7 Jul 2020 - 11:11 p. m.

“¿Y qué tal las mujeres?”

De una pregunta machista y una respuesta complaciente surge esta mirada desde el arte, lo público y las voces de tres mujeres sobre la violencia de género presente en las noticias de las últimas semanas en Colombia.

John Edward Myers

En octubre del año pasado recibí una invitación de Bibiana Navarro y del Instituto de Turismo del Meta para participar en la programación del Día Mundial del Turismo, desde un extraordinario escenario llamado “Malokas” cerca de Villavicencio. Después de mi segunda charla y de disfrutar una hamburguesa, del tamaño de un pequeño planeta, me senté al lado del conocido periodista llanero Misael Fierro para acompañarlo en su programa “¡Donde está la noticia, está Misael!”, en donde conversamos amablemente sobre las aves del departamento, el potencial del aviturismo y la necesidad de conservar las áreas naturales y llegamos a la pregunta que casi nunca falta.

-¿Y qué tal las mujeres?

- “Muy bonitas”, dije, sin pensar dos veces. Los dos nos reímos.

Misael me agradeció por el tiempo y cerró el segmento.

No volví a pensar de nuevo sobre la entrevista con Misael hasta la semana pasada cuando, durante una conversación telefónica con mi mamá, compartí un resumen de los diabólicos titulares de las noticias de las últimas semanas en Colombia. Mi mamá, Linda Myers, vive en Minnesota en los Estados Unidos y ha dedicado una gran parte de su vida al estudio de la literatura feminista y el avance de las artes literarias en áreas urbanas. Mientras le estaba contando sobre el horror de la violación sistemática de niñas indígenas por parte del Ejército colombiano, y las denuncias anónimas hechas por ocho mujeres hacia el director de cine Ciro Guerra, me llegó otra noticia sobre un feminicidio en Cauca: “Asesinan a Miriam Vargas, lideresa indígena que trabajaba por la paz en Páez (Cauca).

- “Tomando en cuenta este contexto”, le dije: “¿Cuál sería tu caracterización de mi respuesta durante esa entrevista?”

- “Sé que eres consciente de que fuiste cómplice de un humor machista. Algo, probablemente, muy común allá. Hoy en día, el simple hecho de no ser machista, o de no ser racista, es insuficiente. Si vamos a lograr cambios estructurales, la sociedad tiene que ser anti-racista, anti-machista, anti-homofóbica y anti-violencia de género”.

Le estaba agradeciendo por sus aportes y me dijo: “Oye, pero no vayas a escribir uno de estos artículos proclamando que ya has visto la luz y que nos vas a enseñar del tema”

- “No, ¿cómo se te ocurre mamá? Voy a hablar con varias mujeres que saben del tema y que, de primera mano, de alguna u otra forma, han sentido los efectos de la violencia de género”.

Sandra Vilardy, bióloga

Empezamos con la doctora Sandra Vilardy, bióloga, profesora de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes y directora del programa “Parques Cómo Vamos”, quien ha aprovechado la cuarentena para pasear más y entender mejor su perro y para experimentar con la preparación de nuevos postres.

¿Cómo te sientes frente a las atrocidades de las últimas semanas?

La sensación de estas últimas semanas es nueva para mí; cada día traía un golpe duro, dolor, más dolor, más indignación, náuseas, sorpresa. Dolor por ver de manera tan cruda la realidad de un país tan desigual, dolor por reconocer que somos un país en donde más del 32 % de los empleos públicos son de uniformados y que es mayor que el de los profesores y el de los funcionarios que cuidan la naturaleza.

Siento miedo por mi hija, por las mujeres pescadoras y sus hijas que conozco, por la incapacidad del Estado para proteger la vida en todas sus dimensiones. Siento miedo por la irracionalidad de un sistema patriarcal que perdió el norte, que no logra revisarse y autocorregirse. Que no importa si son soldados o un reconocido director de cine, todas las mujeres estamos enfrentadas a un miedo primario en el que podemos ser víctimas; en el que hemos sido víctimas de actuaciones violentas por parte de hombres, que se naturalizaron. Hablando con mis amigas, todas tenemos una historia de abuso o violencia, que hemos callado, que hemos ocultado, que se ha normalizado, que nos ha dañado.

Como líder académica y científica, ¿cómo crees que puedes fomentar los cambios estructurales e institucionales que se requieren para eliminar la violencia contra las mujeres?

Primero creo que es necesario hacer visible los micromachismos. Yo lo hago en clase, y en las reuniones en las que participo. Siempre dejo abierta la comunicación con mis estudiantes mujeres para que puedan hablar conmigo si se enfrentan a algún tipo de violencia; he escuchado casos muy dolorosos y he visto el poder del apoyo y de la solidaridad, el poder que tiene hablar con las mujeres y hacerles ver que ellas no son culpables sino víctimas. A una escala mayor, en los eventos que preparamos, fomento siempre que invitemos mujeres. En mis investigaciones siempre intento mostrar las inequidades de género. Son temas incomodos pero es necesario mostrarlos.

