28 Nov 2010 - 8:00 p. m.

¿Hacia el surgir de un nuevo capo?

Alcaldía y Policía dicen que disminución de homicidios  es por su gestión. Personería y ONG, que por efecto del triunfo de 'Sebastián'.

Ricardo Cruz / Reporteros de Colombia*

En materia de orden público, Medellín vive días de relativa tranquilidad. Luego de los graves hechos ocurridos durante el primer semestre, las últimas semanas han estado marcadas por un significativo descenso en los homicidios y las confrontaciones armadas, incluso sus epicentros de la violencia urbana.

En la Comuna 13, por ejemplo, hubo 39 asesinatos en los últimos tres meses (40% menos que el trimestre anterior a la entrada en operación del Centro Integrado de Intervención). En barrios como Castilla, Doce de Octubre y Santa Cruz los homicidios cayeron más del 30% durante los últimos dos meses, algo que no había ocurrido en lo corrido del año.

Comunidades, analistas y activistas locales se preguntan si esta “calma chicha” obedece al éxito de las políticas municipales de seguridad,  a los recientes pactos de no agresión entre bandas o, como se menciona con insistencia en comunas de la ciudad, a que la guerra por el control de las rentas legales e ilegales (que disparó los homicidios desde finales de 2008) ha sido ganada por algún bando en disputa.

Según la Secretaría de Gobierno de Medellín, al 25 de noviembre, este año tenía un 3% menos de homicidios que el anterior. De 1.915 casos se pasó a 1.860. La tendencia fue más notoria en la comuna 6, que bajó de 189 a 128. De ahí que las autoridades aspiren a que no se superen los 2.000 homicidios al final de 2010, apoyadas, entre otras, por la labor de la recién creada Asesoría de Reconciliación de la Alcaldía de Medellín, que ya promovió desarmes y compromisos de paz entre los combos de la Comuna 1.

La Policía Metropolitana del Valle de Aburrá explica los logros a partir de la entrada en operación del Centro de Intervención Integral para la Comuna 13: capturas, incautación de armamento y fuertes golpes a bandas delincuenciales, como ‘Los Bananeros’, de alias Valenciano.

Las interpretaciones de la Personería de Medellín no descartan que, efectivamente, la balanza comenzó a inclinarse a favor de uno de los capos auspiciadores de esta nueva guerra: alias Sebastián.

“Se podría explicar este descenso en los homicidios a (partir de) una combinación de factores: la acción efectiva de las autoridades en varios territorios de la ciudad; el hecho de que ciertos grupos armados ilegales estén buscando espacios de diálogo tendientes a disminuir la violencia y, en tercer lugar, un posible triunfo de la estructura de alias Sebastián sobre los grupos armados pertenecientes a alias Valenciano en sectores como La Galera y El Hoyo en la Comuna 1, El Desierto en la Comuna 3, El Sinaí en la Comuna 2, El Volado del barrio El Salado y las Independencias II en la Comuna 13”, señaló la Personería.

Fernando Quijano, director de la ONG Corporación para la Paz y el Desarrollo (Corpades), añade que “después de la gran cantidad de homicidios y enfrentamientos que hubo en Medellín, hay una decisión del poder real de la ciudad de aplacar esto. Estamos convencidos de que la balanza ya se inclinó a favor de la estructura que dirige alias Sebastián”.

Tiene razones para pensarlo. El 29 de agosto la Unidad Permanente para los Derechos Humanos de la Personería de Medellín atendió a 15 jóvenes víctimas de desplazamiento forzado del sector El Hoyo, del barrio Manrique Las Nieves. Eran de la banda ‘El Hoyo’ (ligada a la estructura de alias Valenciano), que 24 horas antes se enfrentó con las bandas de ‘San Pablo’, ‘San José la Cima’ y ‘Barrios Unidos’, lideradas por Sebastián. Los vencedores (de Sebastián) advirtieron a los vencidos: “Se someten a nosotros o lo mejor es que se vayan del barrio”.

Quijano coincide con análisis de la Mesa de Derechos Humanos de la Comuna 6, que agrupa a líderes barriales defensores de los derechos humanos.

