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12 Aug 2020 - 3:00 a. m.

Tasajera: historia de una tragedia a cuentagotas

Después de un mes del fatídico accidente, el número de fallecidos asciende a 45. A la fecha, 12 siguen hospitalizados y nueve están en casa. Relato de una de las víctimas.
Martín Elías Pacheco

Martín Elías Pacheco

Periodista Colombia
El 6 de agosto, cientos de personas vestidas de blanco se reunieron para inaugurar un camposanto.
El 6 de agosto, cientos de personas vestidas de blanco se reunieron para inaugurar un camposanto.

En Colombia hay lugares tan remotos y abandonados que solo se sabe de ellos cuando la tragedia les toca la puerta. Porque antes de lo que ocurrió el pasado 6 de julio, pocos sabían de la existencia de Tasajera, un pequeño corregimiento del municipio de Puebloviejo, Magdalena, con una pobreza tan arraigada que ha terminado por marcar su historia.

La explosión de un camión cisterna cargado de gasolina que se volcó en una vía del municipio ocasionó la muerte de 45 personas. Siete murieron ese 6 de julio cuando, al ver el accidente, intentaron sacar combustible del vehículo que luego se prendió en llamas. Otras 59 resultaron heridas con quemaduras de gravedad. Fue el comienzo de un drama que, 36 días después, sigue latente.

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Elkin Cahuana estaba junto al camión cuando las llamas se lo llevaron todo. Intentaba sacar el combustible en compañía de su hermano, a quien en un momento pensó haber perdido: “Yo estaba tocando el carro con la mano izquierda porque intentaba sacar gasolina con mi boca y una manguera para llenar la pimpina, cuando escuché la explosión. Yo no me prendí, pero la onda explosiva me tiró varios metros y caí boca abajo. Al voltear todo era un infierno de candela”.

Elkin quedó en shock y corría de un lado a otro sin saber qué hacer. Ese día se había vestido con un jean, tenis negros y un suéter color naranja, poco después notaría que de su ropa no quedaba mucho. Intentó alejarse corriendo en otra dirección. A su lado estaba su excuñado, quien finalmente no sobrevivió. “De repente me acordé de que mi hermano estaba en el lugar y me devolví, pero el carro estaba arropado en llamas; lo único que se me vino a la mente fue que mi hermano estaba calcinado”.

Elkin, de 27 años, duró 22 días en la unidad de cuidados intensivos de la clínica Adelita de Char, en Barranquilla. Su hermano, de 22 años, también sobrevivió a la explosión.

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Las horas siguientes al accidente fueron las más duras para él. “Con otras personas paramos una camioneta; recuerdo que era una Foton blanca. Ahí nos trepamos como diez personas, la mayoría desnudos, totalmente quemados. Yo iba alentando a los muchachos, les dije a todos que le pidieran perdón a Dios. Me olvidé del dolor que yo tenía al verlos tan destrozados”, rememora.

Dos camionetas llegaron al hospital de Ciénaga. Cuerpos desnudos, quemados y tratando de moverse en fila india iban entrando al lugar. El tumulto de gente fue inevitable, a la par que la ola de gritos y lamentos. “El hospital colapsó, las enfermeras ni los médicos sabían qué hacer. Yo no me dejaba tocar en Ciénaga, porque les decía a las enfermeras que atendieran a los demás”. A Elkin lo llevaron en una moto desde Ciénaga hasta el hospital de Puebloviejo, a poco menos de cinco kilómetros. Después fue trasladado al hospital Julio Méndez Barreneche, de Santa Marta. “Lo último que recuerdo fue ver conmigo a muchos quemados en una sala, y luego me subieron a una ambulancia”, dice. Perdió la consciencia y fue trasladado hasta la clínica Adelita de Char, en Barranquilla.

Ante la tragedia el gobernador de Magdalena, Carlos Caicedo, declaró calamidad pública. Siete psicólogos asistieron a 328 personas, un grupo de médicos realizó asistencia a 59 afectados y 79 familias recibieron mercados. En total se hicieron 59 viajes para movilizar a 107 personas entre pacientes y familiares, algunas mediante tres vuelos humanitarios que se habilitaron.

Los heridos fueron llevados a cuatro ciudades del país. En Santa Marta, al hospital Julio Méndez Barreneche, clínicas Mar Caribe y Bahía de Santa Marta; en Barranquilla, a la clínica Reina Catalina y Adelita de Char; en Valledupar, a la clínica de Médicos de Alta Complejidad, y en Bogotá, al hospital Simón Bolívar. De los 59 heridos, 38 fallecieron recibiendo atención médica. Del resto, tres están hospitalizados en Barranquilla, dos en Baranoa, dos en Bogotá, cinco en Valledupar y nueve se recuperan en casa. El hospital infantil Shriners, de Texas, donó más de 35.000 centímetros cuadrados de injertos de piel para tratar a los pacientes quemados. Por fortuna para Elkin, no necesitó tratamiento.

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“El 27 de julio me desperté. Fueron 22 días dormido, no sabía en dónde estaba. Las enfermeras, con mucha alegría en su rostro, decían que yo era un milagro porque no había mucha esperanza. Al escuchar las palabras lo primero que hice fue darle gracias a Dios”, confiesa Elkin con voz agitada, como si le faltara el aire. La experiencia le dejó esa secuela, pues aunque no sufrió quemaduras tan graves, se hinchó y se le estaba cerrando el sistema respiratorio. Elkin está recuperándose en Santa Marta, junto a su hermano, a 43 kilómetros de Tasajera, adonde espera volver en noviembre.

En Tasajera, entretanto, poco o nada ha cambiado. Familiares y allegados lloran los muertos de una tragedia incomprensible, mientras el nombre del corregimiento parece irse desvaneciendo de la agenda pública. Ya poco se habla de ellos, de los problemas de abandono, falta de atención médica e incluso acceso a servicios básicos. Esa pobreza eterna que los llevó a ver en un camión cisterna volcado la oportunidad de ganar algo. Al final de todo siguen esperando que de verdad algo cambie de fondo.

Camposanto para no olvidar a las víctimas

Un grupo de jóvenes de Tasajera se reunió para hacer un camposanto en memoria de las víctimas. Salieron con megáfonos para pedir ayuda material: bloques, cemento y pinturas, entre otros. Los establecimientos comerciales apoyaron la iniciativa, logrando materializar el sueño para no olvidar a los fallecidos.

El camposanto es la presentación de los jóvenes de Tasajera, porque ven el arte y la cultura como un pilar para seguir de pie. Es una reivindicación, un regalo hacia sus familiares y amigos de infancia que murieron”, cuenta Fred Amado Jiménez, gestor social y cultural del corregimiento.

El 6 de agosto, un mes después de la tragedia, cientos de personas vestidas de blanco se reunieron al costado de la vía donde ocurrió la explosión para inaugurar el camposanto. Entre aplausos, bajaron el telón negro y mostraron la pared amarilla con la frase: “En memoria a las víctimas de Tasajera”, y luego soltaron globos blancos al aire.

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