A Benito Martínez, empacador de un supermercado, y a Bad Bunny, el artista más escuchado del mundo en las plataformas de streaming, lo separa un patrimonio cercano a los 18 millones de dólares. Todo sucedió en poco más de un lustro. Su impacto en la industria musical y en la forma de hacer reguetón ha sido tal que la Universidad Estatal de San Diego, en California, ofrecerá en 2023 una clase dedicada a analizar el fenómeno cultural que hoy encarna el cantante puertorriqueño de 28 años.
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¿Cómo se puede explicar que un artista urbano haya desplazado de las listas a los íconos del pop, que tradicionalente ocupaban el primer lugar? Si bien los álbumes YHLQMDLG y El último tour del mundo (2020) ya había causado revuelo en la música urbana, fue Un verano sin ti (2022) el que desató un temblor en la industria con cerca de 3.000 millones de reproducciones en Spotify, 1,4 millones de copias vendidas desde su lanzamiento, el 6 de mayo de 2022, y cuatro premios Grammy Latino.
De hecho, Bad Bunny hizo historia con este álbum al convertirse en el primer trabajo completamente en español en ser nominado para la edición anglo del galardón. Con estas cifras en el horizonte, no sorprende que sus conciertos en Colombia, realizados en Bogotá y Medellín el pasado noviembre, registrarán sold out en cuestión de días.
La primera razón para explicar el fenómeno
Bad Bunny inyectó ambigüedad de género en el reguetón, un estilo musical lastrado por el machismo. Lo hizo pintándose las uñas, portando prendas femeninas, mostrando sus fragilidades como persona e incluso bailando con hombres en tarima durante los conciertos. El puertorriqueño puso patas arriba la tradición para decirnos que otras masculinidades son posibles en un mundo que cada vez avanza más hacia la apertura de orientaciones sexuales e identidades de género disidentes.
Conectó con la conciencia de género actual de mucha gente y también con la necesidad de levantar la voz ante las realidades políticas y sociales de América Latina. Mientras que algunos de los íconos urbanos del país como J Balvin y Maluma se han apartado ante los abusos de autoridad del Estado, despertando una oleada de críticas en redes sociales, Bad Bunny lideró, junto con Ricky Martin y Residente, las revueltas sociales en Puerto Rico que desembocaron en la renuncia del gobernador Ricky Roselló en 2019. Esa postura, por ejemplo, se conecta con el sentir antinstitucional y de protesta de los jóvenes de la región; los mismos que han llenado estadios, uno a uno, en su World’s Hottest Tour.
Esta es la cuarta gira musical del puertorriqueño, pero su primera en estadios. Las 43 fechas que tuvo en un lapso de cuatro meses convirtieron esta gira en una de las más lucrativas de la historia. De acuerdo con cifras de Billboard Boxscore, recaudó cerca de 232 millones de dólares solo en Estados Unidos, donde vendió casi un millón de boletas.
¿Y la música de Bad Bunny?
Musicalmente, el boricua también suena distinto. Su voz tan particular e inconfundible, despreocupada por vocalizar bien, se ensambló en su álbum más reciente con sonidos suaves de dembow y giros repentinos de mambo, house, reggae, bachata y merengue. Esa decisión, sumado a las colaboraciones de grandes artistas, le permitió llegar a más gente.
Bad Bunny recurrió a una táctica de marketing colaborativo que ha resultado bastante exitosa para diversificar públicos justo después del horror colectivo que generó la pandemia. Muchos ansiaban salir de fiesta después de dos años de encierro y el artista les ofreció un plato con sabores varidos y bien sazonados.
Por último, el artista se ocupó de convertirse en una marca, una táctica que que creó un fuerte sentido de pertenencia con sus seguidores. Ellos consumen su música, pero también su vestimenta, su estilo, su personalidad. Las uñas pintadas, las trenzas, los accesorios para el cabello y, por supuesto, las icónicas gafas se volvieron parte del outfit de cualquier joven urbano.
En las redes sociales, da la impresión que Bad Bunny muestra su vida sin filtros, que no tiene alguien atrás dirigiendo sus movimientos. Esa espontaneidad del hombre de barrio popular que no fue arrasado por la fama parece haber calado en el corazón de millones de consumidores.
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