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Muchas veces, en Colombia, existe la idea de que el deporte es la salida para todo; se le ve como una ruta de escape frente a cualquier situación, por grande o pequeña que sea. Sin embargo, estos procesos suelen ser aislados y concentrarse únicamente en el entrenamiento físico, en el cuerpo que se prepara para competir.
A diferencia de otros países, como Estados Unidos, donde la mayoría de los deportistas que llegan al profesionalismo han cursado al menos un año de universidad —casos como el de Cooper Flagg, seleccionado número uno del Draft de la NBA 2025 por los Dallas Mavericks tras estudiar y jugar baloncesto universitario en Duke—, en Colombia estos caminos no siempre se cumplen. Aquí, muchos jóvenes atletas se enfocan exclusivamente en el entrenamiento físico, dejando de lado aquello que completa el círculo de un deportista integral.
Pero hay historias que tratan de romper esa lógica. Jóvenes que entendieron que el deporte puede ser una herramienta, pero no la única, y que la formación académica también hace parte del alto rendimiento. Así se cruzan los caminos de Luna Correal, Cristian Gómez y Mahía Arias, tres deportistas —de estratos 1, 2 y 3— que encontraron en el deporte una forma de ordenar la vida y, en la Fundación Nancy Kotal de Cortés, la posibilidad de convertirse cada vez más en deportistas integrales.
Luna Correal se lanzó al agua cuando tenía apenas cuatro años. Al principio fue un juego, como casi todo en la infancia, pero con el tiempo la natación se volvió un espacio de disciplina y de autoconocimiento. Mientras crecía, probó otros deportes, pero cuando llegó el momento de elegir el alto rendimiento, decidió quedarse en la natación. “Para mí la natación se fue convirtiendo en sinónimo de compromiso, pero también en un lugar donde aprendí a ser más empática y a conocerme mejor”, cuenta.
En el agua descubrió una versión de sí misma que no siempre aparece en lo académico o en la vida cotidiana. Hoy, ya graduada de bachillerato, sueña con iniciar sus estudios universitarios sin abandonar el entrenamiento ni la competencia.
Cristian Gómez, futbolista, también empezó probando de todo. A los ocho o nueve años repartía su energía entre la natación, el tenis y el fútbol, a veces el mismo día. Hasta que el deporte rey terminó ganando la disputa. Después de la pandemia, decidió tomarse el fútbol como un proyecto de alto rendimiento. Compitió en torneos nacionales sub-15, sub-17 y sub-20, jugó campeonatos locales y fue campeón de la Liga de Bogotá. Pero para Cristian el deporte nunca fue solo competencia. “Me ayudó a orientar mi energía hacia cosas productivas, a aprovechar mejor mi juventud y a alejarme de muchas cosas que hoy se normalizan en las calles”, explica.
Su historia también habla de liderazgo fuera de la cancha. “Actualmente soy consejero local de juventud y mis metas a futuro son poder graduarme de la universidad e iniciar el proceso de grado. Además, me gustaría ser representante universitario de juventud en mi universidad”, menciona.
Mahía Arias, por su parte, encontró en el paraatletismo una oportunidad. Comenzó motivada por su salud, pasó por las artes marciales y el taekwondo, hasta llegar al atletismo paralímpico —debido a una condición visual—, disciplina en la que halló una mejor estructura y proyección competitiva en Colombia. “Dependiendo de cómo lo tome cada quien, el deporte puede ser una oportunidad para socializar, crecer mental y físicamente o construir un proyecto de vida”, afirma. Para ella, el deporte abrió puertas que antes no estaban a la vista.
Su historia, sin embargo, no es un caso aislado. Al igual que Luna y Cristian, Mahía hace parte de un proceso más amplio impulsado por la Beca Nancy Kotal de Cortés, un programa dirigido a deportistas de alto rendimiento de estratos 1, 2 y 3. La iniciativa ofrece formación integral en 14 niveles de inglés, apoyo en conectividad, préstamo de equipos, talleres de liderazgo y acompañamiento para la postulación a universidades en Colombia y Estados Unidos.
Fabián Cruz, subdirector de Responsabilidad Social del Centro Colombo Americano, lo explica desde la experiencia. “Esta beca nos ha dado la oportunidad de conocer a grandiosos atletas y estudiantes. Es muy interesante ver cómo llegan inicialmente a la beca siendo muy jóvenes y cómo, con el tiempo, crecen no solo físicamente, sino también en temperamento, liderazgo y seguridad gracias al programa”, menciona.
Los deportistas también se construyen en el aula, en los procesos de formación personal y en la posibilidad de imaginar un futuro más amplio. En un contexto como el colombiano, en el que el deporte suele asumirse como la única salida, estas iniciativas proponen otra arista del deporte. Ese espíritu responde al legado de Nancy Kotal de Cortés, cuya apuesta siempre estuvo puesta en el acceso y la equidad.
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