Al preguntarle por Tadej Pogacar, un ciclista del pelotón en el Tour de UAE, en febrero, cuando la temporada apenas comenzaba, respondió: “¡Es un cabrón!”. Ese día, el de Eslovenia desató la furia de sus colegas al apretar el ritmo en la quinta etapa, a casi 150 kilómetros de la meta, en un recorrido totalmente llano y propicio para velocistas. Era la primera carrera del año y el esloveno estaba lejísimos en el primer lugar de la general. Nadie amenazaba su título. Sin embargo, decidió ir a fondo, para buscar la victoria, solo por una apuesta que había hecho con un amigo antes de largar. Si ganaba la etapa, obligaba al otro a hacerse un tatuaje. “Fue un gasto totalmente innecesario”, le recriminaron después de la jornada, pero, al otro día, Pogi volvió a poner el paso del grupo al mismo ritmo de cualquiera de las tres grandes vueltas.
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El arranque de la temporada en el ciclismo mundial, antesala al Giro de Italia que comenzó el viernes, estuvo marcado por las gestas de Pogacar, un fenómeno generacional del deporte mundial. En lo que va de 2025, el del UAE ganó la Strade Bianche, el Tour de Flandes, la Flèche Wallonne y la Lieja-Bastoña-Lieja, dos de ellas monumentos, una hazaña sin precedentes en el ciclismo moderno que solo se podría comparar con las gestas del Caníbal, Eddy Merckx. En la Milán-San Remo quedó tercero y en la París Roubaix fue segundo. Además, fue segundo en la Amstel Gold Race y ganó la clasificación general del UAE Tour, en el que también se impuso en dos etapas.
“Tiene algo en su mentalidad que lo hace superior. Muchos pueden creerse capaces, pero tienen que estar dispuestos a tolerar altos grados de sufrimiento. Él pareciera que no, que lo disfruta. Es como un niño y por eso, para el resto, debe ser tan difícil vencerlo, porque los hombres nunca les podrán ganar a los niños”, le dijo a El Espectador Georgina Ruiz Sandoval, la Goga, en el lanzamiento del cubrimiento del Canal Caracol de las tres grandes vueltas del ciclismo mundial.
Tadej Pogacar no está en la nómina de grandes estrellas que partieron desde Albania para pelear por el título de la Corsa Rosa, pero su sombra está presente. El esloveno no defenderá el título y, no obstante, su figura es de la que todos hablan. El año pasado fue un verdadero vendaval. Le sacó al segundo, Daniel Felipe Martínez, nueve minutos y 56 segundos, para después irse al Tour de Francia y ganar también la ronda gala sin ninguna oposición.
“Este año, a diferencia del pasado, el Giro de Italia no será una carrera al estilo Pogacar. No vamos a ver una competencia hecha para que solo un competidor gane de punta a punta el recorrido. No veo un corredor totalmente dominante. Uno podría hablar de Primoz Roglic, pero no puede descartar a Juan Ayuso. Quiero ver lo que va a hacer Antonio Tiberi con el Bahrein o Einer Rubio con el Movistar. ¿Por qué no pensar que Egan Bernal puede ser importante con Ineos? Esta será una carrera más abierta y, sin Pogacar en el panorama, muchas cosas pueden pasar”, le dijo a este diario Jhon Jaime JJ Osorio, otro de los expertos del equipo de Caracol Sports.
Detrás del abrumador dominio de Tadej Pogacar, el presagio de sus posibles triunfos en el Tour de Francia y la Vuelta a España este año, está la aspiración del ciclismo mundial: la búsqueda del superatleta; pedalistas de otra fibra, de una preparación deportiva nunca antes vista y con capacidades físicas que se escapan a la comprensión. Verdaderas máquinas competitivas creadas para romper todos los paradigmas del deporte.
La era de los superatletas
Según Santiago Botero, exciclista, campeón del mundo y otro de los talentos de Caracol, hoy es imposible hablar de ciclistas. “Estamos en otra era. Ellos ya no son pedalistas, son atletas. Se borraron esas líneas entre los clasicómanos, los vueltómanos y los escaladores. Hoy los corredores son buenos en todas las modalidades y en todos los campos. Vienen desde otros deportes, traen otras éticas de trabajo y formaciones atléticas que les dan otras dimensiones. Analice a los mejores del pelotón: unos vienen del fútbol, del esquí, del patinaje, del MTB, de ciclocrós… Antes no había cabida para pensar que de ahí podía salir un buen ciclista. Hoy, puede venir de cualquier lado y, entonces, eso abre el espectro en cuanto a la captura de talentos en todos los países del mundo”.
