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Odalisca / 13 Apr 2018 - 5:00 a. m.

¡Más besos y menos viagra!

El beso, potenciador de tantas emociones y sensaciones, debe tener un lugar irremplazable en la búsqueda del placer.

Odalisca

Más besos y menos viagra
Más besos y menos viagra
Más besos y menos viagra

A mí los besos me encienden. Es más, sin un buen beso no puedo empezar. El beso inicial, el que va con pequeñas repeticiones, que abre y cierra los labios con prudencia, el que no lo entrega todo en la cancha, el que se retira unos centímetros de la boca y fija la mirada en los ojos de la pareja y vuelve y carga su potencia, ese beso es el que me deja lista para empezar cualquier aventura.

 

A medida que voy disfrutando su sensación experimento pequeños tirones de energía en mi pecho, en mi abdomen, en mi espalda, y de ahí para abajo en cada uno de los rincones más atrevidos que puedan imaginar.

 

El beso posterior, el que se evidencia en la cama, es menos indulgente y más comprometido. Busca anteceder a la acción que nos llevó hasta ese lugar. Para las mujeres, a veces, es mucho más relevante que para los hombres, sin embargo, muchas veces son ellos los que más se arriesgan a besar algo más que los labios. Lo importante es no pasarlo por alto, así no estemos frente a una escena llena de amor, los besos de seducción son un arma muy poderosa a la hora de elaborar un buen preludio.

 

Así lo confirma el sexólogo argentino Ezequiel López: “besando nos conectamos con los cinco sentidos y con las fantasías. Los buenos besos son aquellos que te provocan y te hacen pensar lo que va a pasar después. Es importante utilizar todas las herramientas: los labios, los dientes y la lengua. Y, por encima de todo, que sea un acto creativo, evitando la monotonía”.

 

Para alejarse de los convencionales y entrar en el terreno de lo divertido, basta con imaginar cuáles son los lugares donde más nos gusta que nos besen, los que nos producen más sensaciones o hasta cosquillas y aplicarlos en la pareja. O, el consejo de siempre: preguntar.

 

En mi caso, las orejas son mi punto más sensible y la parte baja de la espalda, por eso, porque me conozco, he tratado de hacérselo saber a mi pareja, incluso sin aludir a la literalidad de “bésame la oreja”. Simplemente, él siempre ha notado mi sorpresa cuando sus labios se acercan a cualquiera de esas dos zonas, mi cuerpo reacciona de manera diferente y mi voz también.

 

 

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“Besando nos conectamos con los cinco sentidos y con las fantasías. Los buenos besos son aquellos que te provocan y te hacen pensar lo que pasará después”.

Ilustración: Jean Paul Zapata

 

 

Los besos tienen sus códigos. Aquí, consejos a la hora de sentenciar un buen beso y lo que sigue.

 

1. Ojo con el lugar equivocado. Cada beso tiene sus lugares. Si estamos en la calle o de visita familiar, nada de esos que dejan boquiabiertos a quienes nos rodean. Lo mismo a la inversa. Si estamos en pleno encuentro sexual y nos ponemos con besos tibios que saben a nada estamos fuera de lugar.

 

 

2. El olor sí importa. Y no me refiero solo a los labios, hablo de todas las zonas que intervienen durante el beso. No significa que nunca le vamos a dejar espacio a la espontaneidad, pero es bueno pensar que nuestro aliento y olor van a generar una atracción fuerte en el otro, no que lo van a espantar.

 

 

3. Jueguitos contra la monotonía.  Y aquí debo citar las palabras sabias de mi colega Ezequiel López: “el beso es un acto creativo, dadas las posibilidades de estimulación que tienes con los labios, la lengua y los dientes”. 

 

Muchas veces los pequeños mordiscos en el cuello, el pecho y las orejas pueden proporcionar momentos de placer insospechados ¡Explora! Piensa que cada pareja es un universo diferente, lo que con uno te resultaba bien con otro puede parecer una torpeza, la magia está en averiguar y entregarse al erotismo detrás de un buen beso.

 

 

4. Lengua motriz. El papel de la lengua en un buen beso es fundamental. No hace falta decir que los excesos son malos, incluso al besar. Así que no se puede usar ni muy fuerte ni muy suave. Aquellos que creen que la boca de la pareja es mantequilla pueden terminar en besos muy tibios, que no tienen presencia. Igual los que creen que están taladrando un pozo profundo con su lengua ¡ojo!  ¡Puede que en el siguiente intento los esquiven! El secreto está en moverla según la intención que se tiene en mente. Si la idea es imprimirle pasión al momento se vale una lengua exploradora, que rodea los labios del otro y que además juega con su compañera. Si la idea es cargar de erotismo a la pareja sin entregar toda la seducción de una, sino más bien dejarlo iniciado, se vale la lengua que va suave (siempre con presencia) ¡Entendamos que la lengua habla! Cada movimiento que le indicamos expresa una emoción y una intención ¿Qué le quieres decir a tu pareja? Díselo en la boca. 

 

Foto: iStock

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