Con miras a elecciones regionales de octubre próximo

El complejo panorama electoral para FARC con realzados en armas

Aunque analistas coinciden en que el partido no tiene gran oportunidad de triunfo, advierten que el rearme supone retos como movimiento social y para la seguridad de sus candidatos.

En la foto se ve a Timochenko, jefe de la FARC; Sandra Ramírez, senadora; y los militantes del partido Pastor Alape, Benkos Biohó, Jairo Estrada y Rodrigo Granda.Óscar Pérez - El Espectador

El anuncio de un grupo de disidentes de las Farc, en cabeza de Iván Márquez, de alzarse una vez más en armas para dar continuidad a su lucha subversiva, no solo implica el mayor desafío al Acuerdo de Paz, sino que pone en jaque las aspiraciones políticas y la propia seguridad de aquellos reinsertados que —en cumplimiento de lo acordado y fieles al espíritu de paz— apostaron por la democracia como escenario de contienda de cara a las elecciones de octubre.

Si bien el partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) presentó una modesta lista de 254 candidatos a diferentes cargos de elección popular (apenas el 0,2 % de los 117.822 aspirantes), esa incursión en la arena electoral se configura como uno de los pasos a seguir para consolidar los acuerdos en materia de participación y reincorporación, fortalecerse como movimiento social y, sobre todo, afianzarse como alternativa política en zonas donde históricamente han hecho presencia.

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Sin embargo, advierten analistas, el regreso a la guerra de una facción de excomandantes de frentes y columnas desdibuja ese propósito y complica todavía más la oportunidad que tiene el movimiento de revertir los resultados de los comicios legislativos pasados, cuando se sometieron por primera vez al escrutinio de los colombianos. En ese entonces, en marzo del año pasado, la FARC obtuvo 52.532 votos para Senado (el 0,2 % del total) y 32.636 para Cámara de Representantes (el 0,1 %).

De acuerdo con Yann Basset, director del Grupo de Estudios de la Democracia de la Universidad del Rosario, aunque aún es prematuro dimensionar el impacto electoral que tendrá un nuevo levantamiento en armas, lo cierto es que la FARC “tenía muy pocas posibilidades” de hacerse a cargos de elección popular y lo ocurrido no hace más que socavar ese propósito.

“El partido no presentó muchas candidaturas y ha tratado de armar coaliciones que no resultaron muy bien. El discurso de Rodrigo Londoño [su director] de seguir cumpliendo lo acordado puede ser bien recibido porque ha estado a la altura de las circunstancias. El hecho de que se aleje de figuras como Márquez o Santrich puede ser algo bueno para la FARC como partido, pero es incierto si para estas elecciones sea suficiente para tener buenos resultados”, explica.

La propia FARC es consciente de esta situación. Carlos Antonio Lozada, actual senador, coincide en que el escenario de lucha armada “complica un panorama que ya era de por sí difícil” de cara a las elecciones y, de paso, genera confusión entre quienes están a favor de los acuerdos y los que retomaron las armas. “Esto le agrega una complejidad mayor a nuestra presencia en el campo de las elecciones. Va a ser difícil explicarle a la gente del común la diferencia entre las mal denominadas disidencias y el proyecto de partido FARC”, manifiesta.

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Por si fuera poco, indica a su turno Juan Carlos Rodríguez, codirector del Observatorio de la Democracia de la Universidad de los Andes, ese levantamiento armado se configura como la gasolina que necesitaban sectores opositores a lo pactado en La Habana para arreciar en las críticas, capitalizar votos y hacer campaña con la situación. “Esto será aprovechado electoralmente por quienes están en contra del Acuerdo. Ya hemos oído declaraciones hablando de desmontar aspectos importantes”.

Para Ariel Ávila, subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación, aunque el panorama electoral para la FARC pinta “desastroso y a lo mucho tendrá un alcalde y máximo tres concejales”, no se puede pasar por alto que el partido se encuentra en un proceso de aprendizaje, lo que ha acentuado crisis internas, divisiones y abandono de zonas donde hacían presencia, “las cuales terminaron copadas por políticos tradicionales”.

No obstante, más allá de poder rasguñar votos y escalar a posiciones de poder, para Rodríguez lo verdaderamente preocupante es que todo esto pone a los que sí están cumpliendo en una situación de riesgo, estigmatización e inseguridad en el plano electoral.

“Es claro que en las elecciones no les iba a ir muy bien, ahora con esto menos. Sin embargo, su seguridad es lo más preocupante. Algunos de los que hoy están con el Acuerdo pueden estar dudosos y si sienten que no se está cumpliendo, terminarían atraídos por esas disidencias. De allí la importancia de que el Estado les cumpla”, asegura.

Para no ir más lejos en materia de seguridad, basta recordar lo ocurrido justo hace ocho días en Catatumbo, donde fue increpado por hombres armados Emiro del Carmen Ropero, excomandante del frente 33, conocido en la guerra como Rubén Zamora, quien aspira a un escaño en la Asamblea. El vehículo en el que se movilizaba fue incinerado, a sus escoltas los despojaron de sus armas y fue retenido por cerca de una hora.

Estas preocupaciones las comparte Lozada, quien teme que los señalamientos contra los candidatos de FARC escalen hasta la violencia. Pese a todo, dice, se esforzarán por mantener el liderazgo en los territorios e incluso invita a votar por sus candidatos como una forma de respaldo al Acuerdo: “La extrema derecha no va a desaprovechar esta oportunidad para señalar de forma irresponsable y peligrosa a nuestros simpatizantes, dirigentes y candidatos. Dirán que es una estrategia para continuar haciendo política con un ala armada, un argumento que acrecienta los riesgos para nosotros”.

En respuesta, Miguel Ceballos, comisionado de Paz, responde que el compromiso del Gobierno es acompañar y respaldar a quienes continúen en el proceso. Sin embargo, aseguró que a la FARC le cabe una gran responsabilidad para diferenciarse de los alzados en armas. “El partido tiene la gran misión de distinguirse de cualquier grupo que quiera utilizar el nombre que escogieron. Les pedimos que excluyan a quienes aparecen en el video en el que dicen que retoman las armas y que fueron identificados”, expresó.

Restan dos meses para las elecciones y si bien el escenario electoral es incierto, lo claro es que el regreso a las armas de los guerrilleros que se habían comprometido con la paz supone riesgos para los que persisten en la implementación. De allí la importancia de que el Estado no solo les cumpla, sino que garantice su protección. Al margen de lo que ocurra en las urnas, el desafío es consolidar la paz en los territorios. La tarea persiste.

 
 

 

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-Javier González Penagos / @Currinche

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El complejo panorama electoral para FARC con realzados en armas

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