31 Aug 2011 - 10:27 p. m.

Los talones del Dique

El Canal del Dique en el Atlántico es un boquete bien sanado, pero que representa kilómetros de amenaza ambiental.

Adriana Carillo Silva

El 30 de noviembre de 2010 es una fecha que nos transporta inmediatamente al origen del desastre en el Atlántico. Un rompimiento en el Canal del Dique, exactamente en el kilómetro 3 entre Calamar y las compuertas, inundó, como ya es sabido, casi un 90% de esta población del sur del departamento. Hoy ya no se habla más del ‘boquete’, reforzado óptimamente en ese sector y soportado además por una carretera que lo bloquea, pero, paradójicamente, mientras un kilómetro es el orgullo de la asistencia eficiente al desastre, otros 24 que tiene ese sector del dique amenazan con sufrir futuros daños debido a su deterioro geotécnico.

El ingeniero Manuel Alvarado, quien lidera el proyecto propuesto en 1997 por la Universidad del Norte, con relación al río Magdalena y, en general, al plan de restauración ambiental que requiere la región, asegura que es ahora cuando se hacen necesarias las propuestas que puedan abarcar y dar solución al problema de sedimentación del canal, que ha causado grandes estragos a la Bahía de Cartagena, por ejemplo, así como dar solución al sostenimiento de las ciénagas presentes en la zona y a los posibles riesgos de infiltraciones que podrían presentarse por debajo de los diques. Un trabajo que, acentúa, debe hacerse de la mano de las comunidades.

Cuenta Alvarado que en estos últimos cinco años el río Magdalena ha presentado los niveles más altos de toda su historia, y todo es una cadena: ha crecido el nivel del mar, por lo tanto también el del río y, por supuesto, el del canal. El 80% de la zona permanece inundada, pues si bien han bajado los niveles del agua, para un campesino es lo mismo tener una inundación de seis metros a una de dos, ya que las tierras son igual de inútiles y el estancamiento es el mismo. En la zona de Santa Lucía los acueductos y alcantarillados (algunos conectados ilegalmente al canal) permanecen colapsados, lo cual suma una emergencia de sanidad.

La propuesta del grupo de ingenieros de la U. del Norte incluye además el replanteamiento de las vías, como la carretera de la Cordialidad y la vía Palermo-Plato que, insisten, deben estar alejadas de las aguas y deben permitir las conexiones entre las ciénagas. Otra de las propuestas es aprovechar toda la riqueza arqueológica y la biodiversidad, presentes en el bajo Canal del Dique, para hacer un parque cultural que permita conocerlas y admirarlas. “Hay 100 sitios arqueológicos en el bajo Canal del Dique”, cuenta el ingeniero. Aunque es consciente de los líos jurídicos alrededor del tema, también piensa que es un buen momento para discutirlos y repensar el manejo de las tierras.

Se acercan nuevas lluvias a la cuenca del Magdalena y se pronostican inundaciones, se cumpliría un año completo en medio de la inundación y la emergencia, tanto humanitaria como ambiental. Es claro que el proyecto de recuperación del sur del Atlántico debe pensarse como un proyecto macro, que la emergencia ha permitido poner sobre la mesa, pero que ya venía reclamando atención desde años atrás.

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