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Playas del sur de Santa Marta están desapareciendo por la erosión; comunidad está alarmada

El pasado frente frío borró 10 metros de arena en Cabo Tortuga y revivió la discusión por obras inconclusas, decisiones fallidas y amenazas al turismo y la economía local.

Hellen Lara

12 de marzo de 2026 - 09:03 a. m.
Restos de árboles y sedimentos quedaron sobre la playa tras el fuerte mar de leva provocado por el reciente frente frío en el sur de Santa Marta.
Foto: Hellen Lara
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El mar sigue avanzando hacia la orilla y el miedo cada vez es más grande por el impacto de la erosión costera en el sur de Santa Marta. El reciente frente frío, que provocó mar de leva en el Caribe, borró al menos 10 metros de playa en la capital del Magdalena, especialmente en Cabo Tortuga, mientras zonas como Pozos Colorados, Playa Salguero y Bello Horizonte siguen perdiendo terreno frente al agua. Lo que antes eran amplias franjas de arena hoy se reduce a pequeños espacios y, en algunos casos, sectores enteros sin playa.

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La problemática no es nueva. Desde hace varios años expertos, residentes y prestadores de servicios turísticos han advertido sobre el acelerado proceso de erosión costera en esta zona de la ciudad. Sin embargo, el tema solo vuelve al radar público cuando la naturaleza se activa con fenómenos como frentes fríos o marejadas que evidencian el retroceso del litoral.

La última gran intervención anunciada para enfrentar la crisis se remonta a 2022, durante la administración de la entonces alcaldesa Virna Johnson. En ese momento se declaró la calamidad pública por la erosión costera y se prometieron obras para proteger la playa de Salguero y sectores cercanos. Pero cuatro años después, lo que quedó fue un proyecto inconcluso y múltiples interrogantes sobre el manejo de los recursos.

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Un proyecto que terminó en elefante blanco

Ariel Kaplan, líder comunitario y veedor del sector de Playa Salguero, asegura que antes de que las obras se anunciaran existían propuestas técnicas que pudieron cambiar el rumbo de la intervención.

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Según relata, en esa época la veeduría ciudadana organizó una conferencia en el hotel Irotama con expertos internacionales que presentaron una alternativa usada en destinos turísticos del mundo como Cancún y varias ciudades europeas: la instalación de geotubos para mitigar la erosión costera.

“Era una solución que para el caso de Playa Salguero costaba alrededor de siete mil millones de pesos”, explica Kaplan. “Incluso logramos que el Concejo aprobara una partida cercana a los 27 mil millones para enfrentar el problema”.

Prestadores de servicios turísticos deben caminar dentro del agua en zonas donde antes existía playa, tras la pérdida de arena en Cabo Tortuga
Foto: Hellen Lara

Pero el proyecto tomó otro camino. La administración anterior firmó un contrato por cerca de 25 mil millones de pesos con una empresa de Barranquilla para construir seis espolones de piedra en el sector. “Desde el principio advertimos que ese tipo de obras no cabía aquí y que podía generar otros problemas”, asegura Kaplan.

Las obras comenzaron con el transporte de grandes rocas que, según residentes, alteraron el paisaje y la dinámica natural de la playa. Dos meses después de iniciados los trabajos, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) envió inspectores al sitio y suspendió el proyecto al constatar que no contaba con estudio de impacto ambiental. Tres años después el panorama es el mismo: solo se construyó un espolón y medio. El resto del proyecto quedó paralizado.

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“Quedó un elefante blanco. A ese contratista se le pagaron cerca de ocho mil millones de pesos y nadie explica qué pasó con el resto del dinero”, afirma Kaplan. La veeduría ha enviado derechos de petición a la Alcaldía, la Secretaría de Hacienda y el Concejo para conocer el destino de los recursos restantes, pero no han recibido respuestas.

La obra inconclusa protegió un lado y dañó otro

La construcción incompleta también habría alterado la dinámica natural de la costa. Según Kaplan, expertos han advertido que los espolones, cuando no se construyen en cadena o como sistema integral, pueden generar un efecto contrario: proteger un punto mientras aceleran la erosión en otros. Eso sería lo que ocurre actualmente entre Playa Salguero y Pozos Colorados.

“El espolón y medio que construyeron, ha logrado contener algo el mar en este sector, pero está afectando playas vecinas. Con el último frente frío fue precisamente Pozos Colorados donde más se sintió el impacto”, explica Kaplan.

