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El partido que queda

Antonio Casale
27 de septiembre de 2026 – 06:33 p. m.
Mundial Sub-20 Femenino Polonia 2026
Mundial Sub-20 Femenino Polonia 2026
Foto: Conmebol

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En el deporte todos queremos llegar a la final, al podio, a la selección, a la cima. El problema es que, por definición, casi nadie puede llegar.
Por eso me gusta tanto la historia de estas muchachas de la Selección Colombia Sub-20.

Acaban de conseguir el bronce en el Mundial de Polonia, la primera medalla de Colombia en esta categoría. No es la primera vez que llegan al partido por el tercer puesto: ya lo habían jugado en 2010, contra Corea del Sur, y lo perdieron. Esta vez consiguieron lo que entonces se les escapó. Pero hay algo que me interesa todavía más que la medalla.

Perdieron 3-0 la semifinal contra Corea del Norte y se quedaron sin la final que habían imaginado, seguramente durante años. Se quedaron a un partido de jugar por el título.

Y ahí apareció la parte más difícil del deporte: qué hacer cuando ya no puedes conseguir aquello por lo que viniste.

Porque para el campeón todo está bastante claro. Hay celebración, medalla, fotos, himno y una copa esperando. Hasta el segundo tiene una explicación sencilla: perdió la final.

Pero ¿qué hace uno después de perder la semifinal?

Estas muchachas volvieron a jugar dos días después. No por el título. Por el tercer puesto. Por una medalla que, después de haber estado tan cerca de la final, podía sentirse como un premio menor. Y jugaron como si no lo fuera. Empataron 1-1 con Italia después de 120 minutos y fueron a los penaltis. Allí, cuando el asunto podía ponerse todavía más cruel, Luisa Agudelo apareció para atajar dos y Colombia ganó 4-3. Bronce mundial.

Quizás eso sea crecer en el deporte: aprender que no siempre vamos a conseguir lo que queremos y que, aun así, hay que levantarse para jugar el partido que queda. Nosotros, desde afuera, solemos medirlo todo con una palabra: ganar.

Los niños también la aprenden muy rápido. El papá pregunta cuánto quedó. El entrenador mira la tabla. Las redes sociales convierten cada derrota en un juicio. Y poco a poco vamos olvidando que el deporte también sirve para aprender a perder. No a resignarse. A perder. No es lo mismo.

Estas muchachas querían jugar la final. No pudieron. Pero entendieron que el torneo no había terminado. Y eso vale muchísimo porque todos queremos llegar. Todos queremos ser los primeros. Todos queremos la foto levantando la copa. Pocos lo consiguen. La vida, como el deporte, consiste muchas veces en descubrir qué hacemos cuando no llegamos.

Ellas encontraron una respuesta: volvieron a la cancha, jugaron por el bronce y terminaron haciendo historia. Tal vez esa sea una de las medallas que más deberíamos enseñarles a nuestros hijos: la que no se cuelga del cuello, sino la que se aprende después de perder.

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