¿Sabes cuáles son los olores que descrestan a tu gato?

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El olfato de los felinos no se compara con la de los perros, pero es más desarrollado que el de los humanos. Su sensibilidad les permite paladear los aromas.

Los gatos tienen el olfato mucho más desarrollado de lo que pensamos. Se despiertan al detectar el olor que sale de las ollas en la cocina. En casa el mío enloquece, se cuelga en mi pantaloneta y escala hasta encaramarse en mis hombros con tal de apreciar el origen del sabor.

El veterinario Carlos Rodríguez explica que el olfato y el gusto felino están estrechamente relacionados: “el vínculo se debe a las posiciones anatómicas de la boca y la nariz; las papilas gustativas ubicadas en la lengua del animal responden a los sabores, por ejemplo, de los alimentos, pero esta información recibida en la lengua también se transmite vía nerviosa al lóbulo olfatorio del cerebro tras la percepción olfativa de la sustancia ingerida”, escribió en su libro El encantador de gatos (Penguin Random House).

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La nariz de los gatos es especialmente susceptible al pollo, la carne y el pescado. Los felinos pueden dejar a un lado su pelota favorita, hecha con papel aluminio, para satisfacer el aroma sorpresa. Casi al mismo nivel de las proteínas, sus favoritas, está el olor de ciertas plantas, siendo el limoncillo uno de los que más disfrutan. Su sabor mentolado, su textura y su forma se prestan para que jueguen, la arranquen de la matera, la torturen con sus garras y luego la consuman como si llevaran horas sin comer.

El limoncillo es fácil de conseguir y es muy económico. Si alguien quiere absorber la atención de su mascota, en beneficio de otras plantas, sugiero regalarle uno frondoso y fresco que cuelgue y se mueva con facilidad.

En un tercer renglón, debajo del olor de la carne y limoncillo, están el melocotón, la fresa y el durazno. La atracción no aplica para la totalidad de la población gatuna. Sin embargo, a varios el dulce les convoca poderosamente.

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Las rosas, los lirios y las margaritas también les corre la teja. No obstante, el consejo es mantenerlos alejados de ellas, pues les puede provocar diarrea. Cuando mi gato está en mi hombro, dan ganas de darle una probadita del filete que estoy cocinando. He estado cerca de hacerlo, porque su nariz es más desarrollada que la mía y disfrutaría el bocado tanto como yo. Pero, de repente, se me vienen las palabras de la veterinaria de confianza (“no, no, ¡no!”) y las del veterinario Carlos Rodríguez, que recomienda la comida gatuna que se comercializa en los supermercados. A su consideración lo que viene en el aburrido paquete es balanceado, equilibrado y cubre las necesidades nutricionales, por más que nuestro peludo prefiera un pedazo de tocino.

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