Este fenómeno, plantea Botero, responde a una transformación profunda en la forma como se concibe y se prepara a un deportista. Especializarse en un tipo de prueba quedó obsoleto y el modelo dominante mutó hacia uno multidisciplinario. Pogacar encarna ese paradigma y lo impone como estándar. Su explosividad y su dominio en pruebas tan distintas como en Roubaix o Lieja revelan, además de una preparación descomunal, una mentalidad feroz.
El cambio estructural en la formación deportiva ha llevado a una evolución en las metodologías de entrenamiento, la nutrición, el uso de la ciencia de datos y la selección global de talentos. Países sin tradición ciclística ahora detectan y forman atletas desde modelos interdisciplinarios, rompiendo los moldes tradicionales. El sistema ya no produce solo corredores, sino superatletas; cuerpos diseñados para lo imposible y mentes que parecen no conocer el miedo al sufrimiento. “A todo eso súmele que estamos hablando de talentos que, con 25 años, ya son campeones de las tres grandes vueltas. ¿Cuándo habíamos visto eso en la historia? Eso ilusiona a los jóvenes, pero también desmotiva a los que no encuentran esos rendimientos a una edad temprana. Presiona a países como Colombia, que están en otras latitudes y en otros niveles en cuanto a recursos, avances tecnológicos, nutrición y descanso”, explica Botero.
No solo es físico, también juega la cabeza: “Es, en gran parte, físico, pero si hay algo que me impresiona de Tadej Pogacar es su mente. ¿Cuál es el gran rival de su generación? ¡Jonas Vingegaard! Él es otro corredor, atléticamente, fuera del molde. Sin embargo, al compararlos encuentras que uno se lo toma como un juego, una diversión, un goce. Para el otro, es una responsabilidad, una obligación. Uno sonríe en la bicicleta, el otro sufre. Uno quiere ser el foco de todo, el otro quiere estar escondido. Lo de Pogacar no es lo normal; lo normal es lo de Jonas. Lo digo porque yo lo viví. Competir a ese nivel es vivir sufriendo. El que me diga que se divierte tres semanas montado en una bicicleta es un mentiroso. Pero a Pogacar le creería”, afirmó Botero.
A Pogacar hay que entenderlo en su contexto: como un fenómeno único en la historia. Así lo define el expedalista antioqueño: “Es el fenómeno que nos tocó, el que va a definir nuestra era. No me tocó Eddy Merckx, por ejemplo, pero replico lo que oigo de los que lo vivieron. Y era algo similar: ganaba crono, clásicas, vueltas de tres semanas, subiendo, bajando… Tanto, que se creaba una especie de antiafición, un grupo que no quería que ganara, que le hacían fuerza a cualquiera menos a él. Es normal, eso pasa cuando alguien es tan diferente”.
La comparación no es gratuita: aunque de diferentes épocas, ambos comparten una voracidad incontrolable por la victoria, una ambición que no distingue terreno, rivales ni circunstancias. Al belga lo apodaron el Caníbal porque no dejaba escapar ninguna oportunidad de ganar. A Pogacar se le mira con el mismo recelo y admiración. Como Merckx, es capaz de dominar en montaña, contrarreloj, adoquines y esprint. Gana grandes vueltas y monumentos con igual soltura. Su estilo, más sonriente y menos severo que el de la leyenda belga, esconde una mentalidad igual de competitiva, incluso más desconcertante para sus rivales porque mezcla desenfado con brutal eficacia. “No es fácil de explicar, pero esa clase de fenómenos se dan en el deporte. Y con el avance de la ciencia, es más común encontrarlo. Mire que nos tocó la era de Usain Bolt, cuando todos los demás corrían para ser segundos. Vivimos la era de Michael Phelps, que era lo mismo. Analice cada deporte. En la gimnasia, Simone Biles; en el tenis peleaban entre ellos Nadal, Federer y Djokovic. El resto los miraban desde lejos”, explica JJ Osorio, quien, no obstante, al hablar del panorama del ciclismo actual cree que la distancia no la hace solo Tadej Pogacar.
“Nadie niega esa aura de dominio total que lo rodea, pero lo más interesante de esta época es que uno no puede hablar de un solo ciclista total, único y solitario. El esloveno llegó a su gran pico de rendimiento el año pasado porque se llevó el Giro y el Tour, pero tuvo la coincidencia de que sus rivales directos, que eran Remco Evenepoel y Jonas Vingegaard, tuvieron accidentes determinantes. Entonces, cuando llegaron al Tour, venían apenas buscando su punto de forma. Fue coincidencia. De pronto, el Pogacar que vimos el año pasado en las grandes vueltas estaba a un nivel muy superior, pero porque sus rivales directos no estaban en su mejor forma. Este año, particularmente en el Tour, me gustaría ver esa gran batalla de los superatletas. Aspiro a que Jonas Vingegaard y de pronto Remco —no sé si le alcance porque tuvo un accidente este año— puedan disputar la general. El año pasado fue Pogacar y el resto luchaba por el podio”.
