3 Aug 2020 - 11:00 p. m.

Salvar a Guapi del olvido, el reto de las emprendedoras locales de Ríos Unidos

A orillas de los ríos Guapi, San Francisco y Napi, en el Pacífico caucano, un grupo de mujeres guapireñas llevan dos décadas promoviendo el sentido de pertenencia por sus pueblos a través de emprendimientos locales de panadería, plantas medicinales, plátano, chontaduro y arroz. Su mensaje ha trascendido las secuelas que el conflicto armado dejó en la región.

Camilo Pardo Quintero / cpardo@elespectador.com

La guerra constante entre las antiguas Farc y ‘Los Rastrojos’, entre 2011 y 2013, sumada a las actuales e incesantes intimidaciones de miembros del frente José María Becerra del Eln a los habitantes de Guapi, son factores que han desdibujado las riquezas y la pujanza de este pueblo en el Pacífico sur.

Sin embargo, iniciativas como la de Ríos Unidos, una empresa comunitaria de mujeres rurales de Guapi, no se han dejado callar a pesar de la adversidad y llevan 20 años promoviendo sus productos locales para que el amor, el respeto y la apropiación de su tierra, desde los más jóvenes hasta los más viejos, sea más grande que el miedo que dejaron las armas en el territorio.

Legalmente, este proyecto fue constituido en 2009, pero fue desde el 2000 cuando un grupo de mujeres a orillas de los ríos Napi, San Francisco y Guapi se comenzaron a asociar y a planear ideas para dinamizar su economía y así, dos años después, poner en marcha actividades colectivas con enfoque participativo en la producción y venta de productos autóctonos, inicialmente en materia agrícola y pecuaria.

Una de las impulsoras de este emprendimiento es Aura González, una mujer que vive a orillas del río Guapi y que vio en la unión de los afluentes que bañan a su municipio como el instrumento ideal para construir tejido social y no permitir que la gente se fuera del territorio por el miedo de un futuro incierto.

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“Desde un comienzo vimos que la fuerza del trabajo colectivo está en las mujeres. Hoy somos 14 grupos, divididos en los tres ríos y con orgullo podemos decir que hemos generado nuestra propia sostenibilidad con un sistema productivo compuesto por 125 mujeres y 7 hombres. Aunque parezca, no somos una iniciativa feminista; respetamos y reivindicamos esas luchas, pero nos valemos de ser un colectivo étnico- territorial y cultural para preservar nuestras tradiciones guapireñas”, relata González.

Entre el 2000 y 2008, los esfuerzos de las mujeres de Ríos Unidos se encaminaron en la siembra, recolección y venta de plantas medicinales, plátano, papa china, yuca, arroz y chontaduro. Pero el narcotráfico, conexo al conflicto armado, que llegó forzosamente al municipio y arrasó con hectáreas de cultivos lícitos, obligó a que las mujeres decidieran dedicarse durante unos meses, entre 2007 y 2008, a sembrar parcelas de chontaduro, que tuviera proyección económica de largo plazo y que ayudara a que no se perdiera el sentido comunitario de sus actividades.

“Nuestra idea de enfoque participativo siempre estará ligado a poder darle beneficios reales a las comunidades y que, en ese sentido, brote el amor por lo que hacemos. Que nuestra misma gente encuentre el valor de estos proyectos, que en últimas están hechos para forjar lazos de solidaridad, alegría y unión”, comenta González.

Entró en plenitud el 2008 y consigo llegaron las rutinarias operaciones de aspersión con glifosato, que el Estado colombiano llevaba a cabo como respuesta al narcotráfico en Guapi. Por ese entonces, la erradicación voluntaria y la sustitución de cultivos ilícitos no eran una opción y las cuentas de cobro las pagaban directamente los campesinos locales.

Plutarco Marino Grueso, alcalde de Guapi, le dijo a este diario que ese tipo de operaciones estuvieron cerca de acabar con la tranquilidad de su gente durante los años más activos de la Seguridad Democrática. Esta afirmación es compartida desde Ríos Unidos, a quienes los actores armados les acabaron sus cultivos. “El glifosato es lo más espantoso que nos ha pasado. En 2008, a causa de eso, nuestra producción integral se vino a pique en un 100%, se acabaron las parcelas y nuestra siembra de colinos. Aunque el dolor fue inimaginable, nos levantamos e ideamos nuevas formas de seguir produciendo para nuestra comunidad”, describe Aura González.

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A partir de ahí, hasta 2015, los proyectos de panadería rural tomaron las riendas del colectivo. Conforme iba subiendo la producción, las ventas y las condiciones en la tierra lo iban permitiendo, se sumaron nuevamente los cultivos arroceros, cuyas rentas -hasta la fecha- se utilizan como fondo de solidaridad para aquellos guapireños en condiciones vulnerables que necesiten costear servicios de salud o alimentación.

Pasaron los años y las iniciativas de emprendimiento seguían creciendo. Surgieron los criaderos de gallinas criollas con doble propósito y se reactivaron los proyectos de plantas medicinales que hoy son el fuerte de Ríos Unidos.

“Con nuestra misma organización tradicional y con previa asesoría en campo del biólogo Robertulio González Mina, ahora producimos shampoo, jarabes, cremas faciales, pomadas para el dolor y un relajante mágico que ha tenido buena acogida dentro de los spa locales. A pesar de los problemas seguimos paradas en la raya y por fortuna hemos hecho alianzas con Uniminuto y con el Programa Agroeconómico de la Universidad Nacional para crecer en más zonas del país.”, detalla González.

Además, el sentido multipropósito para tener sostenibilidad económica, ambiental y social parece haber conseguido su objetivo. “Cuidamos el medioambiente y los recursos al hacer nuestras actividades. Construimos confianza, trabajamos como hermanas, le llevamos sustento a nuestra comunidad y transmitimos esto a nuestros hijos, sobrinos y nietos. Pero ante todo, hemos generado conciencia de permanencia en el territorio y por eso decimos con orgullo que no tenemos desplazados”, concluyen desde la coordinación de Ríos Unidos.

Mientras pasa la emergencia sanitaria por la pandemia del coronavirus, que ha ralentizado los procesos de producción y disminuido las ventas, la base social de estas mujeres sigue fuerte y enfocado en transmitirle sus valores sociales a los más jóvenes para que se apropien de Guapi, se identifiquen con su historia afro y tengan un arraigo que perdure por muchos años más.

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