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27 Jul 2021 - 5:15 p. m.

Carta a A y S, mis hijos, campeones de la vida

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República de Colombia, julio 25 de 2021
"Las víctimas no son los papás; son ellos, los niños". Mariano Díaz Arenas
"Las víctimas no son los papás; son ellos, los niños". Mariano Díaz Arenas
Foto: Getty Images

Daría todo lo que tengo y lo que soy para que ustedes dos no tuvieran que pasar por el absurdo calvario al que se han visto sometidos en estos años. He intentado protegerlos usando todos los recursos a mi alcance y, en ese intento, ustedes me han inspirado y mostrado su valor y coraje. Los abuelos también están destrozados. Es una situación muy triste, fuerte e indeseable para todos.

Me duele profundamente ver sus fotos, sus caritas, nuestra honra como familia en memes, en historias digitales efímeras y en diversos grupos en las redes sociales. Vías donde los valientes son muchos, pero no se dejan ver, ni las caras conocemos ni conoceremos. Me duele, tanto como aquellos duros meses de 2015, cuando fuiste, A adorador, denunciado por tu mamá, en dos oportunidades ante

Medicina Legal, y cuando te llevaron a varios consultorios médicos para someterte a evaluaciones medicas extenuantes, para buscar si en algún lugar de tu alma si yo, tu papá, te había abusado psicológicamente. En fin, pasaste esas pruebas, pruebas de fuego en la vida, que jamás mereciste con tan solo seis años. Eres un luchador; tienes una resiliencia conmovedora.

Las vías digitales son las que el odio y el desamor hacen prevalecer por encima de los valores que siempre les he inculcado. Las redes sociales y el mundo digital permiten el anonimato y de eso viven muchas personas.

Es irrefutable que quienes los siguen exponiendo a ustedes al escenario público están muy equivocados. ¡Qué horror, niños! Aterrador, como dice su abuela Ofelia. Realmente, la realidad ha superado la ficción en el caso legal de ustedes y en sus propias vivencias. Bien dice S que parece una serie de terror, pero real.

Ver y saber cómo son usados ustedes, en los medios de comunicación y redes sociales, nos parte el alma a muchos… o quizás a pocos; pero, en cualquier caso, sus derechos elementales como ciudadanos, están siendo flagrantemente pisoteados, y burlados por un linchamiento digital, del que son damnificados y víctimas en los últimos meses, por cuenta de planeadas estrategias de expertos en publicidad y generación de ecosistemas, quienes sin duda no pasaron por las clases de ética y urbanidad. Nadie tiene derecho a hacerles esto.

S y A, ustedes me conocen bien. Saben más que nadie lo que hemos aprendido juntos sobre la prudencia; la cual que me hace ver corto de habilidad para dar a conocer a la opinión pública lo que nos pasa. La gente olvida que la vida familiar es privada. Y es un derecho sagrado vivirla y llevarla privada. Como nos gusta a nosotros; pero, además, como lo necesita cualquier niño o niña en el mundo entero.

Ustedes saben todo lo que me ha dado el fútbol en mi vida. Así que les voy a contar lo que está pasando expuesto en términos futboleros. Nos están planteando un partido que no hay que jugar. Con ustedes yo no juego: su vida, sus imágenes, sus historias, sus alegrías, sus cartas, sus dolores son de ustedes. Es decir, perderemos a propósito este partido contra los medios. Y más pronto que tarde, comprenderán que en la vida, a veces, perder puede llevar a ganar. Ustedes me entienden. Ustedes saben mucho de fútbol y tienen unos amigos que son directores técnicos. En este caso, me la juego por ustedes. Al no exponerlos a esta barbarie de las redes sociales, ganarán ustedes, solamente ustedes, y por goleada. Eso es lo que más quiero. Yo ya tengo 46 años, y les vuelvo a decir que ya a estas alturas no tengo nada que perder, sabiendo que he dado todo por formarlos y educarlos para este nuevo mundo, ahora virtual, en el que parece que todo se vale.

S y A, tengan la convicción de que haré todo lo que esté a mi alcance para mantener intacta su privacidad, rescatar su honra, cuidar y proteger su infancia, buscando allanarles el camino para una vida normal y feliz. Su dolor y sufrimiento lo hago propio; ustedes lo saben. Tengan paciencia, denme tiempo. Así como les expliqué cuando fueron víctimas de una acción de tutela, promovida por su mamá,

que pretendía llevarlos a vivir en un hogar institucional, a principios de 2019, esta situación actual también es real. Las autoridades del sistema de justicia deben procesar todos los requerimientos, quejas, reclamos y denuncias de nosotros, los ciudadanos. Eso no quiere decir que cosas como esa tutela del hogar de paso la vayan a resolver para hacerles daño a ustedes; por el contrario, ustedes, como todos los niños, tienen protección preferencial, como lo respalda la Constitución.

