6 Feb 2014 - 3:00 a. m.

Los rastros de Obama y Mandela

¿Avanza la política pública sobre población negra en Colombia? Luces y sombras en la aplicación de normas que oficialmente se dictan con inusitado entusiasmo.

Jaime de la Hoz Simanca /

Lo primero que revela Esther Hernández es su rendida admiración por el recientemente fallecido líder africano, Nelson Mandela y por el presidente Barack Obama, afrodescendiente como ella, símbolos mundiales de una etnia que todavía mantiene su lucha contra la discriminación y el desconocimiento de derechos.

Después, reconoce el avance que se ha logrado desde el 30 de diciembre de 2013, cuando la ONU decidió, mediante resolución, celebrar el Decenio Internacional de los Afrodescendientes en un período que comenzará el 1º de enero de 2015 y terminará el 31 de diciembre de 2024.

“Es necesario fortalecer la lucha de los palenqueros, raizales, y afrodescendientes, pues todavía existen rezagos de la discriminación y el racismo que hubo en la época de la esclavitud”, afirma Esther mientras acaricia el turbante africano que envuelve su cabeza, el cual usa desde los tiempos en que se desempeñaba como docente, labor a la que robó espacios para escribir el libro Cultura y folclor afropalenquero en el carnaval de Barranquilla.

Ahora, pensionada, pero con una vitalidad a prueba del tiempo, prepara el vestuario a 50 niños que integran el Congo Alegría, una danza que desde hace 30 años desfila en la Gran Parada del Carnaval de Barranquilla en medio de muestras culturales del África de sus antepasados, los mismos que, junto a los raizales del archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, y los negros de otras comunidades no afros, conforman el 10,4% del total nacional, es decir 4’311.757 habitantes, según el censo del DANE de 2005.

En el informe del más reciente censo de población realizado en Colombia, se observa también que el analfabetismo, las necesidades básicas insatisfechas, la pobreza, el desempleo, el desplazamiento por violencia y la mortalidad infantil representan un porcentaje mayor que el del resto de la población colombiana.

Por tales razones, y otras que apuntan a la situación actual de los afrocolombianos, Esther agranda su alegre mirada cuando se entera de que en Barranquilla, su tierra, mediante la formulación de un proyecto de acuerdo, aprobado por el Concejo de la ciudad, se adoptó una política pública con enfoque diferencial con el propósito de garantizar el respeto por los derechos de la población negra, palenquera, raizal y afrocolombiana que habita en la capital del departamento del Atlántico, estimada en 150 mil personas.

La iniciativa surge del programa para afrodescendientes e indígenas de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), la Alcaldía Distrital de Barranquilla y la Secretaría de Gobierno del Distrito que dirige Josefa Cassiani, una abogada con raíces palenqueras, especializada en derecho administrativo y gestión pública, cuyo compromiso tendrá, como antecedente inmediato, la Tercera Cumbre Mundial de alcaldes y afrodescendientes que se llevó a cabo en Cali y Cartagena en septiembre de 2013, en medio de las imágenes y los recuerdos constantes de Mandela y Obama.

Ana Torres, afrodescendiente nativa de Palenque y asesora de Usaid para la región Caribe, coincide con Esther en la admiración hacia Mandela y Obama, este último “el mayor referente en la lucha que libramos por llegar a los cargos de poder y demostrar al mundo que sí podemos”. Entonces enfatiza, con voz grave y segura, que en Colombia son notorios la discriminación y el racismo.

Después de una minúscula pausa, continúa: “La discriminación no es sólo social, sino estructural, es decir, se evidencia en los campos de la educación, salud y vivienda. En Cartagena es más marcado el racismo”.

Ana recuerda que en Barranquilla las comunidades afrodescendientes están conformadas por un grueso número de palenqueros que iniciaron una segunda diáspora desde su bastión de libertad que construyeron en el departamento de Bolívar en el siglo XVI. Allí se mantuvieron, con sus costumbres y ritos, durante cuatro siglos y luego conformaron pequeñas oleadas que los agruparon en distintos puntos, entre ellos el Barrio Abajo de la Capital del Atlántico.

“Hay sesgo en Barranquilla —afirma Ana—. Falta mayor interés de parte de las instituciones. Tenemos a contadas personas afros en puestos de importancia, pero el rezago sigue siendo fuerte. Se requiere un mayor compromiso”.

—¿No existe mucha legislación y poca acción? —pregunto—.

—Sí —responde—. Desde la Constitución del 91 hasta acá son innumerables las legislaciones, convenios, autos, reglamentaciones y sentencias, pero poca acción. Todo está en el papel y hay brechas, pues no existe una seria implementación de políticas públicas. Los recursos de Usaid buscan que los planes de desarrollo en sus acciones tengan feliz concreción.

La lucha continúa y los esfuerzos no cesan, tal como lo evidencian las tres mujeres afrodescendientes que, desde distintos frentes, apuntan hacia el establecimiento de una política pública que se expanda hacia todo el país.

Esther lo piensa así en medio de las investigaciones que continúa adelantando sobre su etnia y mientras se prepara con ropajes de mil colores con el propósito de desfilar en el próximo carnaval al frente de sus párvulos, que entonarán canciones de su comunidad.

Josefa está segura, pues será la encargada de impulsar la política pública desde la ciudad en la que desempeña un cargo de poder al que antes no podía llegar un afrodescendiente.

Y Ana lo cree, después de haber visto pasar frente a sus ojos infinitas normas que se diluyen como agua entre los dedos. Cuentan, eso sí, con el ejemplo de Mandela, a quien el programa presidencial afrocolombiano que dirige Óscar Gamboa Zúñiga calificó, en su mensaje de condolencia del 5 de diciembre de 2013, como símbolo de la libertad, la paz, el perdón y la reconciliación.

ESPECIAL PARA EL ESPECTADOR

BARRANQUILLA

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