10 Nov 2014 - 1:15 p. m.

Reciclaje con sentido social

A través del reciclaje, Diana Marcela Arce ha logrado alimentar, desde hace dos años, a 160 niños de los sectores más pobres de la capital del valle. Como directora de la fundación cimiento fruto de amor, vela por el bienestar de los menores, quienes permanecen bajo sus cuidados hasta por 15 horas diarias.

Dora Glottman

 Diana Marcela Arce se levanta todos los días a las 4:00 a.m. a la nada fácil tarea de preparar desayuno para los 160 niños que alimenta en la fundación que dirige hace dos años. “Me despierto antes de que salga el sol, porque sé que si las puertas de Cimiento Fruto de Amor no abren, los niños y las madres van a sufrir. Porque no tener dónde dejar a los hijos es un sufrimiento, una gran angustia”, dice Arce, quien poco antes del amanecer ya tiene los alimentos listos. Teteros y coladas para los más pequeños, y huevos y tostadas para los mayores que no superan los siete años. A las 6:00 a.m. está frente a la puerta de la casa para recibir con una sonrisa a los niños que las madres del barrio, con absoluta confianza y profundo agradecimiento, le van entregando.

La fundación, que creó esta caleña con el apoyo de otras 20 mujeres en uno de los sectores más pobres de la capital del Valle, es más que una guardería. Los niños y bebés pasan hasta 15 horas diarias en ese lugar. “Nosotras queríamos ofrecer un hogar donde las mamás sintieran la tranquilidad de dejar a sus hijos”, asegura Diana Marcela.

La mayoría de las madres son solteras con jornadas laborales de hasta 14 horas. Pueden pagar $30 mil mensuales por tres comidas diarias, seis días a la semana. Las que no pueden, no pagan nada. ¿Cómo lo hace?, y, ¿cómo consigue Diana Marcela el dinero para la comida y el mantenimiento del lugar?: reciclando.

Durante la mañana los niños juegan y estudian hasta la hora del almuerzo, que es tan agitada como la del desayuno. Arce y sus colaboradoras reparten comida junto con caricias y besos. Son mujeres comprometidas con una causa que les ha costado muchos sacrificios, sólo ellas saben el esfuerzo que hay detrás de cada plato que sirven. Una vez terminan de almorzar, los niños duermen y Arce sale a la calle a trabajar.

Va de local en local recogiendo material reciclable en una pequeña camioneta. “El reciclaje es con lo que nos mantenemos. Una parte la cambiamos por comida próxima a dañarse o por dinero para pagar servicios. Otro porcentaje del material nos lo donan o lo llevan las madres cuando nos traen a sus hijos”, le dice Arce al equipo de Titanes Caracol, que la acompañó durante una jornada de trabajo.

Gracias al Banco de Alimentos de Cali, la fundación cambia material reciclado por alimentos donados por supermercados con fechas de caducidad cercanas. Diana Marcela y su equipo seleccionan lo que aún sirve para preparar las tres comidas diarias.

Al regresar al hogar de Cimientos Frutos de Amor, Arce prepara la hora del baño que es antes de la cena. Empieza a caer el sol y poco a poco empiezan a llegar las madres a buscar a sus hijos. También para ellas el día es largo, por eso agradecen recibir a sus hijos sabiendo que obtuvieron tres comidas sanas, que jugaron, aprendieron, descansaron y están listos para regresar a casa. Eso sí, no sin una última recomendación de la cuidadora: “yo les digo que se los entregamos listos para ir a dormir, pero que antes les dediquen un rato, les lean por lo menos un cuento”.

“Cuando finalmente pongo la cabeza en la almohada me siento feliz. Recuerdo la sonrisa de los niños y pienso que hoy cumplimos, mañana veremos qué pasa”, afirma esta titán. Al mismo tiempo los pequeños y sus madres sueñan bajo los techos de sus casas con la tranquilidad de saber que hay una mujer en Cali que despertará antes de que salga el sol para seguir velando por ellos.

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