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Santa Marta estrena funicular para contemplar Taganga desde las alturas

La obra, instalada en el Hotel Bahía Taganga y con una inversión cercana a los COP 500 millones, busca que un simple desplazamiento se convierta en una nueva forma de contemplar este paisaje de Santa Marta.

La cabina, fabricada en Manizales, ofrece una vista panorámica de 180 grados.
La cabina, fabricada en Manizales, ofrece una vista panorámica de 180 grados.
Foto: Hellen Lara Garizao

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Un nuevo atractivo turístico comenzó a operar en Taganga, Santa Marta. Se trata de un funicular instalado en el Hotel Bahía Taganga, diseñado para transportar visitantes entre tres niveles y, al mismo tiempo, ofrecerles una vista panorámica de la bahía y el mar Caribe durante un recorrido de aproximadamente dos minutos.

La obra es una iniciativa del sector privado y fue diseñada y construida en Manizales sobre un terreno rocoso y de alta pendiente. La cabina tiene capacidad para 600 kilos, equivalente a unas seis personas, y cuenta con una estructura abierta que permite observar el paisaje durante el trayecto. La cabina tiene una visual aproximada de 180 grados.

“Es un trayecto despacioso para que la gente tome sus fotos desde la cabina. Es una cabina abierta, una especie de balcón”, explica Jorge Londoño, propietario del hotel y quien impulsó el proyecto.

Una idea que llegó del otro lado del Atlántico

La historia comenzó lejos de Taganga. Durante un viaje a las islas Canarias, en España, Londoño conoció un sistema instalado en un hotel y quedó pensando en la posibilidad de llevar una experiencia similar hasta Santa Marta. A primera vista parecía relativamente sencillo. “Los rieles eran unos rielecitos muy pequeños montados sobre unas piedras, y yo dije: ‘No, fácil la cosa, el problema es quién lo hace allá en Colombia’”, recuerda.

La respuesta terminó apareciendo en Manizales. La empresa VR Mideros Ingeniería Mecánica S.A.S. asumió el diseño y la construcción de un sistema adaptado a las particulares condiciones de la montaña de Taganga.

La cabina también tuvo como referencia aquella experiencia española, pero terminó siendo desarrollada y fabricada en Colombia con vidrio, acero inoxidable y aluminio. “Esa cabina en España ganó un premio mundial. Cuando se consiguió la persona que lo iba a hacer, la empresa Mideros de Manizales, yo le dije: ‘Mejoro la cabina, yo la voy a hacer’”, relata Londoño.

La montaña puso a prueba el proyecto

Pasar del papel a la montaña fue mucho más complicado. El terreno rocoso y la pronunciada pendiente obligaron a realizar estudios topográficos y a reunir arquitectos, diseñadores, ingenieros mecánicos y mecatrónicos para determinar qué sistema podía funcionar.
Incluso se analizó la construcción de un cable aéreo.

“Tuvimos cuatro reuniones previas con nuestro equipo para tomar la decisión final de cuál era el mejor desplazamiento que podríamos fabricar, si era funicular o un cable aéreo”, explica el ingeniero Juan David Mideros Giraldo. La alternativa escogida terminó exigiendo una obra civil considerable. Aquellos pequeños rieles que inspiraron inicialmente al empresario se convirtieron en una estructura soportada sobre 17 columnas de concreto enterradas aproximadamente tres metros.

“Es un desafío de ingeniería desde el primer día porque teníamos una superficie rocosa que no nos favorecía por ningún motivo”, señala Mideros.
El propio ingeniero admite que las dificultades llevaron al equipo a considerar la posibilidad de desistir. Los estudios topográficos terminaron demostrando que la construcción era viable.

Dos minutos frente a la bahía

El funicular tiene tres paradas que comunican diferentes niveles del hotel. La cabina se mueve mediante ruedas sobre rieles de acero y un sistema de tracción mecánica diseñado para transportar personas. Pero su principal particularidad aparece cuando comienza el ascenso.

En lugar de concebirlo como un elevador para llegar rápidamente de un lugar a otro, sus responsables redujeron la velocidad para que el recorrido tarde aproximadamente dos minutos. La montaña queda de un lado y, hacia el otro, se abre progresivamente la bahía. Es allí donde el proyecto encuentra su propósito turístico: convertir el trayecto en mirador.

La estructura fue diseñada además con un factor de seguridad de siete. Según Mideros, aunque la capacidad operacional de la cabina es de aproximadamente 600 kilogramos, los componentes fueron calculados para soportar cargas varias veces superiores. “Si yo estoy montando ahí 600 kilos, el sistema me puede estar aguantando unas tres toneladas de peso o hasta más. En este caso nosotros hicimos un factor de seguridad de siete”, explica.
También dispone de baterías independientes para accionar el motor y los mecanismos de frenado en caso de una interrupción del suministro eléctrico.

La inversión total se acerca a COP 500 millones y el proceso tomó alrededor de dos años.

Una experiencia para mostrar otra cara de Taganga

Para el sector hotelero, la aparición de este tipo de infraestructura permite agregar experiencias a la oferta tradicional de sol, playa, gastronomía y naturaleza de Santa Marta.

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Omar García, presidente de Cotelco Magdalena, destaca especialmente que una característica geográfica que durante años ha representado un desafío para construir en Taganga —sus montañas y pendientes— sea aprovechada ahora como parte del atractivo. “Lo importante aquí es que hay un producto innovando, colocándose a la vanguardia, mirando que muchos destinos a nivel mundial tienen este tipo de acuerdo a la tipología del territorio”, afirma.

Y hay otro elemento que el sector turístico tiene presente: las fotografías y los videos que los viajeros comparten en redes sociales se han convertido en una vitrina permanente para los destinos.

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“¿Qué mejor ‘instagrameable’ que ese funicular y qué mejor manera de conocer y disfrutar Taganga?”, plantea García. El dirigente gremial recuerda además que Taganga conserva una identidad propia dentro de la oferta de Santa Marta y constituye uno de los accesos hacia el entorno natural de esta zona del Caribe.

“Vengan a Taganga, vengan a Santa Marta. Esto es un pueblito de pescadores, el inicio de lo que es el Parque Nacional Natural Tayrona”, invita.

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Taganga vista desde la montaña

Durante aproximadamente dos minutos, el atractivo está afuera: Taganga extendida frente a los pasajeros, la montaña abrazando la bahía y el Caribe ocupando buena parte del horizonte. Ese es precisamente el concepto detrás de la obra. El funicular resuelve el ascenso dentro de un hotel, pero pretende ofrecer algo adicional: que llegar a la parte alta deje de ser solamente un traslado y se convierta en una oportunidad para detenerse, sacar el teléfono y contemplar uno de los paisajes más particulares de Santa Marta.

Una nueva postal de Taganga que, esta vez, se observa mientras se asciende lentamente por la montaña.

 

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