14 Oct 2018 - 2:00 a. m.

Rellenos sanitarios, un dolor de cabeza

El derrumbe de 30.000 toneladas de basura, producto del colapso de una cárcava de El Carrasco, el sitio de disposición de basuras de Bucaramanga y 20 municipios más de Santander, cuestiona el papel de estos en el país.

Miguel Jaramillo Ángel - @migjaramillo

La falta de una planta de lixiviados con mayor capacidad en Doña Juana, la presencia de residuos sólidos a la intemperie y las precarias condiciones del relleno de San Andrés; la emergencia por deslizamientos en el basurero de El Carrasco, en Bucaramanga, que ya no tiene capacidad para seguir albergando desechos; o la crisis por los problemas de contaminación originados en la mala disposición de las basuras en Tumaco, Nariño.  Los problemas en materia de manejo de residuos sólidos siguen replicándose en distintos centros urbanos del país y, a pesar de los continuos llamados de las autoridades y de las alertas emitidas por los organismos de control, el fenómeno sigue escalando y amenaza con emergencias sanitarias de grandes proporciones.

En un país que produce cerca de 11.3 millones de toneladas de residuos anuales, preocupa que no se hayan solucionado fallas estructurales que parecen repetirse en la mayoría de los casos: alta generación de residuos, incertidumbre frente a la vida útil de los rellenos sanitarios, escasa separación en la fuente, bajo aprovechamiento y tratamiento de residuos y un agotamiento de la capacidad de almacenamiento de los rellenos.

En una auditoría realizada por la Contraloría General del Nación en la que se evaluó la gestión de las autoridades ambientales en la disposición de residuos sólidos en varias ciudades del país, se encontró, por ejemplo,  que en por lo menos seis -Bogotá (relleno Doña Juana), Santa Marta (relleno Palangana), Bucaramanga (relleno El Carrasco) , Barrancabermeja (relleno Rediba), San Andrés (relleno Magic Garden), y Buenaventura) de los operadores de los rellenos sanitarios han incumplido con las obligaciones establecidas y con las cláusulas contractuales que los faculta para la operación.

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El tema no solo preocupa en Colombia. Esta semana ONU Medio Ambiente hizo un llamado a los países de América Latina y el Caribe al señalar que un tercio de todos los residuos urbanos generados en la región aún terminan en basurales a cielo abierto o en el medioambiente, una práctica que deriva en contaminación de los suelos, el agua, el aire y en graves afectaciones de salud en las comunidades. De hecho, sostiene el organismo, cada día 145.000 toneladas de residuos son dispuestas inadecuadamente, una cantidad que equivale a los desechos generados por 170 millones de personas.  En el país, el caso más reciente que ejemplifica la crisis es el de El Carrasco, el relleno sanitario de Bucaramanga que recibe al año más de 440 mil toneladas de basura proveniente de más de 20 municipios de Santander y en el que hace pocos días hubo un deslizamiento de 30 mil toneladas de desechos.

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Una nueva crisis
A los vecinos del relleno sanitario El Carrasco, en Bucaramanga, los une un fuerte deseo: esperan que un día, no lejano, puedan volver a respirar aire puro. Anhelan no estar expuestos a los olores nauseabundos y a las enfermedades producto de las miles de toneladas de basura que se apilan en el lugar. En el fondo el problema radica en que no hay consciencia de separar desde la fuente los residuos sólidos de los reciclables, no se saca provecho de estos y a que el basurero está a tope.

La problemática no huele bien. En Bucaramanga, el relleno sanitario El Carrasco ha acumulado durante 40 años las basuras de la ciudad, de 17 municipios de Santander, y además de cinco zonas de Girón, Piedecuesta y Lebrija.

Asimismo, lo han declarado cinco veces en emergencia ambiental (la primera fue el 30 de septiembre de 2011, y la más reciente a finales de septiembre de 2017), medidas que se tomaron para alargar su vida útil, pero que a su vez se han convertido en una bomba de tiempo que dio su primer aviso el pasado miércoles 3 de octubre.

Ese día, la celda número 4 del relleno se vino abajo y, de las 360 mil toneladas de basura compactada que albergaba, aproximadamente 30 mil quedaron a cielo abierto, generándose escape de gas sulfhídrico y metil mercaptano (se asemejan al olor del huevo podrido).  Para que el hedor no fuera más fuerte y evitar mayores estragos, se cubrió con tierra los miles de kilos que dejaron en evidencia la situación de El Carrasco.

