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En una ciudad que vive del mar, del turismo y de su riqueza natural, miles de habitantes de Santa Marta conviven con una realidad que contradice su imagen internacional: calles inundadas de aguas residuales, viviendas invadidas por olores insoportables y playas amenazadas por la contaminación.
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El colapso del sistema de alcantarillado afecta por igual a barrios populares, sectores residenciales y zonas de alto valor inmobiliario, deteriorando la calidad de vida y profundizando el malestar social.
Las recientes lluvias asociadas al frente frío, aunque ya cesaron, dejaron una vez más en evidencia la fragilidad de la infraestructura sanitaria. Por toda la ciudad se registran rebosamientos simultáneos, generando una emergencia sanitaria. Para muchos habitantes, estos episodios no son hechos aislados, sino parte de una rutina marcada por el abandono.
“Cuando llueve, uno ya sabe lo que viene: aguas negras entrando a la casa, niños enfermos y noches sin dormir por el olor”, relata Marta Pérez, residente del barrio Bastidas desde hace más de dos décadas. “Nos hemos acostumbrado a vivir así, pero no debería ser normal”.
“Vivir entre aguas negras no puede ser el destino de esta ciudad”
Ante la falta de soluciones estructurales, comunidades de distintos puntos de la ciudad iniciaron una firmatón para respaldar una acción de tutela que obligue a las autoridades a intervenir de manera integral el sistema. La iniciativa busca reunir evidencias, testimonios y firmas para exigir el respeto a derechos fundamentales como la salud, el ambiente sano y la dignidad humana.
En sectores como Pescaíto, El Rodadero, el Centro Histórico, Los Cocos y barrios del sur, las alcantarillas desbordadas han transformado calles y avenidas en focos permanentes de riesgo sanitario. Comerciantes aseguran que la situación también golpea sus ingresos.
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“Hay días en que los clientes no entran porque el olor es insoportable. ¿Quién quiere sentarse a comer al lado de un caño reventado?”, cuenta José Martínez, propietario de un pequeño restaurante en el Centro Histórico. “Esto nos está quebrando poco a poco”.
Desde el sector turístico, las preocupaciones también crecen. Operadores y guías advierten que la imagen de la ciudad se deteriora frente a visitantes nacionales y extranjeros. “Vendemos paraíso, pero muchas veces lo que encuentran es contaminación. Eso afecta la reputación de Santa Marta y el sustento de cientos de familias”, afirmó un guía turístico.
La tutela impulsada por la ciudadanía también exige el cumplimiento efectivo de la Sentencia T-290 de 2024 de la Corte Constitucional, que ordenó medidas urgentes para el barrio Los Cocos, pero que, según líderes sociales, no se ha implementado plenamente.
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“La ciudad está cansada de vivir entre aguas negras. No podemos seguir normalizando esta situación. Nos estamos organizando para exigir soluciones de fondo”, afirmó Edgardo Vizcaíno, edil de la Localidad 1 y uno de los promotores de la iniciativa.
Por su parte, Pablo Acuña, también impulsor del proceso, sostiene que los rebosamientos ya hacen parte del paisaje urbano. “Tenemos avenidas convertidas en ríos de aguas servidas, una crisis sanitaria y ambiental bajo el silencio de muchos. Por eso impulsamos esta firmatón: para defender nuestra salud, nuestra dignidad y el medio ambiente”, señaló.
Alcaldía pide que cese intervención de la Essmar
En paralelo, la Alcaldía Distrital ha reconocido las dificultades en la operación de la Empresa de Servicios Públicos de Santa Marta (Essmar) y ha insistido en que su intervención no ha dado los resultados esperados, planteando la necesidad de que la empresa regrese al control del Distrito. Sin embargo, para las comunidades, estas discusiones no se traducen en mejoras concretas.
Expertos en servicios públicos advierten que el problema no se resolverá con soluciones temporales. Se requiere inversión sostenida, modernización de redes y un modelo de gestión transparente que priorice el bienestar ciudadano sobre intereses políticos o administrativos.
En los próximos días se adelantarán jornadas de recolección de firmas en barrios y espacios públicos. La convocatoria, que circula en redes sociales, busca consolidarse como una acción colectiva. Más allá de una tutela, la firmatón representa el cansancio acumulado de una ciudad que durante años se ha visto obligada a convivir con ríos de aguas servidas, malos olores y amenazas a la salud pública.