La erosión costera sigue avanzando en el sur de Santa Marta, derribando vegetación y reduciendo cada vez más la franja de playa.
Foto: Hellen Lara

Los espolones requieren una planificación integral. Si se instala uno, normalmente se necesitan otros en los extremos para equilibrar el movimiento de sedimentos. De lo contrario, el mar termina redistribuyendo la arena y generando pérdida en zonas cercanas. Mientras el debate técnico continúa, la erosión avanza.

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“Cada vez que haya un frente frío o mar de leva vamos a tener afectaciones más fuertes. Las playas de Santa Marta, que siempre han sido un orgullo, están dejando de serlo”, advierte Kaplan.

Los primeros afectados: quienes viven del mar

La pérdida de playa no solo es un problema ambiental o paisajístico. También está golpeando directamente a decenas de familias que viven del turismo.

Luis Carlos Ramírez, líder de los carperos y operador turístico de Cabo Tortuga, lleva más de 40 años trabajando en la playa alquilando carpas. Hoy dice que prácticamente se quedó sin espacio para trabajar. “La entrada a la playa está erosionada y en algunos puntos el agua queda a la cintura, casi pegada a la piscina de Sierra Laguna. El acceso es muy difícil y eso afecta el turismo”, explica.

Ramírez representa a un grupo de siete carperos, pero asegura que en total son cerca de 45 familias las que dependen de la actividad: masajistas, vendedores de paletas, cocadas, artesanos y otros trabajadores informales que durante décadas han encontrado en la playa su principal sustento.

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“Solo nos queda una zona pequeña para trabajar. En otras partes ya no se puede colocar carpas porque el mar llegó hasta allá”, dice el líder, que añade que tras el reciente frente frío ninguna entidad distrital se ha acercado a socializar soluciones ni a evaluar las afectaciones.

“A veces se caen árboles por la erosión y nosotros mismos los recogemos con nuestros recursos porque quedan atravesados. Ni el Dadsa ni ninguna entidad han venido”, añade.

La reducción del espacio también afecta la experiencia de los visitantes. “Los turistas llegan, ven cómo está la playa y dicen que no vuelven. Imagínese una persona con discapacidad tratando de entrar por esos accesos, es imposible”, detalla Ramírez.

Entre contaminación y cambio climático

La erosión costera no es el único problema que enfrenta el litoral samario. Kaplan también señala otro factor que agrava la situación: la contaminación que llega al mar a través de los ríos Gaira y Manzanares. “Santa Marta no cuenta con un alcantarillado adecuado, por eso al final el mar termina siendo el depósito de toda la suciedad”, afirma.

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Aunque reconoce que la afectación social no ha sido tan dramática gracias a la resiliencia de las comunidades, advierte que el impacto ambiental y turístico ya es evidente.

A esto se suma un fenómeno global: el aumento del nivel del mar asociado al cambio climático y al deshielo de los glaciares, que está acelerando procesos de erosión en muchas ciudades costeras del mundo. “Si no se toman medidas, esta playa puede desaparecer. Eso ya ha ocurrido en otros países”, advierte el veedor.

Un problema que amenaza el modelo turístico

En medio de este panorama, residentes, líderes comunitarios y prestadores de servicios turísticos coinciden en que lo más preocupante es el aparente desinterés institucional frente a un problema que no solo es ambiental, sino también económico y social.

La erosión costera amenaza el turismo, sustento de decenas de familias, y pone en riesgo el desarrollo inmobiliario que en los últimos años ha crecido con fuerza en sectores como Pozos Colorados, Playa Salguero, Cabo Tortuga y Bello Horizonte.

En la actualidad, residentes de varias de esas construcciones observan cómo el agua se acerca cada vez más e incluso en algunos casos ya golpea las paredes de los edificios.

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A esto se suma la incertidumbre sobre el futuro del proyecto que se anunció para mitigar la erosión. Hasta hoy no hay claridad sobre qué ocurrió con la iniciativa que quedó inconclusa ni con los recursos que habían sido destinados para la obra. Mientras la Alcaldía guarda silencio y desde el Concejo no se toca el tema, el mar continúa avanzando y reduciendo cada vez más las playas del sur de Santa Marta.

El Espectador intentó contactar a Darío Linero Mejía, director de la Oficina para la Gestión del Riesgo y Cambio Climático del Distrito, para conocer la posición oficial sobre la situación y el estado de los proyectos de mitigación, pero no hubo respuesta.

Mientras tanto, el mar sigue avanzando. Y con cada frente frío, Santa Marta parece perder un poco más de uno de sus mayores patrimonios: sus playas.

Por Hellen Lara

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