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Multas, cierres y casas en venta: la disputa por el ruido en la carrera 45 de Medellín

La carrera 45 es hoy un corredor de discotecas en Manrique Central, la tercera comuna con más quejas por ruido de la ciudad con 3.248 llamadas al 123 en los primeros cuatros meses de 2026.

Laura Orrego

30 de junio de 2026 - 08:00 a. m.
Carrera 45 con la calle 69. Discotecas, bares, tabernas y establecimientos de venta de licor son el centro de la vida nocturna en esta vía de Manrique.
Foto: Laura Orrego
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La carrera 45 en el barrio Manrique Central, al nororiente de Medellín, es famosa desde la década de los 60, cuando fue comparada con las calles de Buenos Aires, Argentina. Por eso también era conocida como la calle Carlos Gardel. En los 70, gracias a las tiendas, cafés y teatros, se convirtió en la tango vía, pero en 2026 ha sido rebautizada en redes sociales como la Nueva Delhi de Medellín, por el descontrol nocturno en las vías junto a las discotecas, bares y tabernas que se extienden por casi ocho cuadras. Las motocicletas invaden el carril exclusivo del transporte público, mientras que la música estridente envuelve varias cuadras aledañas.El ruido y el caos para quienes viven allí hacen imposible dormir.

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“El problema del ruido en la 45 ya lleva más de cuatro o cinco años, y ha ido aumentando, porque un sector que era absolutamente tranquilo, como Manrique Central, fue donde se concentraron las discotecas”, afirma Ana López, habitante del barrio hace más de 40 años, quien añade que “no hay ningún control por parte de las autoridades”.

La situación en la zona es tal, que de acuerdo con la Alcaldía de Medellín, entre el 1° de enero y el 30 de abril de 2026, de las 45.542 llamadas por ruido excesivo y perturbación al orden público que se recibieron a la línea 123, 3.248 eran de la Comuna 3, Manrique, donde están los bares.

Los vecinos señalan que el cambio ha sido progresivo. Primero había muchos locales comerciales tradicionales que fueron cerrando y dando paso a los establecimientos nocturnos. Sara Castro, de 23 años, quien creció en la 45 y ahora vive en La América, relata que el ruido era un síntoma de otras afectaciones. Por ejemplo, en su cuadra, sobre la 70 con la 45, el parqueo de los asistentes a las discotecas bloqueaba el paso de vehículos de las personas que vivían en la zona. “Mi cuadra era un parqueadero. Si salía el fin de semana y pedía un Uber, no podía entrar a recogerme porque un carro ni siquiera cabía”, esto la obligaba a caminar, a altas horas de la noche.

Castro añade que las fiestas no se limitaban a los fines de semana, la discoteca de su cuadra programaba música “de domingo a lunes, y hasta las seis o siete de la mañana del lunes”, incluso en días laborales. A esto se sumó la instalación de un helipuerto que afectó especialmente a los adultos mayores de su familia: “Se volvió muy insoportable, porque mi abuela seguía viviendo en la zona y son adultos mayores, están todo el día en la casa”. Por eso, en 2024, ella y su madre decidieron abandonar el barrio en el que crecieron. “Las zonas las están volviendo inhabitables. Muchas personas que hemos vivido toda la vida en el sector nos estamos teniendo que ir”, afirma.

Otros habitantes coinciden con Castro en describir lo ocurrido como un desplazamiento urbano: “Gente que llevaba 30, 40 o 50 años viviendo en el sector vendieron sus casas y se fueron. Es muy triste ver cómo se va quedando solo el barrio y deja a los que nos quedamos sin ninguna expectativa de cambio”, relata López, quien además intentó, sin éxito, que los vecinos firmaran una queja colectiva. “La gente dice que no se sabe quiénes son los dueños de las discotecas y que más bien no se van a meter en ese problema”.

Distintas casas en venta en la cuadra aledaña al sector de la carrera 45 con más concentración de establecimientos comerciales.
Foto: Laura Orrego

López asegura que las llamadas al 123 no son efectivas, pues las respuestas de la Secretaría de Seguridad y las inspecciones son evasivas. Solicitó por derecho de petición los informes del estudio de ruido del sector a la Inspección 4 B de Policía, pero la respuesta no fue contundente. “El despacho ha realizado oficios dirigidos a: Inspección de Permanencia 1, comandante de Estación de Policía Aranjuez, Planeación Territorial y Estratégica de Ciudad, Subsecretaría de Control Urbanístico y una solicitud de medición de ruido a la Unidad de Inspecciones de Policía”.

