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12 Jul 2021 - 11:35 p. m.

Una taza de café por el progreso de la patria

En pleno corazón de Santander está “El café de mi finca”, un producto que hace una excelente presencia en el mercado nacional. Colombianos berracos.

Sandra Pino Bacca

María Fernanda y su esposo Daniel Rueda empezaron esta empresa que ofrece café pergamino de alta calidad.
María Fernanda y su esposo Daniel Rueda empezaron esta empresa que ofrece café pergamino de alta calidad.
Foto: Cortesía

“La región de la Mesa de los Santos se conoce por su excelente clima apto para el cultivo de el café. Esta idea fue iniciada por mi mamá, quien sembró las primeras matas –variedad Colombia y variedad Castillo–, pero esas producciones se vendían directamente a la cooperativa de caficultores. Más adelante la Federación nos apoyó para sembrar 2.500 matas que son las que tenemos en este momento”, comenta María Fernanda.

En pleno corazón de Santander está “El café de mi finca”, un producto que hace una excelente presencia en el mercado nacional. “A raíz de la pandemia conocimos la empresa Tostión y Aroma, encargada de tostar y moler para pequeños caficultores diferentes tipos de café de la región. Esta empresa nos hizo nuestro estudio de taza el cual arrojó una calidad de café muy balanceada que nos impulsó a empezar a tostar”. Sí señores, café pergamino de alta calidad fue lo que lograron y fue esto lo que efectivamente los motivó a crear su imagen corporativa. Diseñaron el empaque, escogieron el nombre y comenzaron esa labor dedicada de comercializarlo al detal, a ese oficio dispendioso del puerta a puerta.

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Quien iba a pensar que, aquel nefasto momento en el que Daniel Rueda, su esposo y arquitecto de profesión, se quedó sin trabajo por la pandemia se convertiría en el cielo de la oportunidad más importante de sus vidas, “la verdad hemos logrado un gran impacto, pero a la fecha de hoy y con nuestro actual modelo de negocio, no vivimos de ello. Esta actividad contribuye a equilibrar un poco los ingresos de la canasta familiar. Afortunadamente nos ha ido muy bien con las ventas al detal y estamos convencidos que las características naturales del café que vendemos son nuestro valor agregado”, sonríe María Fernanda con absoluta placidez al contarlo.

Para nadie es un secreto que emprender o crear empresa en Colombia no es para nada fácil y ese ese el común denominador con los miles de pequeños empresarios que están tratando de salir a flote ante la situación: “nosotros entendemos que todo trabajo siempre está acompañado de dificultades, pero nuestra enorme traba es la relacionada con la tributación colombiana. No es fácil hacer empresa formal acá, los impuestos y demás obligaciones de ley parecieran que están diseñadas para que solo ‘los grandes’ las puedan cumplir. Al final de la jornada las moderadas ganancias queden al ‘socio holgazán’ –nuestra respetable DIAN–”.

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Con trabas o sin ellas, el camino continúa y la proyección está lista: “queremos expandir los cultivos, no solo de café, sino también de otros árboles que nos produzcan sombra, como el aguacate, y continuar siendo amigables con el medio ambiente como lo hicimos hace ya siete años con nuestras primeras matas. Queremos llegar a tener un café de origen orgánico al 100%. Por otro lado, necesitamos replantear nuestro modelo de negocio para hacerlo más competitivo, no solo a nivel local y nacional, sino también a nivel internacional”.

Su trabajo es artesanal y les permite manejar una escala de valor con las personas que trabajan directa e indirectamente con ellos. Este aspecto les permite tener procesos sostenibles en la recolección, descerezado, lavado, secado a cielo abierto y escogida del grano de forma manual. Todo esto, por sencillo que parezca, es lo hace que se logre un café tostado con un balance perfecto y al paladar cálido y acogedor. En pocas palabras, es un café que hace evocar a esos atardeceres en las fincas, en una mecedora, con la tasa a dos manos, añorando que el tiempo no pase y los recuerdos queden plasmados para siempre. Café cien por ciento producto colombiano.

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