28 Nov 2008 - 2:02 a. m.

“Más que marchar, se trata de concretar”

La familia de Libio José Martínez Estrada, el cabo que junto a Pablo Emilio Moncayo está próximo a cumplir 11 años en poder de las Farc, siendo éstos quienes más tiempo llevan privados de la libertad, agradece la movilización de este 28 de noviembre, pero pide acciones urgentes, más que simbólicas.

Alfonso Rico Torres

"Nos habíamos acostado cansados y como todas las noches con mucho frío. Patascoy es un cerro muy alto. Serían las 2 de la madrugada cuando un bombazo nos tiró al piso. No acatábamos a saber qué pasaba, pero las ráfagas de ametralladora nos hicieron entender que se trataba de un ataque...la tronadera de las bombas que nos mandaban hechas en tarros de leche en polvo no nos dejaba ni oír los gritos de ‘ríndanse chulos'. Nadie en nuestro campo daba órdenes. Esperábamos que el teniente, que dormía al pie de la central de radio, reaccionara, sin saber, en esa confusión, que había sido la primera baja.

Habían muerto 10 compañeros, 18 habíamos caído en manos de las Farc y tres habían podido huir. A las 8 estábamos llegando a la pata del cerro cuando vimos un helicóptero. La guerrilla lo dejó acercar y cuando lo tuvo a tiro, lo impactó. Regresaron a la base. Caminamos todo el día. A las 7 de la noche oímos el avión fantasma dando vueltas alrededor del cerro de Patascoy y ametrallando a la loca. Caminamos muchos días. Hasta la tarde en que llamaron por lista a los soldados. Nos hicieron formar y nos dieron la orden de caminar. A la madrugada nos dijeron: hasta aquí fueron fiestas. La alegría fue mucha: algunos estábamos libres".

Estos son algunos apartes del relato que un militar le dio al columnista Alfredo Molano, a propósito de los recuerdos que le embargan tras la incursión de 300 guerrilleros a la base militar donde funcionaba la Estación de Comunicaciones del Ejército, en el cerro de Patascoy, en límites entre Nariño y Putumayo, ocupada por integrantes del Batallón de Infantería Batalla de Boyacá. Once años después de aquel 21 de diciembre, dos uniformados siguen en poder del grupo subversivo: Pablo Emilio Moncayo Cabrera y Libio José Martínez Estrada. Los demás fueron liberados, junto con otros 226 militares y policías, el 28 de junio de 2001 en La Macarena (Meta) tras un canje por 14 subversivos que permanecían en prisión.

“Se lo llevaron muy joven, de 21 años de edad. Una persona tranquila, muy cariñosa, muy respetuosa”, recuerda su prima María Fanny Martínez, la vocera de la familia que siempre es saludada por Libio José en sus pruebas de supervivencia. Ella, tras una charla amena que por momentos se tornó en llanto, recordó que él está próximo a cumplir 11 años en la selva sin siquiera tener el derecho de conocer a su hijo Johan Steeven, a quien sólo pudo apreciar en el vientre de su madre, Claudia Tulcán, cuando tenía cuatro meses de embarazo.

¿Quién es María Fanny, la mujer que él siempre nombra en sus pruebas de supervivencia?

Soy María Fanny Martínez, dos veces casada y dos veces viuda. Solamente llevo el apellido de mi madre. Me casé bastante joven, a los 14 años, y tuve un hijo. Al año murió mi esposo. Cuando tenía 23 años de edad me volví a casar y tuve dos hijos. Lamentablemente mi esposo falleció en un accidente de tránsito en el año 2000.

¿Y por qué esa cercanía con Libio José?

Nos criamos juntos, él convivió con nosotros, vivió en nuestra casa cuando vino a estudiar a Pasto proveniente de su vereda. Me contaba sus cosas, yo le contaba las mías, éramos muy apegados. Me duele muchísimo que nos esté pasando esto, yo quiero mucho a mi familia y quiero a mi primo porque él es mi sangre.

