Disciplina positiva: ¿Cómo implementar límites con respeto?

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Poner normas a los niños es esencial para su bienestar y desarrollo. Pero funcionan mejor cuando se tienen en cuenta sus opiniones y se hace con respeto.

“Tienes que hacer siempre lo que te ordeno; no hay discusión”, “Aquí tengo listo el zapato por si no limpias el cuarto ¿Quieres que lo pruebe en tu cuerpo?”, “si te portas bien durante la visita, te compro el chocolate que te gusta tanto”. Son tan solo algunas de las frases que con frecuencia usan los padres para intentar que sus hijos se porten bien, o que hagan caso y lo que ellos desean.

Ejercer disciplina y poner límites no solo es conveniente, sino necesario para instruir y educar a los niños sobre lo correcto y lo incorrecto, lo que hacen bien o lo que hacen mal con respecto a su comportamiento en el hogar, con sus familiares, y en diversos ámbitos con otras personas: centro educativo, vecindario, reuniones sociales, etc.

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“Los límites hacen parte del proceso adaptativo de los niños; es importante involucrarlos y enmarcarlos en las normas y conductas socialmente aceptadas, a través del juego, del cariño y el amor, porque son estas prácticas las que permiten al cerebro desarrollar aprendizajes basados en conexiones neurológicas duraderas y positivas, que finalmente se traducen en aprendizajes significativos, fácilmente replicables y sin traumas. El aprendizaje basado en el miedo también se da, pero genera conexiones pobres, trauma y aversión”, explica Johnnatan Bedoya, psicólogo de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia.

Pero a diferencia del pasado, cuando la expresión “la letra con sangre entra” se hacía realidad y la educación se sustentaba en el castigo físico; o de años más recientes, cuando la permisividad excesiva se ha instaurado como una opción en muchas familias, es indispensable buscar el equilibrio mediante la implementación de la disciplina positiva.

Disciplina positiva es establecer reglas y límites con firmeza, pero partiendo desde el respeto, la amabilidad y la empatía, con el fin de enseñarles a los niños valores que redunden en su bienestar y en el de quienes los rodean, pero también con los objetivos de que se adapten apropiadamente a la sociedad y de protegerlos de diferentes peligros.

“Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre”. Como implícitamente sugiere este refrán, no se trata de implementar reglas que los pequeños deben cumplir sí o sí, porque los padres lo dictaminan con autoritarismo y, muchas veces, con pellizcos, golpes, bofetadas o chancletazos. Pero tampoco tiene que ver con permitir que los niños hagan lo que quieran por mantener una buena relación con ellos, o por evitar rabietas o disgustos.

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La disciplina positiva simboliza una enseñanza clara y consecuente, por medio de la cual se busca que los niños interioricen y asimilen adecuadamente el por qué suceden las cosas, pero también que se cuestionen sobre la necesidad de adquirir responsabilidades y las implicaciones de sus acciones.

No es trabajo sencillo ni de un día, es una labor constante y persistente que se verá reflejada positivamente en el largo plazo y, con seguridad, durante toda la vida de tu hijo, porque se construye mediante un estrecho vínculo cariñoso, acogedor, con buena comunicación y respeto de parte y parte.

Si pones en marcha algunas recomendaciones, lograrás que el intento por proceder ante tu pequeño con disciplina positiva, también sea efectiva, asertiva y resistente al tiempo:

Hazlo partícipe

Pegarle a alguien, decirte groserías o cruzarse la calle cuando vienen carros cerca, no son señales de buen comportamiento. Hay normas que no se pueden negociar, entre ellas las que implican respeto y seguridad, pero en otras sí puedes aceptar su participación. Cuando a los niños se les escucha y se tienen en cuenta sus opiniones y aportes, se sienten respetados, valorados y se vuelven más decididos y colaboradores.

Por ejemplo, pueden intervenir activamente en las reglas relacionadas con el uso de dispositivos electrónicos, tiempo de distracción o reposo antes o después de hacer tareas, arreglo de sus pertenencias o del cuarto, etc. Claro está, siempre bajo tus directrices.

Acuerden reglas coherentes

Si te dice: “yo uso mis videojuegos 4 horas” o “estoy con mis amigos toda la tarde”, no es razonable. En ese momento intervienes tú para proponer una negociación con pautas apropiadas, sin necesidad de burlas o humillaciones, ni tuyas ni de él. La idea es que buscando un equilibrio, tu pequeño aprenda a autorregularse y a actuar reflexivamente y con sensatez.

Y reglas consecuentes con su edad

Los límites deben ajustarse a la edad y al nivel de desarrollo de tu niño, con el fin de que tú se los puedas exponer con claridad y él los comprenda sin dificultad, pero también para que logre cumplirlos. De esta manera, fortaleces su nivel de autogestión teniendo presente su sensibilidad y cómo se siente en cada espacio y momento.

No confundas con permisividad

Proceder con afabilidad y cariño ante tu hijo no quiere decir que pueda hacer lo que quiera o que lo sobreprotejas demasiado. De cualquier manera, es necesario que experimente derrotas y frustraciones, y tu misión en este aspecto es ayudarle a que aprenda a manejarlas y solucionarlas, además de comprender sus sentimientos y emociones.

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Que sobresalga el respeto

Las reglas y normas establecidas deben fundamentarse siempre en el respeto recíproco y en la colaboración; desde allí se construye el sentido de pertenencia de tu pequeño, pero también se adquieren y fortalecen sus destrezas y habilidades para afrontar la vida con sus desafíos.

Incentiva la autorreflexión

Permite que tu hijo examine y recapacite sobre su comportamiento y las consecuencias que se deriven del mismo. “Es importante mencionar que los niños deben ir aprendiendo lo que está bien o mal, y cuál es la razón; esto fomenta la capacidad analítica y de raciocinio. En ocasiones las instrucciones deben ser dadas por los padres para fortalecer la sana autoridad, que será el mejor aliado en la infancia y adolescencia.

Pero es necesario recordar que el niño es un individuo independiente en un constante proceso de adaptación y desarrollo. También es importante enseñar a los niños que los errores son parte de la vida y que todos nos equivocamos. Lo fundamental es aprender de ellos”, recalca el psicólogo Johnnatan Bedoya.

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