Llanto durante el embarazo: 6 ideas para alejar la tristeza en este tiempo

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El llanto ayuda a despejar tensiones y a encontrar tranquilidad, pero cuando se vuelve constante durante el embarazo, puede ahondar la tristeza y causar ansiedad y depresión.

No tienes mayores problemas personales ni profesionales, estás cerca a las personas que más adoras en el mundo, cuentas con buenas amistades y estás cumpliendo uno de tus mayores anhelos al estar embarazada, ¿pero lloras hasta despidiendo un avión de carga?

No es una situación rara, porque a pesar de la felicidad que te embarga al saber que pronto serás madre, también entiendes que es un giro trascendental para tu vida, y surgen muchas dudas, incertidumbres y temores ante las múltiples responsabilidades que ya se asoman y que pueden provocarte presiones, angustias y estrés.

Además, el incremento de los niveles de las hormonas progesterona, estrógenos y gonadotropina coriónica humana (GCH), entre otras, alteran el funcionamiento de los neurotransmisores y modifican las sustancias químicas cerebrales, que son las que permiten el equilibrio emocional de los seres humanos.

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Por tal razón, puedes sufrir durante todo este periodo de altibajos emocionales, mucha sensibilidad y constantes cambios en tu estado de ánimo, hasta el punto de sentir tristeza y llorar ocasional o constantemente, pero con más frecuencia que con anterioridad a tu embarazo.

El llanto no es dañino; es la expresión más sincera de tus sentimientos y una gran oportunidad para desahogarte y descargar tensiones. Y funciona tanto, que es muy probable que después de tus lágrimas llegue el alivio y una sensación de tranquilidad y bienestar.

No obstante, cuando es habitual y permaneces con tristeza mucho tiempo, situación que experimenta una de cada cinco gestantes, es factible que padezcas de depresión, ansiedad u otros trastornos emocionales o mentales que pueden afectar tu embarazo o también influir negativamente en la salud de tu bebé.

Así lo demuestran estudios realizados en Harvard School of Public Health y en la Universidad de Michigan, ambos en Estados Unidos, y relacionados con la depresión de las gestantes: en el primero se afirmó que incrementa el riesgo de que los niños tengan asma infantil, mientras que el segundo comprobó que al nacer los bebés tuvieron niveles más elevados de la hormona adrenocorticotropa, motivo por el que estuvieron expuestos a mucho estrés, perjudicándose su tono muscular, su conducta, y sus sistemas nervioso y endocrino.

Otro estudio publicado en BMC Public Health y efectuado por suecos, reveló que los bebés de gestantes con síntomas depresivos y de ansiedad tienen más posibilidades de nacer con bajo peso. Otra investigación de la Universidad de Manchester (Inglaterra), que se publicó en la revista Archives of General Psychiatry, develó que los hijos de mamás que en el primer trimestre de gestación estuvieron expuestas a sucesos muy estresantes, tuvieron 1.6 veces más probabilidades de tener esquizofrenia.

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Como ves, el llanto excesivo, sumado a depresión y ansiedad, tal vez te genere diversas dificultades de salud emocional y mental, que de igual forma pueden afectar a tu bebé. Por tal razón, activa las siguientes ideas contra la tristeza para sentirte feliz.

No te reprimas. No tengas miedo de expresar mediante el llanto tus debilidades, miedos, emociones y sensaciones, porque a través de este tal vez encuentres alivio, pero recuerda que entre más rápido superes los malos momentos y la tristeza, tendrás más equilibrio mental y menos opciones de caer en depresión.

Busca apoyo. Tu pareja, un gran amigo o algún familiar pueden darte la mano y ser de gran ayuda para brindarte tranquilidad, un buen consejo o, simplemente, compañía, tan necesaria cuando aflora la tristeza. Incluso, tu cercanía con otras gestantes que pasen o no por una situación similar es una alternativa viable para encontrar respaldo y comprensión e intercambiar inquietudes o experiencias. Si este apoyo no es suficiente, es necesario buscar ayuda profesional.

Encuéntrate. También es fundamental que dediques un tiempo para estar a solas, pensar en lo que te sucede, en las posibles salidas y, sobre todo, en reconocer que eres humana y que tienes derecho a debilitarte pero también a levantarte y surgir de nuevo con más fortaleza y alegría.

Has ejercicio. Respirar profundamente, exhalando por la boca e inhalando por la nariz, practicar terapias de relajación, caminar, trotar, nadar, montar en bici o ir al gimnasio, siempre con moderación, son actividades que te mantendrán en buena forma física y mental, y te permitirán combatir el estrés y mantener buen ánimo.

Aliméntate bien. Una buena nutrición influye positivamente en tu estado mental y te ayuda a mantener equilibrio emocional, especialmente si incluyes en ella vitaminas B y C, magnesio, zinc y triptófano, un aminoácido que, según evidencia preliminar, puede ser eficaz para tratar la tristeza y la depresión.

Relájate. Busca espacios, momentos y programas que te generen bienestar: escuchar música, leer, pasear, estar en medio de la naturaleza, ir a cine, hacerte masajes, etc.

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