3 Dec 2010 - 7:52 p. m.

Lluvias no dan tregua en gran parte del territorio nacional

Será negra la Navidad de miles de personas que han resultado afectadas por la ola invernal.

El Espectador

De nuevo las lluvias, las emergencias, los damnificados. El invierno: la cíclica historia de un desastre que día a día se prolonga en un largo etcétera de pérdidas y vidas arruinadas.

En la costa Atlántica, el Canal del Dique se desbordó y las aguas del río Magdalena comenzaron a arrasar con lo que encontraron a su paso. En el sur, el desbordamiento del Cauca también tiene en alerta a varias poblaciones del Valle.

La situación en el centro del país no varía y las inundaciones que ya había en los municipios de la sabana de Bogotá, en Mosquera y Cota, se agravaron por los fuertes aguaceros. El agua sube y sube y va llenándolo todo.

Una de las últimas víctimas de la ola invernal fue el Jardín Botánico de la capital, en donde varias colecciones se inundaron hasta metro y medio. La emergencia ha obligado a sacar el agua con motobombas durante más de 48 horas. El promedio normal de lluvia en el jardín es de 10 milímetros; en un solo aguacero esta cifra fue de 79 milímetros. “Nuestra angustia es grande porque si no sacamos todo el agua en menos de 72 horas, estas especies, únicas en el país y en el mundo, se mueren. Usted está viendo morir en tres días el trabajo científico de los últimos 30 ó 40 años”, dijo Herman Martínez, director de la institución.

“Las más afectadas fueron las passifloras. Algunas de ellas sólo existen en el Jardín Botánico. Si mueren, no las volveremos a ver. Mire, esta es una serdana. Esta la pintó la expedición botánica de Mutis; hoy está presente únicamente acá”. Gustavo Morales es uno de los expertos del Jardín que ha plantado con sus propias manos cierta parte de la colección botánica de la institución. Su pronunciamiento no deja de estar cargado de una angustia ante lo inevitable, un sentimiento de abandono.

Las directivas de la institución ratificaron que, por el momento, el Jardín continuará abierto al público, aunque por razones obvias algunas zonas estarán cerradas mientras continúan los trabajos de bombeo de las aguas. Sin embargo, si la lluvia sigue cayendo con tal intensidad, o incluso mayor, la situación podría ser otra.

Mientras el Jardín se recupera y anuncia el rediseño de los senderos para canalizar el agua (una labor que comienza con el levantamiento topográfico del terreno y en la que se planea invertir más de $1.000 millones), los habitantes del barrio Marco Fidel Suárez no despegan la mirada de un muro de contención que amenaza con caer encima de 40 viviendas en cualquier momento.

Las versiones de los habitantes hablan del muro y la inminencia de su caída desde antes de la llegada del invierno. Sin embargo, con las lluvias el terreno ha cedido prontamente y, sólo ayer, la estructura se desplazó más de un metro. La amenaza es doble, pues no sólo están en peligro quienes viven bajo la estructura, sino quienes tienen su vivienda al lado: en el momento en que el terreno ceda arrastrará consigo las casas.

Como en tantos otros casos, esta también es una tragedia anunciada. “Anote mi número para que me llamen cuando se caiga la pared”, dijo uno de los curiosos que ha llegado a la zona. La Dirección de Prevención y Atención de Emergencias (DPAE) asegura que desde hace dos años se vienen lanzando alertas sobre el peligro que representa la caída del muro, que está en un predio privado, sin que el dueño del inmueble haya tomado acciones al respecto. La entidad aseguró que se estudia la forma de remover el peligro o de asegurar la estructura, al tiempo que se trabaja con las familias para que evacúen sus viviendas. Los habitantes del sector aseguran que tienen miedo de dejar sus casas porque después no recibirán ayuda de nadie y, en efecto, quedarán en la calle.

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