Seguimos con Laura Romero. Laura es abogada y socia fundadora de Awake Travel, elegido en 2018 como uno de los primeros diez start-ups de turismo en el mundo por la Organización Mundial de Turismo. Durante la cuarentena Laura aprendió a hacer una huerta casera y ha usado el vegetarianismo y meditación para llevar el caos de este momento.

¿Cómo reaccionaste a los casos presentados en las últimas semanas?

Con mucha indignación y rabia. Estos hechos reafirman, tanto consciente como inconscientemente, una constante que es un sentimiento de lo vulnerables que somos las mujeres. Se acrecienta nuestra intranquilidad y mi miedo a que algo me pueda pasar por el hecho de ser mujer. No es justo que sintamos esto. El caso del Ejército es aún más reprochable porque se trataba de hombres con una posición de poder. Deberíamos sentirnos protegidas por estas figuras. Sin embargo, estas figuras de poder que son reafirmadas por el Estado no reciben una pena o una sanción que responda a lo que está pasando.

¿Qué crees que puedas hacer como emprendedora?

Cada vez somos más las mujeres que estamos en posiciones o situaciones que nos permiten impulsar el ejemplo en otras niñas y mujeres. Brindarles un mensaje de que el cambio y la transformación sí es posible. Siento que en mi cotidianidad estoy rodeada de hombres y que no hay el suficiente número de mujeres en espacios de poder y de toma de decisiones y me pasa, con mucha frecuencia, que soy la única mujer. Por esto es necesario visibilizar casos de lideresas y así demostrar a las niñas que sí es posible incidir en el cambio. Por ejemplo, en el turismo, es necesario continuar empoderando a las mujeres como gestoras del territorio que logran un cambio positivo en sus comunidades. El turismo es una opción muy equitativa ya que permite el protagonismo de la mujer. Es un sector que impulsa a las mujeres a otras labores y eliminar el machismo en las comunidades, ya que permite el empoderamiento de la mujer tanto en sus tradiciones como en su influencia en el entorno.

Mujeres proyectadas

Con este tema rondando en mi mente, el pasado viernes 27 de junio, vi por las redes sociales un post de mi amigo Rafael Puyana. Me llamó la atención la imagen de un dibujo de tres mujeres proyectada en la pared del edificio frente su apartamento.

Lleno de curiosidad, llamé a Rafa quien me comentó.

“El viernes 27 de Junio mi novia, mis amigas y conocidas empezaron a postear por redes al unísono una ilustración muy linda, de tres mujeres abrazándose con el título: “Nos queremos vivas, libres y sin miedo”. Es una imagen que me conmovió mucho porque viene de un deseo muy profundo desde el amor y no desde la ira. Mi novia, en especial, estaba muy conmovida con estos eventos y sin pensarlo mucho saqué mi proyector por la ventana y lancé esa imagen al edificio de en frente como un gesto de solidaridad, tomé una foto y la compartí con mis amigos. En cuestión de minutos empecé a leer las impresiones de la gente, primero de amigas, conocidas y luego personas que no conozco. Al siguiente día un colectivo de mujeres mexicanas, de la forma más generosa posible, compartió sin restricción una colección hermosa de imágenes hechas para las protestas del 8M en CDMX, otras más se sumaron y durante las tres noches del puente estuvieron alumbrando imágenes muy poderosas.

Otros hombres en solidaridad también enviaron imágenes pero tomé la decisión de abrir este espacio sólo para mujeres. Estoy convencido de que la lucha feminista y las luchas por la igualdad de género necesitan del apoyo masculino pero este apoyo tiene que venir de otro lugar. Debe venir de un lugar, de acompañar y de ofrecer lo que se tiene. Sin condiciones. Un lugar de acompañar de pie, al lado, sólidamente, pero en silencio.

Laura Jaramillo, gerente, naturalista

Mientras las imágenes empezaban a rotar, hablé con mi amiga Laura Jaramillo que me contó que ya había visto la proyección y que quería apoyar el esfuerzo. Laura es abogada y trabaja actualmente como gerente del Programa de Océanos de Conservación Internacional. Además de ser mi amiga y colega, Laura tiene el arduo y muy mal pagado trabajo adicional de editar mis escritos. Laura compartió que en la cuarentena entendió por qué los gatos miran tanto por la ventana.

Me dijiste que el caso de la violación de la menor embera, por los siete soldados del Ejército, básicamente muestra que en Colombia el Estado es el responsable de estas atrocidades. ¿Crees que este evento puede servir para generar cambios positivos?