La sensación de que algo extraño ocurría llegó rápidamente a los cerca de 25 mil habitantes de los barrios Malpaso, Manuela Beltrán, Balcones de Provenza y El Porvenir, los más cercanos al relleno sanitario. También se percibió en buena parte de Bucaramanga y su área metropolitana. El mal olor se expandió. 

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“Respirar durante el primer día del derrumbe de la basura era difícil, generaba mucha molestia, dolor de cabeza, náuseas, malestar en la garganta y ardor en los ojos. Hay que reconocer que la emergencia se ha ido superando. Esta semana la Secretaría de Salud, la de Ambiente y la empresa de aseo de Bucaramanga despacharon desde el barrio El Porvenir, socializando con las personas que han tenido problemas de salud por los gases y los malos olores”, explicó José Luis Rodríguez, presidente de la Junta de Acción Local.

Desde el día siguiente al desplome en la cárcava, los trabajos de estabilización y mitigación no han cesado. Se dispuso un socavón de emergencia para recibir 1.000 toneladas diarias de residuos que llegan al relleno, se realizaron zanjas de drenaje para evitar nuevos deslizamientos, se estudió que el terreno que albergará las basuras por hasta 90 días, mientras se repara la celda 4, no contara con fisuras, ni con bolsas de lixiviados o gases que comprometieran la zona y su seguridad.

Al respecto, el presidente de la JAL del barrio El Porvenir, explicó que la respuesta para atender el derrumbe de basura ha sido buena, pero hace énfasis en que no entiende cómo es que el basurero ha pasado por cinco emergencias ambientales y aún no lo han cerrado. “No nos han resuelto nada, siempre que se va a vencer el plazo para el cierre acuden a las emergencias ambientales como comodín para que siga funcionando, y la situación cada día es más crítica”, agregó.​

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Y aunque desde el año pasado se había hablado de la tecnificación de El Carrasco, -una noticia que cayó bien en la comunidad,  que generó expectativa y los entusiasmó-, esto nunca se convirtió en realidad.  “La propuesta del alcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, era prometedora. Consistía en procesar la basura, producir energía, separar desde la fuente, impulsar el reciclaje y producir abono. Lástima que no se concretó. Esta es una inversión necesaria para superar esta etapa de enterrar basuras, descansar de los olores fétidos y dejar de ser tan agresivos con el medioambiente, ya que los rellenos necesitan de muchas hectáreas que se deforestan, se contamina el agua y el subsuelo”, insiste José Luis Rodríguez.

Habitantes de El Porvenir, fundado hace 28 años y con una historia ligada a las dificultades de compartir linderos con un relleno sanitario, coinciden en que están a la espera de que un fallo del Consejo de Estado ordene el traslado de El Carrasco a otro predio. “Quisiéramos que ya no llegara más basura a este lugar. El terreno ya no alcanza. Esto siempre ha sido una papa caliente para los alcaldes, hay envidiosos e intereses políticos fuertes detrás del negocio de los rellenos sanitarios. Lo que más nos preocupa es que la emergencia ambiental actual, que está decretada hasta septiembre de 2020, seguramente se extenderá. A la fecha no hay soluciones que nos permitan tener la ilusión de una mejor calidad de vida”, dice un habitante de la zona.

Otro lunar de El Carrasco es el riesgo que implica para la seguridad aérea. En 2017, la Aeronáutica Civil expresó que el relleno podría generar accidentes por la alta presencia de gallinazos en el que es considerado un lugar de aproximación al Aeropuerto Internacional Palonegro, ubicado en Lebrija. Un concepto que fue validado por un juez que ordenó que el relleno se trasladara.

El tema también fue alertado en una auditoría realizada recientemente en la zona por la Contraloría General, en la que hace referencia al peligro que representa la presencia de dichas aves y a los frecuentes incidentes que por su cuenta se han registrado. “Es de destacar el reporte de incidentes aéreos en el Aeropuerto Internacional Palonegro, en el cual El Carrasco está a 6 kilómetros de la cabecera de la pista del aeropuerto, y la guía para el uso del suelo en áreas aledañas a aeropuertos establece que debe ser mínimo de 13 km. Esta situación de riesgo se contabiliza por la Aeronáutica Civil, en el número de casos generados por el Gallinazo Negro, cuyo foco principal es El Carrasco. Según este informe para los años 2014, 2015 y 2016 se contabiliza un total de 78 incidentes en el Aeropuerto Internacional Palonegro directamente en la pista y/o en el cono de aproximación”.

