Sucedió en Ifema, un recinto ferial amplio y muy bien distribuido donde lo primero que uno se encuentra es un show central conformado por stands de nuevos creadores. Luego aparecen las grandes revistas con stands llamativos y, desde luego, sus más recientes publicaciones.
Lo más espectacular es el kissing room, un lugar lúdico donde, con previa invitación de cada diseñador, se reúnen sus fanáticos para besarlo y abrazarlo después de su presentación. Dice Cuca Solana, directora del MFW: “Siempre hay un motivo para besar y abrazar al diseñador, pues hace un esfuerzo muy grande, así haya sido buena o mala la acogida de su colección”.
Comencé por Ana Locking, que tiene más de 10 años dedicada a crear colecciones, sorprendiendo siempre con la mezcla de sus colores y sus texturas. Esta vez se inspiró en el cine, concretamente en Alfred Hitchcock. Bautizó su colección con el nombre de Mc Guffin, término que se refiere al foco del suspenso alrededor del cual gira una película. Utilizó materiales como el neopreno y colores como el naranja y el negro, contagiada del estilo de creadores orientales como Yohji Yamamoto. Ana Locking vende muy bien en Oriente, no es profeta en su tierra.
Siento, al salir de ahí, que definitivamente los tiempos han cambiado, ya no está tan presente la imagen auténtica de los años ochenta, cuando España vivía un boom de prosperidad (verdadera o ficticia). Definitivamente, en la moda se va viendo la transformación que ha vivido el país. No están pendientes de imitar corrientes foráneas, al contrario, hay una reafirmación del “Hecho en España”. Hubo excepciones como Juan Duyos, que se inspiró en el sur de España en pintores como Zurbarán y en directores como Buñuel. En su pasarela, un guitarrista y una cantaora flamenca, y todo el cuero y la napa en la muestra: siluetas, texturas y tejidos clásicos que me recordaban a Balenciaga, Pertegaz, Sybilla y Elio Berhanyer.
De ahí salté a alucinar con Daniel Rabaneda, un nuevo creador que presentaba su primera colección en Cibeles. La tituló “Aquellos que padecían del corazón”. No es solo romántico, tiene total claridad comercial de coser lo que se vende: patrones angulosos, tejidos nuevos y técnicos, mezcla de texturas, mucho brillo… Le viene en su ADN, su tío abuelo es Paco Rabanne.
Los gemelos Muñoz, creadores de la marca Ailanto, se inspiraron en el arte de Sonia Delaunay, artista ucraniana cuyas flores y trazos se imprimen en chiffon de seda crêpe y georgette logrando collages en lana, tejidos y paño de mohair. Su sello es la marcada silueta femenina y sutil de los años veinte. Alucinante.
Roberto Torretta, por su parte, tiene claro que sensualidad y feminidad deben ir de la mano. Presentó pantalones en napa negros, “oversize”, lo mismo que las faldas, pero al mismo tiempo una silueta muy ceñida en negros y rojos. Sus cortes son impecables.
Ángel Schlesser, el rey de la mujer activa, propone nuevas y modernas texturas como el paño con neopreno. En cuanto a Agatha Ruiz de la Prada, siempre es un placer estar en primera fila viviendo la experiencia surrealista de una colección presentada por esta madura y depurada diseñadora. Para ella la moda es un placer lúdico, colorido, fantástico. Medias metálicas y zapatos en charol brillante acompañaron a unas modelos con los rostros cubiertos por velos en forma de corazones fucsias. Flores, lunas, estrellas, aros en movimiento, corazones capitoneados… una manifestación de esperanza en un país que está viviendo un verdadero caos.
Es imposible hacer un recuento de todas las pasarelas de Cibeles, a las que asistieron más de cuarenta mil personas. Francis Montesinos, David Delfín, Roberto Verino, Andres Sardá, Amaya Urzuaga, Victorio y Lucchino, María Barros Aristocrazy, y muchos otros, sin hablar de los nuevos talentos que son muchísimos; pero no alcanza el espacio… España tiene moda para rato.