Desde 2016 la Filarmónica de Medellín impulsa en el corredor bananero el proyecto de la Orquesta Filarmónica Infantil y Juvenil de Urabá, que atiende a niños y adolescentes entre 6 y 17 años, impactando a más de 800 familias distribuidas en Turbo, Carepa, Chigorodó, Currulao, Nueva Colonia, Ríogrande y Apartadó. La orquesta ofrece clases gratuitas de instrumentos, teoría musical, composición y canto que buscan transformar la vida de los 1.257 participantes a través de la música.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta?
Lea: Rescatan con vida a mujer tras colapso de edificio en riesgo en Pereira
María Catalina Prieto, directora de la Filarmónica de Medellín (Filarmed), cuenta que el proyecto nació por invitación de Fundauniban, fundación social empresarial de la bananera C.I. Unibán S.A, que buscaba la forma de que los niños de Urabá "pudieran tener acceso a otras formas de arte y, a través de ellas, a los beneficios que tienen las prácticas musicales colectivas".
Hace diez años, la orquesta funcionaba fuera del horario escolar en algunos colegios, con 90 niños que recibían clases de instrumentos cada 15 días con músicos de Filarmed que viajaban desde Medellín, en un proceso lento, condicionado por las seis horas que separan la capital antioqueña de Urabá. Pero en 2019 el proyecto contrató a un coordinador y profesores que vivieran en la zona para dar clases entre semana, mientras los músicos de Filarmed seguían viajando cada 15 días para hacer ajustes técnicos y dirigir los ensayos de la orquesta completa.
En 2021, Fundauniban decidió retirarse y las dudas al rededor del proyecto crecieron entre la comunidad. Prieto recuerda que desde el incio de la orquesta los habitantes de los municipios urabeños desconfiaban: "ellos decían: ‘ustedes seguro son como todos, que cuando las cosas se ponen difíciles y se van las grandes agencias, se van a ir y nos van a dejar a nuestros muchachos tirados’. Y yo decía: ‘eso no va a pasar, me comprometo a que vamos a estar acá'". Por eso, durante casi dos años, sin patrocinadores ni cooperantes, Filarmed sostuvo la orquesta con recursos propios para cumplir el compromiso que le había hecho a la comunidad y a los niños y jóvenes.
En 2024, la llegada de la empresa Banafrut como aliado cambió la escala del proyecto y la cobertura pasó de 340 a más de 1.000 niños, y la formación dejó de ser solo orquestal, pues ahora también hay una chirimía y un grupo de danza que trabaja con músicas tradicionales de la región.
Sharick Higuita, de 15 años, lleva tres años en la orquesta y es parte de esa nueva etapa: empezó tocando violín y en 2024 se pasó al violonchelo, un instrumento que veía como un reto que quería cumplir porque, según cuenta, "es un instrumento grande y exigente. No sabía cómo agarrar el arco ni leer notas en clave de fa". Hoy, además de clases de teoría y técnica, ensaya los miércoles con la orquesta de cámara, "donde todos debemos escucharnos para sonar como uno solo".
Sharick resalta que la orquesta le ha mostrado la importancia de la disciplina y la paciencia: "he aprendido que un error no es el final, es parte del aprendizaje, y que en la orquesta nadie suena solo, porque todos nos necesitamos". Para ella, pertenecer a la orquesta es "una forma de aportar a la cultura de Carepa y de los demás municipios de la región".
Para Prieto, el mayor logro de estos diez años es que el proyecto ya no depende de Medellín, sino que todos los profesores, salvo uno, son de Urabá y se formaron allí: "no es coger las cosas de Medellín o de Bogotá y aterrizarlas en Urabá, sino que realmente son gente del territorio". Cuando la orquesta llegó, recuerda, "ni siquiera la Universidad de Antioquia tenía profesores de violín, ni de viola, ni de chelo, porque no había quién los tocara". Hoy, cinco egresados del programa FilU estudian música como carrera profesional. Uno de ellos es Miguel Ángel Ramírez, que hoy tiene 19 años. Llegó a la orquesta en 2017, a los 11, cuando en su colegio anunciaron inscripciones para clases de música y el profesor de iniciación musical, Jesús Tapasco, lo introdujo en ese mundo. "Conocí lo que es la música académica, la música sinfónica, me enamoré de mi instrumento, que es el violín. Realmente fue un despertar", cuenta Ramírez.
Prieto cuenta con orgullo cómo era Miguel en esos primeros años en la orquesta y su crecimiento en el programa: "Miguel era un niño tímido que no hablaba mucho, y con el tiempo se fue convirtiendo en el concertino, en el primer violín de la orquesta, y hoy es el que me ayuda a conseguir recursos para la orquesta". Actualmente estudia Licenciatura en Música con énfasis en violín en la Universidad de Antioquia y asegura que quiere llegar lejos con la música, que sueña con "conocer todos los libros de música, todas las partituras de Bach, toda la música académica que pueda y, en un futuro, si es posible, llegar a ser parte de una orquesta". Todo esto, destaca, sin olvidar la FilU, que sigue siendo su casa, "esta orquesta tiene toda mi adolescencia, desde los 11 años. Es el lugar en el que maduré como persona, crecí, me desarrollé, no solo como músico, sino también como ser humano".
La directora afirma que este arraigo que siente Miguel por la orquesta se repite entre muchos de los egresados: "uno pregunta qué quieren hacer más adelante y la mayoría no van a decir que quieren de la Filarmónica de Medellín ni que quieren irse a estudiar a Berlín. Lo que van a decir es que su sueño es ser profesores de la Orquesta Filarmónica Infantil y Juvenil de Urabá".
Lea: Nuevo muelle impulsa la pesca artesanal en Providencia y mejora conexión con el mercado
En las mediciones de impacto social que Filarmed hace en sus programas, los resultados en Urabá muestran que los niños de la orquesta tienen menos probabilidad de abandonar el colegio, mejor rendimiento académico y un mayor arraigo con su región, y que se convierten en líderes en sus colegios y comunidades. Además, Prieto asegura que el efecto también alcanza a las familias que se involucran en el proceso y generan cohesión social: "ver los resultados no es fácil de un año a otro, pero cuando tienes 10 años para mirar atrás, los resultados son impresionantes".
La celebración de los diez años del proyecto en Urabá será un gran concierto el 13 de noviembre de 2026. Para la ocasión, poetas de los cuatro principales municipios donde trabaja la orquesta escribieron poemas sobre su territorio y, a partir de ellos, se compuso una obra origina con cuatro movimientos, uno por cada municipio. Los niños la interpretarán con los poetas presentes, junto con arreglos de chirimías tradicionales, en un encuentro al que esperan invitar a quienes han hecho parte de la historia de la orquesta para agradecerles por sus aportes al proyecto.
Para Prieto, el aniversario es también un recordatorio de la importancia de invertir en cultura en las regiones: "se nos ha olvidado que la música, las prácticas musicales colectivas, tienen valores mucho más allá de entretener o de pasar un rato". En una orquesta, explica, se aprende del profesor y del compañero, se aprende a concertar y a trabajar en equipo. "Si se comprendiera que esas habilidades se necesitan para ser mejores ciudadanos y para vivir mejor en sociedad, creo que seríamos sociedades muchísimo más justas", concluye la directora.