¿Cuál fue la última noticia que llegó de él?

La última prueba la recibimos de un video en momentos en que fue liberado el señor Luis Eladio Pérez junto con otras personas (Gloria Polanco, Orlando Beltrán Cuéllar y Jorge Eduardo Géchem, en febrero de este año). Ahí dice que está bien de salud, manda un saludo especial a sus padres (José Fidencio Martínez Muñoz y Libia Esperanza Estrada), a sus dos hermanos (Carmen y José Luis), a Claudia (ex esposa) y a Johan Steeven (su hijo), a mí. Ahí insiste a Claudia en poner a su hijo al frente de los micrófonos en La Carrilera, de RCN Radio.

¿Han tenido noticias de él por medios diferentes a las pruebas de supervivencia?

No, nada.

¿Cuántas pruebas de supervivencia han recibido?

Antes recibíamos cartas cada dos o tres meses, pero después de que el señor presidente Álvaro Uribe asumió, la guerrilla nos castigó. En los escritos nos decía que estaba bien de salud, que no perdiéramos le fe, que rezáramos mucho...son varias cartas.

¿A través de qué medio llegaban esas cartas?

Yo creo que llegaban a manos de la señora Marleny Orjuela (directora de la Asociación colombiana de familiares de miembros de la Fuerza Pública retenidos y liberados por grupos guerrilleros, más conocido como Asfamipaz). Ella buscaba los medios, llegar hasta donde ellos estaban. La lucha de ella ha sido tenaz. Ha sido la única que se ha


preocupado porque tengamos pruebas de supervivencia y sigamos en la lucha. De resto nos han llamado en ocasiones de la Gobernación o de la Alcaldía para alguna reunión, pero nada en concreto. Los que nos mantienen informados son los medios de comunicación.

¿Y alguien del Gobierno se ha acercado a informarles qué están haciendo por él?

No. Con la única persona que hemos tenido acercamiento ha sido con la señora Marleny Orjuela. Ha estado con nosotros en las buenas y en las malas. El último viaje que hicimos con ella fue a San José del Guaviare, específicamente hasta el municipio de El Retorno.

¿Viajaron hasta allá en busca de acercamientos con la guerrilla?

No. Se trataba de marchar para que la gente conociera a los familiares de los secuestrados, para que fuéramos escuchados. Eso fue hace cerca de cuatro meses.

Libio José es la persona que más tiempo lleva secuestrado. Sin embargo, a diferencia de otras personas que están o estuvieron plagiadas, su nombre no hace tanto eco. ¿Por qué?

No comparto eso. Yo sí creo que a él lo reconocen a nivel mundial. Él es compañero de Pablo Emilio Moncayo, el hijo del profesor Gustavo Moncayo. Llevan el mismo tiempo secuestrados. Además, siempre me llaman de diferentes países cuando va a cumplir años en cautiverio.

Pero siendo él, junto al hijo del profesor Gustavo Moncayo, Pablo Emilio Moncayo, las personas que más tiempo llevan secuestrados, ¿se les ha dado la importancia que merecen?

De pronto no es porque no haya habido voluntad por parte del Gobierno, lo que pasa es que no ha existido un verdadero acercamiento con la guerrilla, todo ha sido teoría y muy poca práctica. Respeto mucho al señor presidente Álvaro Uribe, pero le digo que nosotros somos neutrales, no estamos ni aquí ni allá, lo único que nos interesa es la libertad de nuestros seres queridos sin que haya muertos, a través del acuerdo humanitario.

¿Entonces el rescate?

Hemos esperado tanto que no queremos que pase nada malo, ni siquiera con la misma guerrilla porque, por encima de todo, son seres humanos y  hay que respetarlos.

¿La Operación Jaque condenó al olvido a Libio José y demás personas en poder de las Farc?