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La norma

La Resolución 0627 de 2006 fija los niveles máximos en zonas comerciales a 70 decibeles de día y 60 de noche, mientras que el Código de Policía (Ley 1801 de 2016) contempla medidas que van desde multas hasta la suspensión de la actividad para quien afecte la tranquilidad o incumpla horarios y uso del suelo. A esto se suma la Ley 2450 de 2025, conocida como “ley contra el ruido”, que lo reconoce como factor de contaminación ambiental y obliga a los municipios a formular un plan de gestión del ruido.

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Sobre esto, el abogado Mateo Bohórquez, especialista en derecho civil, explica que la Constitución de 1991 no menciona de forma directa un derecho al descanso, pero que este se desprende de otros que sí están escritos, como la intimidad personal y familiar, la salud ligada a un ambiente sano y el descanso del trabajador. “El derecho al descanso y al silencio ambiental constituye una manifestación del principio de dignidad humana, así como una garantía indispensable para la efectividad del derecho a la salud, a la vida digna y al ambiente sano”, precisa.

Además, en Medellín los horarios dependen del uso del suelo definido por el POT. En zonas de alta mixtura, como quedó clasificada parte de la 45, el horario máximo es hasta las 2:00 a. m., extensible a las 4:00 a. m. para los establecimientos certificados en el programa Medellín Convive la Noche, una iniciativa de la Alcaldía que busca regular los establecimientos nocturnos para mejorar la convivencia. Sin embargo, los vecinos aseguran que estos horarios no se respetan.

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Yamile Agudelo, secretaria de la Inspección 4 B de Policía, informó a los vecinos que la dependencia ya había adelantado procesos contra los establecimientos de la zona. Por ejemplo, a la discoteca Heaven se le impuso una multa y se le ordenó insonorizar; sobre el establecimiento Praga se decretó cierre definitivo, decisión que está en apelación, y Zenith, junto con otros 14 establecimientos, está en proceso de recolección de documentación y pruebas para fijar audiencia. “La orden a todas va a ser insonorizar, las que tengan el debido uso del suelo podrán continuar, y las que no, se ordenará el cierre definitivo”, precisó.

No obstante, en esa misma comunicación la Inspección sugirió a los vecinos asumir parte de las adecuaciones en sus propias viviendas. Como la 45 quedó clasificada en zona de alta mixtura, les recomendó “ir organizando sus inmuebles para ayudarse un poquito. Sería bueno ir poniendo vidrios antirruido y así minimizar las molestias”, y explicó que si los establecimientos cumplen con los requisitos de ley, “nada se puede hacer”. La recomendación, que traslada parte del costo a quienes denuncian, ha generado inconformidad entre los residentes, que insisten en que son los negocios y no quienes padecen el ruido los obligados a cumplir la norma.

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Ante la situación, la Alcaldía de Medellín señaló que abrió desde 2024 un programa que se encarga de asesorar a los establecimientos nocturnos en la implementación de sistemas de control de ruido: “Este es un acompañamiento técnico y cultural para que cada uno de los establecimientos se puedan acercar a la administración y participar”. El subsecretario de Gestión Ambiental, Mario Ramírez, detalló que “nosotros logramos hacer insonorización de espacios, diseños de los mismos, entregar un decibelímetro para poder que haya también un autocontrol por parte del establecimiento en el ruido que nos está generando contaminación y problemas de salud”. A esto se suma la existencia de la Cuadrilla Antirruido de la Secretaría de Seguridad, que, según datos de la Alcaldía, realizó 146 intervenciones durante el primer trimestre de 2026, entre mediciones acústicas y acciones pedagógicas.

Mientras tanto, los vecinos de Manrique Central lamentan que la calle que fue cuna del tango y refugio de la vida de barrio es hoy sinónimo de insomnio y desarraigo. Quienes resisten admiten que sí han existido multas, órdenes de insonorización y hasta cierres, pero también tienen la sensación de que la solución llega tarde, después de que muchos ya abandonaron sus hogares. Ellos siguen a la expectativa de que las autoridades hagan cumplir las normas del ruido antes de que el barrio termine de quedarse sin sus habitantes de toda la vida.

Por Laura Orrego

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