26 May 2008 - 4:20 a. m.

Marulanda dio guerra 50 años

Desde los años 50 hasta hoy, ‘Manuel Marulanda Vélez’ fue el gestor de un movimiento alzado en armas que aún no cesa en su confrontación.

El Espectador

Su primer grupo armado se llamó “Comando” y lo integró con sus primos Loaiza y Marín en la región de Río Blanco en el sur del Tolima. Su propósito era sobrevivir en la guerra partidista de los años 50. Al cabo de varios meses, del municipio de Chaparral llegó otro grupo armado, de inspiración comunista, con Isauro Yosa a la cabeza, y de la fusión de los dos grupos surgió un Estado Mayor Unificado que edificó un cuartel en la montaña del Davis y diseñó un sistema de autodefensa para confrontar al Estado.

Con el paso de los días, y después de las amnistías de 1953 y 1958, en contacto con otros grupos comunistas repartidos en la geografía nacional, Manuel Marulanda Vélez desplegó una ofensiva de guerrillas comunistas fortalecidas en un proceso de economía agraria. Era el comienzo de los años 60 y estos grupos armados fueron bautizados y denunciados por el congresista conservador Álvaro Gómez Hurtado como “Repúblicas Independientes”. Por eso se generó un debate político nacional que derivó en una ofensiva militar contra tales concentraciones.

La polémica pública se vio complementada por el apoyo que el gobierno de los Estados Unidos dio a la posibilidad de erradicar estos focos de comunismo. En esa perspectiva, ya en el gobierno de Guillermo León Valencia, y con la comandancia del general Alberto Ruiz Novoa, en 1964 se gestó la denominada “Operación Marquetalia”, que sucesivamente golpeó las estructuras armadas comunistas en el sur del Tolima, el norte del Huila, el norte del Cauca, la región del Sumapaz y varios sectores del departamento del Meta.

Precisamente las denominadas “Repúblicas Independientes”: Marquetalia, El Pato, Río Chiquito, Villa Rica y la región del río Duda. Tras los ataques militares, los grupos guerrilleros se desplazaron hacia la zona del Caguán, en el Caquetá, y en ese mismo 1964 anunciaron la creación de las llamadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc). Basadas en el secuestro y extorsión en las regiones donde fueron desplegándose, la organización fue multiplicando sus frentes de guerra a lo largo y ancho del territorio nacional.

A pesar de que el Estado reaccionó creando legalmente los grupos de autodefensa para combatir la expansión guerrillera, las Farc, bajo el mando de Manuel Marulanda, fueron expandiéndose, en una situación que se fue agravando para el Estado, en la medida en que también surgieron el Eln, el Epl, el Quintín Lame y el M-19. En medio de este panorama de confrontación armada, se fue también acentuando el negocio del narcotráfico, y las Farc, a través del denominado impuesto de gramaje, cobrado a los productores de droga, se fueron beneficiando económicamente de la producción de la cocaína.

Al llegar los años 80, primero las Farc confrontaron los años del Estatuto de Seguridad de Julio César Turbay y ya en el gobierno de Belisario Betancur, a partir de 1982, entraron en una negociación política que en marzo de 1984 terminó con la firma del cese al fuego. En dichas negociaciones, la voz fundamental de las Farc fue su máximo jefe Manuel Marulanda Vélez. Los negociadores del Gobierno fueron, inicialmente el dirigente liberal Otto Morales Benítez y John Agudelo Ríos. En los acuerdos, las Farc se comprometieron a abolir la práctica del secuestro.

Así mismo, en dichas negociaciones, se permitió la creación de la Unión Patriótica que, entre otros sectores, aceptó la vinculación de guerrilleros de las Farc. Por esta razón, comandantes como Iván Márquez y Braulio Herrera, se vincularon al Congreso de la República. Sin embargo, desde su misma creación, la UP fue objeto de una violenta ofensiva por parte del


paramilitarismo, financiado por el narcotráfico. De esta manera, la tregua entró en un círculo vicioso de incumplimientos, y hacia junio de 1987, se rompió en mil pedazos por un ataque contra un convoy militar, por parte de las Farc en el Caquetá.