“¿Qué nos dice la gente en los barrios? Que hay muchas bandas pequeñas que se sometieron a las de Sebastián, en parte porque ya no les estaban llegando recursos y quedaron en desventaja militar. Las únicas bandas fuertes que le quedan en esta comuna a Valenciano son ‘Los Mondongueros’ y ‘Los Machacos’”, indicó Carlos Arcila, coordinador de la Mesa.

De confirmarse dicha hipótesis, la capital antioqueña estaría repitiendo la historia que ha marcado los últimos 20 años de criminalidad y violencia de la ciudad: “Se está comprobando que esta ciudad necesita un ‘don’ que por lo menos logre regular la criminalidad”, expresó Quijano.

Con la extradición de Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, a EE.UU., la ciudad vivió el mismo fenómeno que con la muerte de Pablo Escobar. Sus herederos se disputaron el control de la ‘Oficina de Envigado’, pues manejar dicho centro criminal significaba tener dominada buena parte de la cadena del narcotráfico.

En esta disputa emergieron los nuevos capos de Medellín: alias Valenciano y alias Sebastián. Del primero, la Policía Judicial reseña que su nombre real es Maximiliano Bonilla Orozco, oriundo de los Llanos Orientales y que, tras el asesinato de su padre a mediados de los 90, fue “adoptado” por alias Don Berna, de cuya mano conoció a fondo el entramado del tráfico de drogas.

De Érick Vargas, Sebastián, se sabe que es un experto pistolero iniciado en el mundo criminal hace más de 15 años y que se ganó la confianza de Leonardo Muñoz, alias Douglas, heredero natural de Don Berna y quien fuera capturado el 15 de abril de 2009.

Nadie sabe a ciencia cierta cuál fue la chispa que encendió la hoguera de la guerra. Sólo se sabe que en esta disputa ambas facciones involucraron a cerca de 150 bandas y más de 3.600 hombres y que mientras Valenciano ofreció armas (fusiles) y dinero, la gente al mando de Sebastián se financió con vacunas, fleteo y microtráfico.

Zozobra en los barrios

Más allá de las razones que expliquen la reducción de la violencia, en diversas zonas de la ciudad la gente aún no se atreve a romper las barreras invisibles que las bandas delincuenciales impusieron en su lógica de guerra, las vacunas a comerciantes y transportadores persisten y las plazas de vicio siguen siendo rentables.

Wbéimar Guarín, tradicional líder comunitario del barrio Aranjuez, nororiente de la ciudad, cree que mientras las rentas ilegales no estén en juego, habrá disminución de homicidios.

¿Es cierto que la balanza del conflicto en la ciudad se inclinó a favor de Sebastián? Juan Felipe Palau, secretario de Gobierno de Medellín, dice que no: “Es erróneo sostener tal afirmación, como también lo es que la reducción de homicidios que experimenta la ciudad se deba a pactos entre delincuentes o cosa similar. Descreemos de esos pactos, porque la historia reciente, por lo menos en los 12 meses que llevo en este cargo, me ha demostrado que no existen lealtades ni compromisos entre ellos y lo que hoy tenemos en Medellín es una confrontación entre redes criminales que buscan apoderarse de rentas ilegales y en algunos casos de las legales”.

El municipio buscará cortar el flujo de recursos para las bandas, así como el ingreso de jóvenes a las más de 200 estructuras que existen en la ciudad, según la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá. También le apostará a la Asesoría de Reconciliación, cuyo coordinador, Jaime Fajardo Landaeta, prefiere no entrar en discusiones sobre si hay un nuevo capo y si los pactos de no agresión que se consoliden terminarán por rendir réditos electorales. “Trabajaré con los jóvenes inmersos en el conflicto, sean de Sebastián, Valenciano o independientes”.

Reducir los homicidios y niveles de confrontación entre bandas es un objetivo vital, pero las comunidades esperan que también se ataquen otros factores desestabilizadores de la vida de las comunas.

Entretanto, el enfrentamiento entre ambos bandos se trasladó a la Cárcel de Bellavista, donde este domingo tres reclusos resultaron heridos.

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