15 Mar 2016 - 4:59 a. m.

La paz se hace con las víctimas

A Teresita Gaviria los paramilitares le asesinaron a su padre y un hermano y le desaparecieron a su hijo.

Teresita Gaviria

En 1982 asesinaron a mi papá y con su muerte intenté resignarme y salir adelante con semejante situación. Pero después, cuando desaparecen a mi hijo, Cristian Camilo, la cosa fue distinta, aún soy perseverante.

Uno llora ante la ausencia de un hijo y uno lo extraña demasiado. La cosa es distinta, porque desde que ese hijo está en el vientre uno piensa en cuidar eso que es sangre de su sangre y uno nunca se va a resignar. Antes de la desaparición de Camilo celebrábamos año tras año su cumpleaños, ahora es distinto. Ahora año tras año conmemoramos el día de su desaparición forzada. El 5 de enero de 1998 no volvimos a ver a Cristian Camilo y, a pesar de todos los esfuerzos que hemos hecho, no lo hemos encontrado.

Uno busca ese hijo. Va uno a un municipio donde le dicen que de pronto fue arrojado en tierras movedizas y eso es para uno difícil. Un hijo me ha puesto a caminar 17 años detrás de él, gritando por todo Antioquia: “Los queremos vivos, libres y en paz. Devuelvan a mi hijo”. Yo quiero que cambien mi vida por la vida de mi hijo, eso no lo hace cualquier familiar, eso solo lo hace una madre. La pérdida de mi padre la fui tolerando de a poquito, pero la desaparición o muerte de mi hijo es irreversible. El sufrimiento y el dolor son permanentes.

El perdón es de voluntades, lo hemos discutido varias personas analizando nuestra situación. Muchas perdonaron. Pero hoy son los desmovilizados quienes deben aprender a pedirle perdón al país por tantas masacres.

Una madre me decía que es muy duro, porque perdonando no está olvidando que la guerrilla le mató la hija y se la descuartizó, pero el perdón nos libra de tantas dolencias, de tantos dolores de cabeza y enfermedades. Si yo tengo voluntad de salir del caos, de esa enfermedad y de ese peso en el cerebro, y tuviera en este momento a Ramón Isaza de frente, no me lo tragaría. Hoy el discurso es diferente.

Yo estoy tranquila, no del todo porque me falta mi hijo amado y porque no he hablado con los paramilitares del Magdalena Medio que lo habrían desaparecido. Ninguno ha dicho la verdad de lo que pasó.

Fui una de las víctimas que viajaron a Cuba. Antes de llegar tenía mucho miedo, pensando cuál iba a ser la reacción de los guerrilleros cuando comenzara a contar mis experiencias como víctima del paramilitarismo. Pensaba que iban a decir: “¿A qué vino?” Me pasaban por la mente miles de cosas, pero me equivoqué porque cuando llegué, encontré a unas personas que nos trataron bien. Los reté a decirles: “mírenme como una amiga, estoy dispuesta a trabajar con ustedes la paz que estamos esperando muchos colombianos”. Desafortunadamente cuando eso pasó me dieron muchas ganas de llorar, porque recordé a mis desaparecidos y lo que uno llega a imaginarse de lo que pasó con ellos, lo peor. Pero esos guerrilleros eran diferentes, no los ogros que me encontraba en las montañas. Me encontré con personas que lamentaban lo que me pasó y que se comprometieron a reconocer todas sus responsabilidades.

Para llegar al posconflicto primero tienen que preparar a las víctimas. Eso no es tan de ligereza, es una cosa muy seria. Si yo y mis compañeras estamos preparadas es porque trabajamos para la paz. Pero hay otras organizaciones que dicen que no quieren saber de ella. Entonces ese es el trabajo que nos espera para ver el país que merecemos, el que queremos dejarles a nuestros hijos y nietos. No es fácil y tenemos que estar preparados para todo lo que venga. Lo que queremos nosotras es que los territorios colombianos estén libres de miedos y libres de muchas cosas que se nos vendrán encima.

La paz se hace con las víctimas que ellos dejaron en todas las eras del camino. Esa es la invitación para ellos, trabajar en conjunto con las víctimas, que somos los que todavía estamos llorando a nuestros hijos. Ahí sí creo que hace falta que nos unamos entre todos.

Un mensaje muy claro que queremos dejarles a los paramilitares, a la guerrilla, a la delincuencia común y a cualquiera que haya sido, es que nos digan la verdad. Perdonamos, pero para nosotras es fundamental.

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