Sí. La verdad es que han sido olvidadas. No sé si estarán haciendo algo de forma discreta, pero como familia sí sentimos el olvido. Lo poco que sabemos es porque vivimos pegados a la radio.

¿Quiénes?

Mi familia, sus amigos.

¿Y esa familia ha cambiado mucho?

Claro. Los sobrinos no estaban cuando él fue secuestrado, también es claro que nosotros vamos envejeciendo. Aparte,  mi esposo murió, aunque en una carta yo le mandé a avisar. Y lo que me parece más triste y es que no encontrará a Claudia. Ella tiene a otra pareja, fue su decisión y me parece muy respetable.

¿Qué opina de la marcha promovida por Íngrid Betancourt para este 28 de noviembre?

Es una marcha buena, pero hay algo. Yo no estoy diciendo que el mundo entero no esté con ellos, con los secuestrados. Es alentador cuando liberan o rescatan a otras personas, no digo que no. Se siente una alegría inmensa. No sé por qué mi Dios no nos ha dado esa alegría, pero es hora de que pasemos de las marchas a la práctica, menos teoría y más práctica. Más que marchar, de gritar, se trata de concretar, de hacer algo, que uno vea que se está haciendo algo. ¿Qué sacamos con salir a marchar si al otro día recordamos que no han sido liberados y no se ha hecho nada?

¿Entonces el recurso de la marcha se dilató?

Un poco. Es cierto que varias personas han sido liberadas gracias a Dios, que eso los alienta a vivir, pero reitero, pasemos a la práctica. Y no nos olvidemos de los militares, de esos soldados que le han servido a la patria ¿por qué


dejarlos de últimos? Ellos no han cometido ningún pecado.

¿Y entonces no marchará este 28 de noviembre?

Sí marcharé. De todas maneras es un algo muy bonito, un deber, algo que tengo que hacer. Además, digo una cosa (entre lágrimas) y ojalá no se olvide: bajaré la guardia si mi Dios me lleva, de lo contrario ahí voy a estar hasta ver libre a Libio José y demás secuestrados. Ellos no son unas bestias, son seres humanos, ¿por qué tienen que estar como están?¿Acaso su pecado es ser pobre?

¿Entonces cuál es la solución Fanny?

Un diálogo frente a frente que permita su liberación. Pero a la fuerza no me parece. Seguimos esperando a Libio José, pero vivo. Es que pareciera que las partes estuvieran hechas de piedra. Y eso es lo que le pido a papito Dios: que los ablande.

Mientras las posturas de las partes se mantienen, el Congreso debate el ascenso en cautiverio de su primo y demás militares. ¿esto les representa algún beneficio?

Tal vez algún beneficio material, pero el signo pesos me da rabia. A ellos no les tenemos que ver con ese signo. Que les den sus títulos, que desde ya se los merecen, pero cuando estén aquí.

En la Operación Jaque se vio como los militares manifestaron su amor por el Ejército aún sin saber que serían liberados. ¿Libio José sentirá ese amor o ya se deterioró?

Ese amor debe estar intacto, él adora a su institución. Desde niño jugaba formando niños. Recuerdo que le insistíamos en que estudiara otra cosa, pero él estaba decidido a ser militar.

En estos cerca de 11 años, ¿nunca han buscado acercamientos con la guerrilla?

No, pero si nos toca ir al monte, pues nos vamos.

Se viene Navidad. Lo ideal es que él esté con ustedes para esa fecha. Si no es así, ¿qué decirle?

En una de las cartas que él nos enviaba le decía a mi Mamá que aunque sabía que a ella no le gustaba la cerveza, esperaba que a su regreso se tomaran unas. En mi casa la Navidad es a medias, no hay fiesta, es tenaz saber que mientras me llevo el plato de natilla a la boca, ellos están pasando hambre. De todas formas, Libio José debe saber que mi Mamá ya accedió y lo está esperando para tomarse esas politas.

arico@elespectador.com

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