Tareas en el hogar: ideas para que tu hijo adquiera responsabilidades

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Son muchos los trabajos, lecturas y tareas que les dejan a los niños en el colegio: de matemáticas, historia, lengua castellana, ética, proyecto de vida, dibujo técnico, etc. A través de ellas obtienen conocimientos, valores, destrezas y hábitos que, de cierta manera, los prepara para afrontar con bases el futuro que les espera.

Pues bien, en la casa y desde temprana edad también pueden desarrollar diversos oficios que, poco a poco y paso a paso, les permitirá adquirir aprendizajes y responsabilidades. “El aporte en las labores del hogar son importantes porque les forma en autonomía e independencia y estructuran hábitos y rutinas. Es un indicador de pertenencia y aporte al funcionamiento familiar. En cierta medida, los dota de reconocimiento, ya que pueden contribuir al desarrollo de proyectos colectivos de la familia”, manifiesta Miguel Ángel Cárdenas, psicólogo especialista en familia.

Al comienzo, cuando tienen entre dos y tres años, aproximadamente, lo toman como un juego y lo realizan con un fin de imitación al querer “colaborar” y repetir todo lo que hacen sus padres. Pero tiempo después ya lo piensan dos o tres veces, les da pereza, hacen malas caras, protestan y se empiezan a escuchar frases como “no papá, quiero ver televisión”, “más tarde lo hago” o “por qué tengo que ir yo”.

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Por eso tienes que aprovechar y seguirle la corriente a tu hijo desde cuando quiere imitarte para que desde muy pequeño sienta agrado al colaborar con los quehaceres del hogar, obviamente delegándole tareas muy sencillas y que él pueda ejecutar sin dificultad y bajo tu permanente supervisión.

La realización de actividades u oficios de la casa redundará en múltiples beneficios para el presente y futuro de tu pequeño, entre estos la comprensión del trabajo en equipo, el fortalecimiento de sus capacidades motoras, el aumento de su autoestima y seguridad en sí mismo y la implementación de hábitos y conductas indispensables para un óptimo desarrollo general. También aprenden a ser más organizados y disciplinados.

Algunos de los trabajos que puedes encomendar a tu hijo de acuerdo con su edad te los presentamos a continuación. Ten en cuenta que no todos los niños tienen el mismo nivel de desarrollo y que pueden lograr determinadas habilidades y destrezas antes o después que otros.

2-3 años. Ordenar y guardar sus juguetes en cajas, depositar basura en la caneca, llevar su ropa al cuarto, acompañarte a regar las plantas del jardín, alimentarse solo, limpiar su mesa.

4-5 años. Organizar la mesa de comer, recoger los platos no delicados y lavarlos, guardar los cubiertos, escoger la ropa y vestirse solo, limpiarse manos y cara, alimentar a su mascota.

6-7 años. Barrer, recoger basura, tender su cama, ordenar su mesa de noche y escritorio, doblar la ropa, alistar su maleta de colegio, limpiar el polvo, aspirar, tender la cama, hacer mandados cerca a la casa, colaborar con las escogencias en el supermercado.

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8-9 años. Bañarse sin ayuda, limpiar a fondo espacios de la casa, hacer su desayuno y otros menús sencillos con tu ayuda, encargarse de su mascota.

10-11 años. Cambiar bombillos de lámparas a su alcance, ordenar bien su habitación, asear el baño, sacar a pasear a su mascota, colgar la ropa en las cuerdas, limpiar el jardín, cuidar en casa a hermanos menores.

12 años o más. Lavar todo tipo de utensilios de la vajilla, barrer, hacer compras en lugares más lejanos, llevar las ropa a la lavadora y prenderla, ayudar a pintar paredes y a hacer reparaciones no complicadas, cocer botones.

¿Cómo vas a conseguir que tu hijo se interese por contribuir con las labores domésticas?

Si sigues ciertas sugerencias lograrás réditos fructíferos y un gran auxiliar que, además, será excelente compañía para compartir buenos momentos en familia.

Instrúyelo. Comienza con tareas muy sencillas y que no impliquen riesgos para él. Como nadie nace aprendido, indícale cómo se hace cada oficio; de ser necesario, más de una vez. Permanece a su lado hasta que esté en capacidad de realizarlo bien.

Con cautela. Tu niño será un colaborador, no un trabajador. No lo abrumes con múltiples labores ni le adjudiques demasiadas responsabilidades porque lograrás el efecto contrario a tus deseos, responderá con apatía, intentará resistirse y no le permitirás jugar, divertirse o realizar otras actividades también importantes para un desarrollo ideal.

Y tolerancia también. Muy seguramente en sus primeros intentos no obtendrá tu mejor calificación y cometerá desaciertos, por lo que debes revestirte de paciencia para insistir en su aprendizaje sin críticas, malos tratos ni mal genio con el fin de no debilitar su confianza. De todos modos, ejercer la disciplina con amor es necesario, especialmente cuando no cumple las obligaciones con las que se ha comprometido.

Prepárale un horario. Para los niños más grandes es perfecto; describe en este los oficios a realizar en el día o en la semana, así podrá planificar mejor sus jornadas y saber con qué puede comprometerse. Para que cumpla con sus deberes y sin reparos, la lista debe ser corta y sin perjuicio de otros compromisos escolares o extracurriculares.

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Motívalo. No solo comunicándole los beneficios que obtendrá a nivel personal, familiar y social, también reconociéndole directamente sus avances y logros con palabras cariñosas, muestras de afecto y, de vez en cuando, con premios u obsequios de su interés: ir a cine, un poco de más tiempo con el computador, ropa…

Tal motivación se complementa cuando los niños observan a los adultos de su núcleo familiar involucrándose en el desarrollo de dichas labores y no se recargan en un solo rol. “Llegar a acuerdos sobre las tareas que se espera que los niños desarrollen facilita que puedan participar. Por ejemplo, crear carteles con distribución de labores o establecer tres normas básicas como arreglar el cuarto, tender la cama o llevar los platos permite que sea más fácil mantener la recordación sobre lo esperado”, aclara Miguel Ángel Cárdenas, máster en Terapia Familiar Sistémica.

Los hábitos y rutinas se construyen con base en la repetición; sin embargo, que los adultos insistan constantemente lo que deben hacer puede generarles fatiga y rechazo. Es mejor que una vez establecidos los acuerdos se les invite a que los revisen y que identifiquen las razones para hacer las tareas o las consecuencias de no cumplirlas, complementa Cárdenas.

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