Ya saben, siempre les digo que la vida cambia en un segundo. Tengan templanza y fuerza en el corazón, vivan cada día con pasión, defiendan lo suyo, admiren a sus abuelos, cuiden a sus mascotas (Guayo, Paz y ahora a Victoria); den alto valor a los amigos, son el mayor tesoro que Dios nos da; pero, sobre todo, cuiden sus actos y sus palabras, pues con estos construirán su vida, su historia y su buen nombre. Nunca, nunca olviden diferenciar lo bueno de lo malo, lo legal de lo ilegal, la verdad de la mentira. Así, con esa hoja de ruta, podrán dormir en paz y tranquilos hasta sus últimos días.

Niños, con todo esto que están viviendo ustedes, y toda la familia, estoy convencido de que estamos tomando una lección de vida. Muy seguramente los marcará para siempre. Sigamos volviendo todo este sufrimiento, dolor y asombro en oportunidades, para pensar y crecer como personas. Saben y me oyen a diario que estoy formándolos, educándolos, para la vida.

Tengo la certeza de que son y serán ciudadanos de bien, comprometidos con su país y con construir siempre a partir de la ética, la honestidad y el amor: solo nosotros sabemos a ciencia cierta lo que ha ocurrido y la profundidad de las heridas. Tengan fe, sigamos pidiéndoles a Dios y al Ángel de la Guarda todas las noches, antes de dormir, que les traigan paz y justicia algún día. Las heridas sanarán; los seguiremos llenando de amor.

Quiero que no olviden nunca lo que siempre hablamos: la verdad es hija del tiempo; y los derechos y la verdad se deben defender, para no morir en la comodidad de la mentira.

Hijos queridos, hoy los usan sin pudor y sin filtro para tomar partido, para escarmentar, para juzgar. ¡Qué dolor! Es increíble, pero es real. Y como ustedes dicen a su corta edad, esta querida Colombia que nos ha dado tanto: “Parece el mundo al revés”.

Lo que más me preocupa es que su voz fue silenciada. Incluso la de sus propios médicos, quienes científicamente han demostrado el gran daño que ha dejado en ustedes esta década de atropellos, abuso, indiferencia y realmente de injusticia. En cualquier caso, no pierdan la esperanza. Los admiro, los verdaderos héroes son ustedes.

Hoy por hoy, cuando algunas personas y unas pocas empresas de comunicación, los usan a ustedes como “objetos digitales”, para promover una penosa subasta mediática , con el propósito de confundir a la gente y a las propias autoridades, yo vuelvo y les digo hoy con esta carta: no tengan miedo, no se dejen intimidar, ni

confundir. Crean en ustedes. Fuerza en el corazón. Su vida y sus derechos son sagrados, y su voz es la voz de Dios.

S y A, campeones. Me duele, como papá y como ciudadano, ver y saber que sus derechos, deseos, necesidades y lo que ustedes han dicho a las autoridades, desde 2015, pareciera no ser tenido en cuenta. Lo qué pasó este año, el 4 de marzo, sí fue y raro y extraño. Cuando sean más grandes tendrán más detalles, por ahora sigo en el empeño de proteger su infancia y su vida. Es un desafío muy duro tratar de comprender a su corta edad que lo que ustedes han vivido fue verdad. Es real, sí. Ha sido su vida.

No duden, hijos queridos, los equivocados son otros. Ustedes, más que nadie, conocen y han vivido su propia realidad, llena de pruebas difíciles y dolorosas para su corta edad. Los admiro. Gracias por enseñarme tanto. En este país, contar la verdad y señalar a quienes hacen daño parece ser un delito. Está mal visto. Incomoda. Parece extraño.

Hijos, estoy con ustedes y, además de ser su papá, soy un ciudadano, soñador, igual que ustedes, y lleno de optimismo de lograr que su voz sea oída, que sea tenida en cuenta y que sus derechos se hagan valer.

Cuenten conmigo para siempre. Antes de ser empleado, empresario o todo lo que dicen, soy su papá. Y me siento orgulloso de representar su voz, de representar y defender sus derechos e intereses. Cuenten conmigo. No importa lo que digan en redes o en otros escenarios, acá estoy y siempre estaré. Ya vendrá el tiempo en que los escuchen. Espero que para entonces no sea tarde.

Nada me gustaría más que la relación con su mamá fuera la mejor. Ojalá algún día las profundas heridas sanen. Como dice la abuela: el tiempo de Dios es perfecto.

