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13 Aug 2013 - 4:34 p. m.

El Espectador y Antioquia

El 22 de marzo de 1887 en Medellín nació la obra periodística de un ilustre antioqueño: Fidel Cano Gutiérrez.

Redacción Ipad

El Espectador nació en la calle de El Codo cerca al parque de Berrio. /Archivo
El Espectador nació en la calle de El Codo cerca al parque de Berrio. /Archivo

Su idea surgió para defender las idea liberales en un momento en el que las autoridades de la República promovían otro orden.

Un año atrás, una asamblea de delegatarios había promulgado la constitución de 1886 que, entre otros aspectos, impuso la confesión católica como religión de Estado, revivió la pena de muerte y restringió el ejercicio pleno de los derechos fundamentales, entre ellos, la libertad de expresión. En el artículo 42 de la Carta Política de 1886 quedó consagrado que la prensa era libre pero en tiempos de paz. Bajo este argumento, el ejercicio periodístico se convirtió en una tarea de guerreros.

Eso explica porque El Espectador, durante su primera etapa en Medellín, tuvo que soportar toda clase de censuras y su director y fundador, Fidel Cano, toda suerte de apremios personales. Apenas alcanzaba su número 80 cuando ya el gobierno lo había suspendido. Ese fue el denominador común hasta terminar el siglo XIX. En 1893, Fidel Cano fue confinado a prisión y pasó 18 meses en la cárcel de Envigado. Cuando no faltaba el prohibicionismo oficial, también se daba la censura eclesiástica.

Hasta el 19 de octubre 1889, dos días después de que estallara la guerra de los Mil Días en Santander, El Espectador fue un periódico netamente antioqueño. No solo por la raíces de su director Fidel Cano, sino porque algunos de sus colaboradores más notables, Juan de Dios Uribe o Rafael Uribe Uribe también tenían ese origen. A partir de ese día, el periódico tuvo que silenciarse y solo regresó cuatro años después, el 16 de octubre 1903, aún con la gestión desde la capital antioqueña.

Ya para entonces gobernaba Rafael Reyes, de quien se dijo que para imponer el orden confiscó la libertad. La prueba es que El Espectador no duró mucho en su libre impresión. Apenas 14 meses. El 17 de diciembre de 1904, nuevamente fue suspendido. Solo regresó hasta el 2 de enero de 1913, casi nueve años de silencio. De nuevo su casa fue Medellín, y fueron llegando grandes talentos de esa entraña. Fernando Isaza, Jorge Robledo o Francisco de Paula Rendón, entre otros.

El 10 de febrero de 1915, por iniciativa de Joaquín Cano, el periódico El Espectador empezó a publicarse de manera simultánea en Medellín y Bogotá, y poco a poco se fue quedando en la capital de la República. No obstante, cuando se quedó en Bogotá, detrás de Fidel Cano y de sus hijos Luis y Gabriel Cano, partió hacia la capital una generación de talentosos antioqueños que habrían de consolidarse en el plano nacional. Entre ellos, dos colosos del periodismo: Ricardo Rendón y Luis Tejada.

El primero, natural de Rionegro y, sin duda alguna, el caricaturista más importante de la primera mitad del siglo XX en Colombia. Desde 1918 se radicó en Bogotá, sus trabajos lo hicieron famoso en El Espectador, La República, El Tiempo y Cromos, pero incomprensiblemente el 28 de octubre de 1931, se suicidó de un tiro en la cabeza en su lugar predilecto de tertulia. El segundo, Luis Tejada, es considerado uno de los pioneros de la crónica en Colombia, pero apenas vivió 26 años. Falleció en septiembre de 1924.

A lo largo de su historia, El Espectador siempre tuvo abiertas sus páginas al talento antioqueño. La nueva generación de la familia Cano tuvo claro este legado. El fundador Fidel Cano murió en enero de 1919, y su hijo Luis en 1950. Las riendas del diario quedaron en cabeza de Gabriel Cano, nacido en Medellín, y de sus hijos Luis Gabriel, Guillermo, Alfonso y Fidel. El primero de ellos nacido en Medellín. Los tres restantes en Bogotá pero con estrechos lazos familiares en Antioquia.

A grandes rasgos, la voz de Antioquia se vio reflejada, entre otros, en el poeta, periodista y escritor Rogelio Echavarria; en los aportes de Sofía Ospina de Navarro y su habitual columna “Hogar”, o del poeta Carlos Edmundo Mejía, más conocido como Ciro Mejía; en el talento de Roberto Cadavid, inmortalizado a través de su mentado seudónimo ‘Argos’; o en el concurso permanente de Diego Mejía Mejía, editorialista de muchos años además de congresista y diplomático.

Como en toda sinopsis, es imposible registrar todos los nombres de periodistas antioqueños en El Espectador. Empezando por sus corresponsales de ayer y hoy. Lo cierto es que, como siempre fue un distintivo del periódico, a pesar de las dificultades que afrontó el diario en los aciagos tiempos de Pablo Escobar, la capital antioqueña y, en general todos los municipios del departamento, han acogido a un impreso de 126 años que nació en la calle de El Codo, cerca al actual parque de Berrio, y sigue circulando en Antioquia como la primera vez.

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