El caso de la violación de la menor de la comunidad Gito Dokabu-Embera Katío es completamente aberrante. No sólo porque el hecho en sí es inconcebible sino porque quienes están involucrados en este crimen son miembros de la Fuerza Pública. Esa fuerza (integrada por Fuerzas Militares y la Policía Nacional) que supone una defensa para la sociedad colombiana y que, por su condición, claramente tiene una posición de poder sobre la ciudadanía. Cabe recordar que, de conformidad con la Constitución Política de Colombia, es el presidente de la República el comandante supremo de estas fuerzas y, sin embargo, hasta la fecha, Colombia no ha recibido un mensaje contundente acerca de cómo se va a evitar que un caso similar ocurra en el futuro.

Por el contrario, hemos recibido mensajes confusos. Sólo por el hecho que en la imputación de cargos la Fiscalía haya omitido el componente violento y los agravantes de la violación, sentimos que nos están faltando a la verdad, un pilar fundamental para la reparación de las víctimas y que tanto nos ha faltado en este país.

De igual forma, parecería que en las respuestas de los dirigentes se olvidara que este no es un caso aislado y que el Estado está fallando en protegernos de sus propias fuerzas. ¿Acaso no recuerdan que el pasado abril una joven en Cali fue presuntamente violada en un CAI? ¿O no son conscientes de las cifras tan escandalosas de este tipo de conductas por parte de las fuerzas armadas? Es sólo ver las últimas ocurrencias, como la de la menor Nukak que denunció hace ocho meses haber sido secuestrado y abusada por dos soldados, la mujer que fue víctima de violación por un patrullero de la Policía en un bus de la institución, así como los casos descritos por la Fundación Paz y Reconciliación, para entender que no se trata de “unas cuantas manzanas podridas” sino que existe un abuso sistemático y arraigado.

Entonces la pregunta es, más allá de las sanciones penales y disciplinarias, ¿qué va a hacer el Estado y, en especial, el comandante supremo de la Fuerza Pública para garantizar que esto no vuelva a ocurrir? Acá es donde requerimos el cambio positivo, que las mujeres no sintamos miedo al ver policías o miembros del Ejército, que exista una política tan clara al respecto que garantice nuestros derechos fundamentales, donde nunca más los representantes de un Estado actúen como victimarios.

¿Qué pensaste del proyecto de Rafa y por qué decidiste colaborar?

En mi opinión, esta iniciativa no sólo es conmovedora sino también necesaria. El arte es una plataforma vital para reflejar el estado de una sociedad y permite a las personas recapacitar y soñar con un mundo mejor. Rafael, como múltiples artistas, está brindando un espacio y una oportunidad a todas las mujeres para que nos expresemos y para que podamos dar visibilidad a esta problemática que nos tiene tan afectadas. El hecho que sea una intervención en un espacio público también nos lleva a reflexionar acerca de la importancia de que exista una acción colectiva desde la ética y desde la solidaridad porque, así como las calles son de la colectividad y tenemos una responsabilidad en los bienes de uso público, la defensa de los derechos es algo que nos compete como sociedad, no quedarnos calladas (que en el contexto colombiano puede llegar a ser muy complejo) es nuestro derecho, así como buscar sin miedo los cambios sociales que eviten estas atrocidades.

Linithd Blackburn, cineasta, activista

Entonces, regresando a la pregunta “¿y qué tal las mujeres?” y lo que realmente hubiera dicho en lugar de mi pésima respuesta original, doy la palabra a Linithd Aparicio Blackburn. Linithd es cineasta, activista y actualmente la directora ejecutiva de FICAMAZONIA, el festival de cine ambiental itinerante de la Amazonia. Dedicó una gran parte de la cuarentena tratando de recuperar donaciones previamente comprometidas para FICAMAZONIA.

Tenemos incrustada una formación partriarcal y machista desde hace mucho tiempo. Desde el abuso de poder frente a una preconcebida y equivocada concepción de debilidad de la mujer en todos los ámbitos de su rol en la sociedad.

Pienso que estas noticias de las ultimas semanas reavivan la discusión y reflexión con respecto a como nuestra sociedad ha “normalizado” la violación de los derechos de la mujer y de género. Hay mucho camino por recorrer en este ámbito; claramente, cada vez es más evidente por la posiblidad de comunicar estos hechos y de una sanción social, porque no hay credibilidad en la justicia y sí revictimización; sin embargo, es un proceso de estructuración del pensamiento, de la igualdad y el reconocimiento como sociedad de los valores y derechos que tenemos las mujeres.

Como sociedad nos falta mucho para “des-normalizar” la violencia de género. Estamos despertando, hacia una consciencia de empoderamiento de las mujeres para lidiar con este flagelo, para que la sociedad entienda ¡tantas cosas!… falta camino, falta educación. ¡El desafío es grande! Falta reconocimiento y validación del verdadero papel de la mujer en nuestra sociedad. Desde nuestros oficios, muchas mujeres que hemos sido víctimas de abuso o acoso permanentemente estamos direccionando nuestras acciones hacia esta labor.

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