S linda, tú serás mamá algún día y podrás dimensionar y entender algo del dolor y de la angustia que yo siento. Tú serás papá, A, y entenderás con más veras lo que escribo aquí. Sentí y siento que están en peligro, y estoy haciendo lo que cualquier papá o mamá harían en esta situación: protegerlos y cuidarlos.

Miren esto: el otro día leí algo sobre los derechos de los niños, que lo señala la ley internacional, que les voy a copiar aquí porque me llegó al alma. Quizá más adelante lo comprendan en su dimensión total: “Ningún niño será objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra y su reputación”.

Ustedes tienen derecho a la protección de la ley contra esos atropellos. Los niños y los abuelos son personas y ciudadanos que gozan y tienen una protección y unos derechos que están por encima de los derechos y deseos de los adultos; incluso por encima de nosotros, los padres. Es decir, es verdad, es real, ustedes, los niños son muy importantes para el mundo entero.

Debo explicarles que hay algunas personas confundidas que creen que yo los secuestré y los tengo escondidos. Algunos desadaptados han llegado a señalar que los tengo secuestrados. Incluso dicen que nos volamos del país. En fin, el papel y las redes aguantan todo.

Estoy profundamente orgulloso de ser su papá y hago pública esta carta porque también quiero pedir ayuda. Ayuda para ustedes; ayuda para que haya justicia; ayuda para que sus derechos sean respetados y para que nosotros, los adultos, se los podamos garantizar. Ayuda para que la verdad se sepa y para que se escuche su voz y que prevalezcan los valores que sus abuelos nos inculcaron, como el respeto, el amor a Dios y el diálogo, como brújula para navegar sobre los problemas.

Que Dios nos ayude, y nos dé la capacidad de perdonar, ponernos en los zapatos de otros y tener compasión por los demás.

Espero de todo corazón, A y S, que junto con su mamá superemos las desavenencias y comprendamos que ustedes tienen derecho al amor, a la vida, a la salud, entre tantos otros.

Quiero que sepan que seguiré actuando dentro de la ley, aferrado a la ética, y con la certeza y confianza en que la justicia y la verdad brillarán. Finalmente, son los principios y valores básicos de nuestra vida.

Espero que llegue muy pronto la paz para ustedes y para todas nuestras familias, incluida María Paula, su mamá, y sus familiares. Quiero ser optimista, y pensar en que pronto se solucione esta situación tan triste y absurda, que a todas luces desconoce sus deseos, necesidades y sueños.

Y como se despide el gran abuelo Mariano: Dios, Dios, los amo siempre.

P.A.N.D.I.T.A.

Posdata:

A la opinión pública:

El fallo de la jueza 7 de familia de Barranquilla, que actualmente le devuelve a la progenitora la custodia, perdida en mayo de 2018, por el maltrato y abuso infligido a sus hijos, ya fue cuestionado por algunas de sus protuberantes irregularidades. Así continuamos la labor de llevar claridad a las autoridades, las cuales no deben asumir las campañas mediáticas como demostración de la verdad, ni guiar sus actuaciones al calor de sus tiempos y movimientos.

La Corte Suprema de Justicia, en fallo de mayo 3 de 2021, por unanimidad de su sala civil, ratificó la sentencia se tutela, de primera instancia, dejando sin efectos el fallo del 4 de marzo 2021, proferido por la jueza 7 de familia de Barranquilla.

Amo a mis hijos, quienes han sido expuestos a la barbarie de las redes sociales, a la mendacidad de unos tantos y al atropello en vivo y en público de su integridad moral, psicológica, social y hasta física.

Creo en la justicia y creo en la ética como un principio rector para administrar justicia, más con algo tan esencial como es proteger los intereses y derechos básicos de dos menores de edad, víctimas hoy en día de terrorismo psicológico, a través de algunos medios de comunicación y múltiples plataformas de redes sociales.

Voy a esperar a que la justicia se tome su tiempo pata actuar, entre tanto no voy a exponer a mis hijos a entrevistas. Censuro la publicación de sus imágenes de todas las formas.

Reitero a las autoridades, hoy públicamente, lo expuesto en múltiples memoriales, Presentados en los últimos meses, bajo los cuales hemos acudido a la lealtad procesal, a la ética y a la verdad, informando oportunamente las pruebas que respaldan nuestras actuaciones, dentro del terreno legal constitucional y legal amparado en la Convención Internacional de los Niños.

Las víctimas no son los papás; son ellos, los niños.

Mariano Díaz Arenas

Nota: Los nombres de los menores de edad referidos en el aviso patrocinado, se han editado dejando solo su inicial

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