Cadena de inconformidad
El Carrasco inició operación en 1978 como un botadero de basura a cielo abierto. A partir de 1993, en función de la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la meseta de Bucaramanga, CDMB, se le empezó a hacer un seguimiento debido a las constantes quejas de la comunidad del barrio El Porvenir.

Sin embargo, los reclamos de la comunidad no fueron escuchadas y en 2002, cansados de la situación los habitantes interpusieron una acción popular argumentando que se sentían afectados por la operación del sitio del cual se desprendían malos olores y estaba siendo fuente de enfermedades respiratorias, cutáneas y de la propagación de insectos.

Horacio Rey, habitante del barrio por más de 15 años, afirmó que, aunque desde 2009 se estableció que el sitio debía cerrarse el 30 de septiembre de 2011 por no cumplir con los requerimientos básicos -como estar mínimo a 1.000 metros de una comunidad (su casa se encuentra a 700 metros del sitio donde depositan las basuras)-, todos los intentos que se han realizado para acabar con su operación han sido en vano.

De hecho, en la auditoría de la Contraloría General de la Nación sobre El Carrasco, se hizo un llamado sobre la cercanía de la población a la zona de relleno: “La disposición de residuos a cortas distancias (menos de 50 metros) de viviendas vecinas, genera conflictos sociales debido a los posibles impactos a la salud causados por los olores y vectores, y al impacto que representa para los paisajes”.

Lo que sí ocurrió fue que el 1 de octubre de 2011 las autoridades declararon por primera vez el estado de emergencia sanitaria, medida que se ha repetido en varias ocasiones. La última, fue a través del decreto 0153 de 2017 por 36 meses, que culmina el 30 de septiembre de 2020.

En el informe emitido tras el derrumbe del 3 de octubre por la CDMB, encargada del seguimiento del relleno sanitario, la corporación sostuvo que ha mantenido su “posición todo este tiempo, en estos ocho años de emergencia sanitaria hemos expresado que el Carrasco debe estar cerrado”. De hecho, actualmente la corporación tiene dos estudios de posibles nuevos sitios de disposición final.

Miriam Rico, gerente de una farmacia del barrio Porvenir desde hace 14 años, expresó que el día del deslizamiento en El Carrasco, vendió más de tres cajas de tapabocas. De igual modo indicó que “más o menos el 70% de la población del Porvenir sufren de infecciones respiratorias y de piel como brote, rasquiña, alergia todo esto por las afecciones de contaminación del carrasco”.

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Bucaramanga, su área metropolitana y los municipios santandereanos que disponen sus basuras están contra las cuerdas, ya que si en algún momento se cierra definitivamente El Carrasco, a la fecha no hay un plan B para un nuevo relleno sanitario. Las opciones que se han evaluado no han sido aprobadas por la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA), por no cumplir con los requisitos para su licenciamiento, fenómeno que tiene en jaque a varios rellenos sanitarios del país, ya que no dan abasto para recibir la basura que producimos y otros están ubicados en lugares donde nunca debieron ser permitidos, pues atentan contra los ecosistemas, la salud de las personas y el medioambiente.

Para la Contraloría es claro que el cierre de El Carrasco será progresivo, sin embargo, y dado que la disposición de residuos continúa y no existe hasta el momento una alternativa a dicho sitio de disposición, el proceso de cierre no tiene una meta (plazo) clara en el tiempo. La ANLA manifestó que dichas condiciones continuaran por ser declaratoria de emergencia y tener carácter de superior jerarquía.

Existe gran riesgo de nuevas fallas, el cierre será progresivo
Teniendo en cuenta el origen de El Carrasco como botadero de basura a cielo abierto, el recibo y la disposición de nuevos residuos en celdas que estaban en proceso de clausura o que ya han alcanzado la cota de diseño, existe un gran riesgo de fallas en los diques de contención, lo cual ha sido observado y manifestado por las autoridades ambientales (AMB y CDMB).

Además, la Contraloría General, en la revisión del expediente del sitio de disposición, encontró que en los autos de seguimiento realizados no existe una exigencia clara sobre las actividades de cierre. Aun cuando la ANLA manifiesta que “está contemplado como un proceso progresivo y de constante ejecución, en el cual se deben agotar una serie de etapas que se garanticen las condiciones finales del relleno”. También se estableció que el sitio cumplió la vida útil para su uso y se han alcanzado en varios de los sitios del proyecto las cotas máximas establecidas. Lo anterior no garantiza estabilidad y un cierre adecuado del sitio.

 

 

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