Colombia, ¿tan lejos?
Hoy el ritmo del ciclismo es incomparable con el de antes. Se está viendo en este Giro de Italia, en el que, desde la primera etapa, el pelotón ya marchaba como si la carrera se definiera al otro día. “Me impresiona. En mi época no pasaba. Antes había espacio para desconcentrarse. Ahora, durante las seis o siete horas que dura una etapa, en los 21 días, todos los corredores están metidos. Parece que la mentalidad es que solo hay espacio para ganar la carrera”, asegura Botero.
Colombia tiene 13 representantes en ese pelotón mundial que es el World Tour, de los cuales cinco están en este Giro de Italia: Daniel Felipe Martínez, Egan Bernal, Nairo Quintana, Einer Rubio y Brandon Rivera. Hasta hace unos años, los nombres de los colombianos en las grandes vueltas despertaban ilusión en los aficionados del ciclismo. Sin embargo, con el ascenso de los nuevos ciclistas superlativos, la brecha entre los escarabajos y los superatletas empezó a verse demasiado amplia. Hoy no tenemos un corredor que pelee una clasificación general.
Para JJ Osorio, no obstante, la diferencia no es tal: “A muchos se les olvida que Daniel fue segundo el año pasado en esta carrera. Después de Pogacar, el primero entre los mortales. 13 de los nuestros compiten a este nivel. Einer viene dando de qué hablar en grandes vueltas. Santiago Buitrago también, aunque algunas caídas hayan mermado su rendimiento. Y ojo con lo que puedan hacer Nairo y Egan, dos de los campeones del Giro que están en carrera”.
Sin embargo, por otro lado, Santiago Botero sí piensa que Colombia está atascada en el tiempo: “Pensar en el relevo de la generación que tuvimos desde 2008 es muy difícil porque la distancia con los grandes corredores es bastante. Nuestros directivos están todavía en los años 90. Nos quedamos anquilosados en esa época, viviendo de los recuerdos, de las maneras, de las formas de entrenarse. Hay que hacer un cambio importante: actualizarnos, estudiar, capacitarnos en los sitios donde se están manejando esos procesos, con esos corredores que estamos viendo, como Tadej Pogacar. Y una gran parte es el físico, pero la cabeza es fundamental. La presión es tremenda y es lo que trae el deporte de alta competencia. Más en el momento actual; es otro factor determinante en esta época, en la que todo se mide y todo está controlado. Hoy los corredores se están retirando a los 30. Caleb Ewan dijo adiós. Mads Pedersen también está pensando en retirarse joven. Tom Dumoulin ya lo hizo. Los ciclistas no soportan esas presiones. Son muchas cosas y nosotros no estamos pensando en la mayoría de ellas”.
El problema, según JJ Osorio, podría explicarse en la transición de los ciclistas colombianos a Europa. “Estamos lejos organizativamente, de eso no hay duda. El World Tour es otra cosa. El asunto está en el tránsito de Colombia a Europa. Los europeos no hacen una transición tan compleja. Si estás en Francia, España, Inglaterra o Eslovenia, ya estás en el sistema. Nosotros, y ahí incluyo a los ecuatorianos y venezolanos, tenemos que pasar el mar, adaptarnos a las estaciones, la alimentación, la lejanía. Pero además, no corremos clásicas en Colombia ni en América Latina. Hablar de la multidisciplina es mucho más difícil aquí. Esa preparación es imposible de pensar. Muchos brillan en el pelotón nacional, pero van a Europa, están uno o dos años, y no alcanzan a adaptarse. Los equipos europeos ya no esperan. De la nada, aparece un luxemburgués o un italiano de 18 años que ya están listos para el World Tour. Mire el lote de la Vuelta de la Juventud. Uno ve unos corredorazos, pero muchos ya han ido a Europa y se han devuelto. Tenemos el nivel, pero las circunstancias internacionales no permiten que nuestros corredores brillen. No sé si el camino sea que nuestros pedalistas partan antes a Europa y sea allá donde terminen de formarse”.
Ante el panorama global, que parece tan lejano, el ciclismo colombiano se resguarda en la esperanza de que surja un nuevo talento descomunal. Una nueva camada que vaya y compita con esos deportistas superdotados que dominan el ciclismo mundial. O esperar a que estos tiempos de domino absoluto pasen. Aunque, como lo alerta Goga, con el fenómeno Pogacar: “Ese es apenas un niño. Y no sé cuándo va a madurar. Para todos, es mejor verlo gozar, aunque para muchos sea una tortura ver siempre ganar al mismo. ¿Y qué le vamos a hacer? Hay que gozárselo”.
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