Ya sin una negociación definida, las relaciones entre el Estado y las Farc entraron en una etapa muerta, entre otras cosas, porque el gobierno de Virgilio Barco afrontaba la ofensiva narcoterrorista de los extraditables. Al asumir el poder César Gaviria en 1990, apenas cuatro meses después de llegar a la Casa de Nariño, el Ejército desplegó una ofensiva militar contra Casa Verde, sede del Secretariado de las Farc en Uribe (Meta). La operación desalojó a los jefes de la guerrilla, entre ellos, a Marulanda, pero no derrotó a las Farc. Dos años después, el Gobierno y la guerrilla estaban sentados en una mesa de negociación.

Fueron las rondas de Caracas y Tlaxcala, donde una vez más no se pudo avanzar hacia la paz por el mismo motivo: la sin razón del secuestro. Al llegar a la Presidencia Ernesto Samper, su comisionado de paz, Carlos Holmes Trujillo, estaba negociando la posibilidad del despeje del municipio de Uribe, cuando estalló el escándalo del 8.000 y se acabaron las negociaciones. En su defecto, las Farc desplegaron una ofensiva militar sin precedentes y sacaron debajo de la manga su nuevo as de guerra: la toma de rehenes con propósitos de canje por presos de la guerrilla en las cárceles.

Lo demás es historia reciente. En el gobierno de Andrés Pastrana, las Farc lograron que les despejaran cuatro municipios del territorio nacional para adelantar conversaciones de paz, pero no fue posible lograr la concordia. Lo que sí logró Marulanda fue conseguir que se negociara un acuerdo humanitario que, en junio de 2001, permitió la liberación de casi 400 soldados y policías a cambio de 12 guerrilleros presos. Fueron las últimas apariciones públicas de Manuel Marulanda. En tiempos de Uribe no volvió a verse. Este fin de semana se supo que murió de infarto.

El último discurso

El pasado 24 de diciembre, ‘Manuel Marulanda Vélez’ expidió su última declaración pública, reconociendo que la confrontación del Plan Patriota les había hecho aprender una nueva fase del conflicto, con grandes operaciones de aviones, bombarderos, helicópteros, agentes de inteligencia y bloqueos económicos entre otras acciones.

Marulanda les sugería a los comandantes responder al presidente Uribe, pero aceptó que era una lucha compleja y que al concluir ese año, era necesario recordar a sus compañeros muertos, como ‘Acacio’ o ‘Martín Caballero’. El documento general llevaba un título de intención política: “Las Farc no son terroristas, son fuerzas beligerantes”.

La última carta de ‘Manuel Marulanda’ a su tropa

El 24 de diciembre pasado, Manuel Marulanda les envió un mensaje de navidad a todos los militantes de las Farc, en el que hace un balance de las acciones “político-militares de 2007 y comienzos de 2008”. El jefe guerrillero les dice que “ante las injusticias de la oligarquía, no queda otro camino que luchar sin distingo político junto a las organizaciones populares de masas para lograr cambios fundamentales sociopolíticos, con el aporte político-militar de Farc”.

Marulanda insiste en poner especial énfasis en la necesidad de motivar las masas a luchar por lograr el intercambio humanitario, “para evitar que guerrilleros mueran en la cárceles sindicados de narcoterroristas y otros en la selva”. Dice además que si el presidente Uribe hubiera despejado Florida y Pradera, el problema había sido resuelto años atrás y cuestiona las elecciones regionales de octubre de 2007, por fraude.

El fallecido líder de las Farc dice que el intercambio se convirtió en una bomba de tiempo “que ha logrado traspasar las fronteras, lo cual ha permitido un mayor apoyo internacional, colocando a Uribe en una posición incómoda, porque ha sido imposible impedir el protagonismo de las Farc”. Concluye que el Plan Patriota ha sido un fracaso y, por último, recuerda a Acacio, Martín Caballero y demás guerrilleros muertos en combate. “Hasta el triunfo. Fuerte apretón de manos”, termina la misiva.

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