá. También vemos jóvenes menores de 18 años que deciden emprender su camino solos, lo que hacemos es brindarles orientación e información sobre los peligros a los que están expuestos”, sostiene Magali Ortiz, coordinadora de emergencias de UNICEF Colombia.

El destino de la mayoría de estas personas es Estados Unidos, pero Colombia no es precisamente su punto de partida. Ariel Garrigó Sotolongo es un cubano que salió de su país hace cuatro años en busca de mejores oportunidades. “Estuve en Brasil, Perú, Ecuador, llevaba tres años reuniendo el dinero, en total 3.000 dólares para ir hasta Estados Unidos, y me los robaron en Medellín. Ahora estoy rebuscando para poder seguir mi camino. No me da miedo cruzar la selva, más miedo me da quedarme aquí sin nada, sin comida. Al final es lo mismo”, dice el migrante de 32 años.

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Ariel hace parte de las 80 personas que en promedio salen a diario desde Necoclí. La dinámica migratoria en esta zona del país es cambiante, pero constante. El panorama de hoy en el municipio antioqueño es muy diferente al de hace siete meses, cuando más de 20.000 migrantes quedaron represados. Entre agosto y noviembre de 2021 el perfil migrante que predominaba en Necoclí eran familias completas, hoy el panorama es distinto, hay más jóvenes y cada vez crece más la presencia de latinoamericanos, especialmente de venezolanos, que quieren llegar a Estados Unidos.

Hasta el 30 de abril, Samira Gozaine, directora del Servicio Nacional de Migración de Panamá, informó que en lo corrido del año habían llegado a Panamá por el Darién, 19.000 personas. Es por esto que la respuesta humanitaria de instituciones como la Cruz Roja Colombiana, que ha atendido desde agosto de 2021, hasta mayo de 2022, a 10.897 personas en Necoclí, la mayoría en servicios de salud; también se debe adaptar a la necesidades de estas personas y sus perfiles.

“Trabajamos en varios frentes, y uno de ellos es, respetando su voluntad de movimiento, asegurar que transiten de manera informada. Además, tenemos atención en servicios en salud, por ejemplo: atención primaria, entrega de medicamentos, apoyo psicosocial; también tenemos mecanismos como el restablecimiento de contactos familiares, entendiendo que en la migración las personas pierden contacto con sus redes de apoyo”, asegura Diego Piñeros.

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Justamente eso le sucedió a Kervin, un migrante venezolano que salió de su país hace cuatro años. Después de haber estado en Chile, Perú y Colombia, tomó la decisión de emprender su viaje a Estados Unidos, dejando atrás a su esposa y sus dos hijos de 2 y 4 años. Cuando tiene la oportunidad llama, con algún celular prestado, a la mamá de sus hijos que se quedó en Bogotá. Pensando en esta situación, que se repite a diario, la Cruz Roja Colombiana instaló un punto en la playa de Necoclí, donde los migrantes pueden llamar a cualquier parte del mundo.

Al llegar allí es común ver a las personas con mapas en sus manos donde pueden ver su ubicación y el trayecto hasta Panamá. Si bien los migrantes saben los riesgos que enfrentan, el sueño de tener una mejor vida los motiva a seguir el camino, como en el caso de Antonieta Otaiza quien decidió cruzar el Darién con su esposo y sus dos hijos, uno de 8 meses y otro de 2 años. “Es un poco duro pero no imposible. Tenemos que caminar seis o siete días, no hay que llevar mucho peso; tenemos que ir con la mente que sí podemos porque hay muchos que entran y no salen. La verdad es un poco duro”, dice Otaiza.

Otros, en cambio, preferirían no tener que arriesgar su vida de esta manera, como lo manifiesta Voltaire Jean, un haitiano que después de vivir ocho años en Brasil decidió viajar hasta Estados Unidos con su esposa y su hijo de tres años. Con un acento entre portugués y francés, que dificultan entender su español, dice: “Llegué hasta aquí para buscar oportunidades a pesar del riesgo. Es una situación muy difícil, no deberíamos hacerlo para buscar una vida mejor. No se debería hacer, pero si la vida me lo permite lo haré”.

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