29 Aug 2013 - 10:00 p. m.

'¿Qué genio negoció los TLC?'

En una hectárea se pueden cultivar hasta 10 cargas de papa. Por cada carga de papa son invertidos, en insumos, mano de obra y cuidado, $1.300.000. Hoy, la carga de papa cuesta $750.000. Es decir, los cálculos no dan. O por lo menos, no le dan a Pedro Nuñez.

Camilo Segura Álvarez

El paro campesino se amplió. Pocas veces se han integrado tantos sectores en una movilización. En Cundinamarca, lo que comenzó con demandas de agricultores se transformó en una causa minera y camionera. En Tausa, Sutatausa, Ubaté, Zipaquirá, Nemocón y Pacho, durante esta semana, las jornadas transcurren con un fervor inusitado. No era para menos. Así lo demuestran los testimonios de los hombres que desde hace una semana acampan y protestan en las calles de los municipios de Cundinamarca.

Las causas, algunas, pueden llegar a ser contradictorias. El beneficio de uno podría afectar al otro. Como en el caso de los transportadores y los campesinos. Unos piden que se suba el precio del servicio, los otros quieren pagar menos. Sin embargo, el deseo de estar mejor y de ver al otro de la misma manera no permite que se incurra en discusiones técnicas.

En un mismo punto confluyen diferentes historias. En El Boquerón, en medio de 300 personas, con cacerolas, ollas comunitarias, banderas y ruanas, hay tres caras de un abandono que tocó fondo

'¿Qué genio negoció los TLC?'

Él es un campesino con una propiedad de dos hectáreas cultivables. Durante el año, renta entre tres o cinco hectáreas para el cultivo del tubérculo. Cultiva con uno de sus tres hijos y dos obreros. Pero antes lo hacía con cinco obreros. En los buenos tiempos.

Además, se dedica a la producción de leche. Pero la crisis de los precios, ocasionada por la importación masiva de leche en polvo, ha hecho que pase de tener 25 a 10 vacas. “Los empresarios ya no pasan a comprar, y si la compran, la pagan a precios que apenas igualan la inversión. Siendo un país con tanto potencial en lácteos y ganado, ¿quién fue el genio que negoció así los TLC?”.

A Núñez le iba bien. Tuvo dos tractores, tres parcelas, una camioneta y la posibilidad de educar a sus hijos. Todo lo tuvo que vender pues llegó a tener deudas por $280 millones. Ahora, para garantizar lo básico, la educación de sus tres hijos, sigue endeudándose. Mientras tanto, sigue firme en el paro, “así llegue a noviembre, cuando tengo que recoger 20 cargas de papa que tengo en una parcelita en arriendo”.

Para él, una solución pasaría por que “el gobierno obligue a mantener los precios de la leche por encima de los 850 por litro; hoy está en 550 o 600 (más barato que un café con leche en una cafetería, dice). En cuanto a la papa, que regule el precio de los insumos y que le ponga coto a los intermediarios, que se están ganando el 50% de lo que cobran al consumidor final”.

Núñez no es locuaz. Se le ve ensimismado deambulando entre los campesinos que hacen sonar sus cacerolas en medio de risas y cantos como “El Boquerón está rabón. Juan Manuel es un ladrón”. Dice que no se pega a la gritería por su edad, pero que “la alegría va por dentro. Yo nunca había visto a la gente levantarse así. Si de esta multitud no salen los cambios, no sale de nada”.

“Yo le digo al gobierno que aproveche mientras la gente se lo toma con alegría y esperanza porque el día que la rabia y la furia se apoderen de los campesinos no va a haber quien ataje a esta multitud. Hablemos, nosotros somos los que votamos. Nosotros somos los que los ponemos en el poder y en sus comodidades. Gobierne para nosotros, ese es su deber. O por lo menos, ya que quieren seguir arriba, para que el otro año la gente no le dé la espalda señor Santos”, dice Núñez apretando el puño de una mano mientras en la otra sujeta un caso de motociclista.

“Imagínese a esta edad y yo montando en moto, después de tener camioneta” , dice. Y se despide.

Desde la mina

Ramón Rodríguez trabaja en un socavón desde los 12 años. Tiene 65 y todavía no ha logrado que le paguen su pensión, pese a que pasó papeles para ello hace dos años. Es uno de los consentidos del paro pues ha tenido problemas de salud y muchos de los jóvenes lo llevan a su casa para que no pase la noche en el frío del campamento campesino.

En la mina que trabaja hay 50 obreros. El carbón ha sido el pan de la mesa de su esposa y sus seis hijos. Pero hoy, teme que cierren las minas. “Durante los últimos tres años no hemos podido trabajar en paz. Cada tres o cuatro meses viene gente del Gobierno a hacer estudios. Creemos que las minas artesanales las quieren privatizar. No hablan con nosotros y, aunque tenemos papeles, parece que no estamos registrados”.
Freddy Palacio, a diferencia de Rodríguez, es propietario de una mina de carbón térmico entre Tausa y Sutatausa. Según sus cálculos, como él ,hay 140 dueños de socavones en la región de El Boquerón. Tiene 20 empleados, a los que no ha dejado trabajar desde que comenzó el paro.

Le pide al gobierno que agilice la formalización de los títulos mineros, que haga un censo para evitar que se otorguen títulos a transnacionales en minas comunitarias y pequeñas, “que ofrezca soluciones pues durante los últimos ocho meses ha habido una reducción del 25% en los precios del carbón y que baje los precios del transporte”.

Palacio y Rodríguez confiesan que su relación no es fácil, “¿o cuando visto usted a un patrón echando cháchara con el obrero?”. Ambos posan para la cámara con alegría, dicen que es un orgullo estar en el paro. Tanto así, que olvidan sus lugares. Mientras el reportero se separa, el joven propietario le sirve un tinto al viejo obrero. Uno de esos milagros que pasan cuando hay esperanza.

Asfixiados en la carretera 

Hernán León Suárez le ha dedicado 44 años de su vida al transporte de carga. Siempre ha sido camionero, pero hasta hace 15 años logró ser propietario. Hoy tiene dos tractomulas. Pero, según cuenta, los tiempos del progreso se acabaron. Sus mulas, que pueden llevar de 10 a 15 cargas, viajan a la costa Atlántica, a los puertos de Cartagena y Barranquilla. Hace dos años, por llevar carga desde El Boquerón hasta allí cobraba $114 mil, ahora solo gana $76 mil.

Lleva diez días en paro, peleando por la reducción de los precios de combustible, llantas, peajes, restaurantes, cargues y descargues. Sin duda, es uno de los más queridos por los cerca de 80 campesinos y mineros que se mantienen en paro día y noche en la carretera que de Zipaquirá conduce a Ubaté pues se ha encargado de conseguir plásticos, madera y otros elementos necesarios para la movilización.
Suárez le echa la culpa de la crisis al Gobierno, “pues desmontó la tabla de fletes”; a los grandes transportadores, “que con flotas de más de 500 camiones no les ha importado reducir tarifas y aliarse con las multinacionales para controlar el negocio”; y a los líderes del sindicato transportador, pues considera que “ negocian por lo de ellos. No les importa el pequeño transportador y juegan para los grandes propietarios”.

Hoy, a sus 71 años, dice que si no se encuentran soluciones, se quedarán “hasta que sea necesario. Ya nos quitaron mucho, pues lo vamos a entregar todo por esta gente”. No obstante, es de los pocos que tiene su carro cerca de la concentración, uno de los pocos de esta región que sigue durmiendo en casa, mientras los campesinos se quedan entre tinto, sancocho y fogata, aguardando la luz del amanecer.

 

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